
Durante
siglos, la Inquisición española ha sido descrita como una de las
instituciones más sanguinarias de la historia. Hogueras, torturas
masivas, miles de ejecutados. La "Leyenda Negra" construyó una imagen
que se convirtió en sinónimo de barbarie religiosa.
Pero cuando los historiadores abrieron los archivos reales, los números contaron una historia diferente.
Según
el Archivo Histórico Nacional de España, entre 1480 y 1834 —más de tres
siglos de actividad—, la Inquisición procesó a más de 181.000 personas.
De ellas, 3.539 fueron ejecutadas. Eso representa el 1,9% de los
procesados. El 95% de los casos acabaron en absolución o penas menores.
Esto
no significa que la institución fuera justa ni benévola. Las torturas
existieron. El miedo y la delación eran reales. La persecución de
minorías religiosas fue una realidad. Pero los números reales distan
enormemente de las decenas de miles de ejecuciones que a menudo se
citan.
¿De dónde viene entonces la imagen de una Inquisición de masacre sistemática?
En
gran parte, de una campaña de propaganda iniciada en el siglo XVI por
los enemigos de España. En 1567, el Papa Pablo IV emitió una bula hostil
a España. En 1580, circuló un panfleto protestante titulado "El Santo
Oficio". En 1581, Guillermo de Orange difundió activamente la leyenda
negra desde los Países Bajos, en plena guerra contra la corona española.
En 1788, Voltaire acusó a España de barbarie desde París.
Lo que muchos ignoran es que en esa misma época, la Inquisición
francesa, los tribunales civiles ingleses y los procesos de brujería en
Alemania y Suiza ejecutaron a proporciones significativamente mayores de
sus procesados. La Inquisición española fue brutal para sus víctimas.
Pero su reputación histórica fue exagerada sistemáticamente por razones
políticas.
La historia rara vez es tan simple como la pintan.
De la red.
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