Cuba y Puerto Rico son
de un pájaro las dos alas,
reciben flores o balas
sobre el mismo corazón...
— Lola Rodríguez de Tió
En las Bases del Partido quedó explícito algo que muchos olvidan: su objetivo no era exclusivamente Cuba. Se declaraba con claridad el propósito de “lograr la independencia absoluta de Cuba y fomentar y auxiliar la de Puerto Rico”. Esto no fue un añadido diplomático; fue una convicción estratégica. Martí entendía que las Antillas eran el punto de equilibrio del continente y que si una de ellas quedaba sometida, el proyecto de soberanía regional quedaba incompleto. La libertad de Puerto Rico era, para él, condición de estabilidad para América Latina y barrera frente al creciente poder de Estados Unidos, cuya expansión observaba con lucidez política.
Durante la fundación y consolidación del Partido, Martí sostuvo diálogo y coordinación con figuras fundamentales del independentismo puertorriqueño. Entre ellas destacan Ramón Emeterio Betances, líder del Grito de Lares y defensor de la Confederación Antillana; Eugenio María de Hostos, pensador que concebía la independencia como transformación moral y educativa de los pueblos; y Sotero Figueroa, quien participó activamente dentro de la estructura revolucionaria. En el plano organizativo y estratégico contó con el respaldo de Carlos Baliño, y en el plano militar articuló la dirección con Máximo Gómez y nuevamente con Maceo, consolidando una alianza antillana que trascendía fronteras insulares.
Martí no concebía al Partido como aparato perpetuo de poder. Su función era organizar la guerra, garantizar la unidad y preparar las bases institucionales de una república donde el poder civil prevaleciera sobre el mando militar. La revolución era medio, no destino final. Después de la independencia debía nacer una república “con todos y para el bien de todos”, con equilibrio de poderes, participación ciudadana y soberanía efectiva. Esa misma aspiración proyectaba para Puerto Rico: una nación hermana libre, capaz de decidir su propio destino sin tutela colonial.
Su visión era amplia y geopolítica. Comprendía que Cuba sola sería vulnerable; Puerto Rico sola, también. Pero unas Antillas libres y conscientes de su papel histórico podían constituir un muro de equilibrio en el Caribe. Por eso la inclusión de Puerto Rico en el programa del PRC no fue sentimentalismo, sino cálculo estratégico y convicción moral. Martí entendía que la libertad incompleta es fragilidad, y que la dignidad de una nación hermana fortalece la propia.
En ese diseño antillano estaba la esencia de su pensamiento: independencia con responsabilidad, unidad con diversidad, revolución con república. Y ahí radica la profundidad de su legado cuando se analiza la relación entre Martí, el Partido Revolucionario Cubano y el destino histórico de Puerto Rico.
De la red.
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