Cuando
se le preguntó al escritor ruso Antón Chéjov sobre la naturaleza de las
sociedades fallidas, respondió:
En las sociedades fallidas, hay mil
tontos por cada mente exitosa y mil palabras torpes por cada palabra
consciente. La mayoría siempre sigue siendo tonta y constantemente
domina a lo racional. Si ves temas triviales al frente de las
discusiones en una sociedad y personas triviales ocupan un lugar
central, entonces estás hablando de una sociedad muy fallida. Por
ejemplo, millones de personas bailan y repiten canciones y palabras sin
sentido, y la persona que escribió la canción se vuelve famosa, conocida
y amada. Incluso las personas tienen su propia opinión sobre cuestiones
de la sociedad y la vida. En cuanto a escritores y autores, nadie los
conoce y nadie les da valor ni peso. A la mayoría de la gente le gusta
la mezquindad y el entumecimiento. Alguien que nos droga para hacernos
perder la cabeza, y alguien que nos hace reír con tonterías, es mejor
que alguien que nos despierta a la realidad y nos lastima diciendo la
verdad. Por tanto, la democracia no es adecuada para sociedades
ignorantes, porque la mayoría ignorante decidirá su destino." - Sociología
global
De la red.
En este blog alterno mi música, poemas, reflexiones, y artículos de contenido histórico con trabajos de quienes han sido mis maestros, y todo lo que me apasiona en el mundo de la historia, la espiritualidad y de las bellas artes. Para accesar las publicaciones originales debes escribir mi nombre (Chadys) o iniciales (CP) en la barra de búsqueda del blog.
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lunes, 29 de junio de 2026
PENSANDO EN LA DEMOCRACIA - Antón Chejov
EL VIAJE QUE TODOS HACEMOS

Este es el viaje de la vida humana.
Todos
nacemos sin saber nada, llorando, dependiendo de otros, buscando brazos
que nos protejan. Luego crecemos creyendo que tenemos todo el tiempo
del mundo, que la vida siempre esperará, que las personas estarán ahí
para siempre y que nuestros sueños pueden dejarse para después.
Pero la vida no espera.
Un día eres niño y quieres crecer rápido.
Otro día ya eres adulto y deseas volver a un momento donde todo dolía menos.
Un día tienes fuerza, planes, orgullo y prisa.
Otro día entiendes que no todo se consigue, no todo se conserva y no todos se quedan.
Cada vida humana sigue el mismo viaje, aunque cada historia se vea diferente.
Algunos caminan con lujos.
Otros con heridas.
Algunos con aplausos.
Otros en silencio.
Algunos parecen tenerlo todo, pero por dentro están vacíos.
Otros no tienen casi nada, pero cargan una paz que muchos millonarios envidiarían.
Al final, todos enfrentamos lo mismo:
el
amor, la pérdida, el miedo, la esperanza, los errores, las despedidas,
las decisiones que marcaron nuestro camino y esas preguntas que llegan
cuando la noche pesa más que el día.
La vida no se trata solo de llegar lejos.
Se trata de entender qué hiciste con el tiempo que se te prestó.
A quién amaste.
A quién dañaste.
A quién perdonaste.
Qué dejaste sembrado en el corazón de los demás.
Porque al final del viaje no importará tanto cuánto acumulaste, sino cuánta verdad hubo en tu manera de vivir.
Todos vamos hacia el mismo destino.
La diferencia está en cómo caminamos mientras llegamos.
Vive con menos ego.
Ama con menos miedo.
Perdona antes de que sea tarde.
Y no desperdicies tu vida intentando parecer alguien, cuando lo más profundo es aprender a ser humano.
De la red.
sábado, 27 de junio de 2026
LA LISONJA: CUANDO LA PALABRA SUENA BONITA, PERO EL CORAZÓN ESTÁ TORCIDO

La Biblia no presenta la lisonja como algo inofensivo, sino como una forma sutil de engaño.
Es la alabanza falsa, la adulación interesada que no busca edificar,
sino manipular, obtener ventaja o controlar la voluntad del otro.
Las Escrituras son claras: “la boca lisonjera lleva a la ruina” ( Proverbios 26:28).
¿Qué es la lisonja según la Biblia?
Es una forma de engaño disfrazada de palabras agradables. Aunque suena “bonita”, su intención es peligrosa.
Es engaño con apariencia de bondad La Biblia la relaciona con la mentira y la doblez de corazón (Salmos 12:2).
Tiene un origen “resbaladizo” En el hebreo se asocia con la idea de algo suave, que hace caer sin que la víctima lo note.
Busca
beneficio oculto El lisonjero no habla para edificar, sino para agradar
el ego, manipular decisiones o conseguir ventajas personales.
Advertencias bíblicas
Proverbios 29:5 advierte que quien lisonjea a su prójimo le tiende una red en su camino.
1
Tesalonicenses 2:3-5 muestra el contraste entre el verdadero mensaje de
Dios y la adulación interesada, dejando claro que el evangelio no se
predica para agradar a los hombres.
Reflexión final
No todo el que te habla bonito te habla con verdad.
No toda palabra suave viene de un corazón limpio.
La
Biblia nos llama a discernir, a no dejarnos llevar por la apariencia de
las palabras, y a valorar la verdad aunque no siempre sea cómoda.
Porque al final, la lisonja puede halagar el oído… pero destruye el alma.
De la red.
jueves, 25 de junio de 2026
El conde de Aranda y el rey Carlos III de España
- Gestión del Motín de Esquilache: Tras la revuelta popular de 1766, Carlos III lo nombró presidente del Consejo de Castilla . Aranda restableció el orden y aplicó medidas urbanísticas y de seguridad que cambiaron la fisonomía de Madrid .
- Expulsión de los Jesuitas: Desde su posición de poder, impulsó en 1767 la expulsión de la orden jesuita de España y sus colonias, limitando el excesivo poder político, económico y educativo de la Iglesia y consolidando el control de la Corona .
- Diplomacia y la Independencia de América: Como embajador en París , intervino en el Tratado de Versalles (1783) tras la Guerra de Independencia de los Estados Unidos . Es especialmente célebre su visión geopolítica (el "Memorial de Aranda"), un documento visionario en el que advertía a la Corona española del peligro expansionista de los Estados Unidos y de los riesgos de perder sus colonias americanas . [1, 2, 3]
- Reformismo Ilustrado y Militar: Fomentó la renovación del Ejército, modernizó la administración y apoyó el desarrollo económico y cultural, impulsando instituciones como las Sociedades Económicas de Amigos del País y la creación del Canal Imperial de Aragón .
El rey Carlos III de EspañaEl rey Carlos III de España (reinado de 1759 a 1788) es considerado el máximo exponente del despotismo ilustrado en el país . Su importancia histórica radica en su profunda labor modernizadora, que transformó la economía, el urbanismo, la ciencia y la administración, sentando las bases del Estado contemporáneo.Legado y Reformas Principales- Transformación Urbana: Pasó a la historia como el "mejor alcalde de Madrid". Impulsó obras de salubridad y embellecimiento, como la creación de la Puerta de Alcalá, el Paseo del Prado y la organización del alcantarillado y alumbrado público.
- Impulso a la Ciencia: Acercó a España a la vanguardia de la Ilustración europea. Fundó el Jardín Botánico de Madrid y financió expediciones científicas de gran calado, como la de Alejandro Malaspina.
- Modernización del Estado: Con la ayuda de ministros ilustrados como el Marqués de Esquilache y el Conde de Aranda, redujo los privilegios de la nobleza y la Iglesia. Esto incluyó la histórica expulsión de los jesuitas en 1767 para limitar la influencia papal en la educación y la política interna.
- Desarrollo Económico: Liberalizó el comercio nacional y con las colonias americanas, creó la Lotería Nacional, y fomentó la creación de las Reales Fábricas (como las de paños y porcelanas) para reducir la dependencia de manufacturas extranjeras .
- Identidad Nacional: Durante su mandato, en 1785, se establecieron los colores de la actual bandera de España para identificar y proteger la Armada española.
- De la red.
La advertencia que le hizo el conde de Aranda al rey Carlos III sobre Estados Unidos.

𝗘𝗦𝗣𝗔Ñ𝗔
𝗟𝗢 𝗦𝗔𝗕Í𝗔: 𝗹𝗮 𝗮𝗱𝘃𝗲𝗿𝘁𝗲𝗻𝗰𝗶𝗮 𝗾𝘂𝗲 𝗶𝗴𝗻𝗼𝗿ó
𝗰𝗮𝗿𝗹𝗼𝘀 III 𝘆 𝗰𝗮𝗺𝗯𝗶ó 𝗹𝗮 𝗵𝗶𝘀𝘁𝗼𝗿𝗶𝗮 𝗽𝗮𝗿𝗮
𝘀𝗶𝗲𝗺𝗽𝗿𝗲
𝗘𝗻 𝟭𝟳𝟴𝟯, 𝗺𝗶𝗲𝗻𝘁𝗿𝗮𝘀
𝗹𝗮𝘀 𝘁𝗿𝗲𝗰𝗲 𝗰𝗼𝗹𝗼𝗻𝗶𝗮𝘀 𝗶𝗻𝗴𝗹𝗲𝘀𝗮𝘀 𝗰𝗲𝗹𝗲𝗯𝗿𝗮𝗯𝗮𝗻
𝘀𝘂 𝗶𝗻𝗱𝗲𝗽𝗲𝗻𝗱𝗲𝗻𝗰𝗶𝗮, 𝘂𝗻 𝗲𝘀𝗽𝗮ñ𝗼𝗹 𝘆𝗮 𝗵𝗮𝗯í𝗮
𝘃𝗶𝘀𝘁𝗼 𝗲𝗹 𝗳𝘂𝘁𝘂𝗿𝗼. 𝗬 𝗹𝗼 𝗾𝘂𝗲 𝘃𝗶𝗼 𝗲𝗿𝗮
𝗮𝘁𝗲𝗿𝗿𝗮𝗱𝗼𝗿.
LA PROFECIA
Advirtió
al rey Carlos III que Estados Unidos se convertiría en un gigante
expansionista que terminaría invadiendo y arrebatando los territorios de
España en América.
EL MEMORIAL el documento que predijo el coloso americano
Pedro
Pablo Abarca de Bolea, conde de Aranda, acababa de firmar el Tratado de
París como embajador de España. Pero lejos de celebrar, presentó a
Carlos III un dictamen reservado que helaba la sangre.
Sus
palabras fueron proféticas: “Esta república federativa ha nacido
pigmea… mañana será gigante, conforme vaya consolidando su constitución,
y después un coloso irresistible en aquellas regiones”.
Aranda
lo advirtió con claridad: “Se olvidará de los beneficios que ha
recibido de ambas potencias y no pensará más que en su
engrandecimiento”.
LA PROFECÍA cada palabra se cumplió al pie de la letra
El
conde señaló exactamente por dónde vendría el peligro: “su primer paso
será apoderarse de las Floridas, para dominar el golfo de México”. Y así
ocurrió.
Pero fue más lejos.
Advirtió que Estados Unidos “aspirará a la conquista de aquel vasto
imperio [México], el cual no podremos defender desde Europa contra una
potencia grande, formidable, establecida en aquel continente”.
Hoy,
dos tercios de los territorios de la Nueva España están en manos de
Estados Unidos. Aranda lo vio venir con 200 años de antelación.
EL PLAN la solución que nadie quiso escuchar
Para
frenar el expansionismo norteamericano, Aranda propuso algo
revolucionario: que Carlos III creara tres reinos independientes en
América —México, Perú y Tierra Firme— gobernados por infantes españoles,
funcionando como una Commonwealth hispana.
España conservaría Cuba y Puerto Rico como puertos comerciales. Era una independencia pactada, controlada y estratégica.
Carlos III ignoró el consejo. Carlos IV ni siquiera lo conoció.
¿Y si España hubiera escuchado a aranda?
¿Qué
habría pasado si la corona hubiera aceptado el plan del conde? ¿Se
habría evitado la pérdida de medio continente? ¿Sería Hispanoamérica hoy
una confederación de reinos hispanos en lugar de una colección de
repúblicas divididas?
La historia la escriben quienes toman decisiones. Y a veces, ignorar a un visionario cuesta un imperio.
Resumen oficial:
En su memoria, Aranda (Pedro Pablo Abarca de Bolea) vaticinó que la joven nación federal olvidaría los beneficios recibidos . Escribió que crecería hasta convertirse en un "coloso temible" y que su primer paso sería apoderarse de las Floridas y dominar el Golfo de México para amenazar el extenso imperio de la Nueva España . La historia confirmó esta predicción, ya que Estados Unidos terminó expandiéndose por el continente y adquiriendo dichos territorios.
Para evitar la destrucción del imperio español frente a esta nueva amenaza, el diplomático aragonés propuso una reestructuración radical :
- Reorganización: Sugirió que España debía renunciar al dominio directo de sus territorios continentales en América .
- Creación de reinos: Proponía crear tres monarquías independientes: una en México, otra en el Perú y una tercera en Costa Firme (Nueva Granada) .
- Alianzas: Los hijos de la familia real española (infantes) gobernarían estos nuevos reinos y el rey de España adoptaría el título de Emperador, estableciendo un bloque de alianza hispánica para frenar el avance estadounidense .
- Puntos clave: España solo mantendría el control directo de unas pocas islas, tales como Cuba y Puerto Rico, para garantizar el comercio y el tránsito .
Es importante mencionar que, aunque el documento goza de enorme fama y es frecuentemente citado por historiadores y analistas, destacados especialistas han determinado que la versión más detallada y conocida de este "Memorial secreto" es en realidad una falsificación publicada en el siglo XIX . No obstante, refleja fielmente los intensos debates geopolíticos de la época sobre la independencia de las Trece Colonias.
Adjuntamos el Dictamen del conde de Aranda al rey Carlos III:
1783 Dictamen reservado que el Excelentísimo Señor Conde de Aranda dio al Rey Carlos III sobre la independencia de las colonias inglesas después de haber hecho el tratado de paz ajustado en París |
|
Señor: El amor que profeso a Vuestra Majestad, el justo reconocimiento a las honras con que me ha distinguido y el afecto que tengo a mi Patria me mueven a manifestar a la soberana atención de Vuestra Majestad un pensamiento que juzgo del mayor interés en las circunstancias presentes... Las colonias americanas han quedado independientes; este es mi dolor y recelo... Esta República Federativa ha nacido, digámoslo así, pigmea, porque la han formado y dado el ser dos potencias como son España y Francia, auxiliándola con sus fuerzas para hacerla independiente. Mañana será gigante, conforme vaya consolidando su constitución y después un coloso irresistible en aquellas regiones. En este estado se olvidará de los beneficios que ha recibido de ambas potencias y no pensará más que en su engrandecimiento... La libertad de religión, la facilidad de establecer las gentes en términos inmensos y las ventajas que ofrece aquel nuevo gobierno, llamarán a labradores y artesanos de todas las naciones, porque el hombre va donde piensa mejorar de fortuna y dentro de pocos años veremos con el mayor sentimiento levantado el coloso que he indicado. Engrandecida dicha potencia angloamericana debemos creer que sus miras primeras se dirijan a la posesión entera de las Floridas para dominar el seno mexicano. Dado este paso, no sólo nos interrumpirá el comercio con México siempre que quiera, sino que aspirará a la conquista de aquel vasto imperio, el cual no podremos defender desde Europa contra una potencia grande, formidable, establecida en aquel continente y confinante con dicho país... Después de las más prolijas reflexiones que me han dictado mis conocimientos políticos y militares y del más detenido examen sobre una materia tan importante, juzgo que el único medio de evitar tan grave pérdida, y tal vez otras mayores es el que contiene el plan siguiente: Que Vuestra Majestad se desprenda de todas las posesiones del continente de América, quedándose únicamente con las Islas de Cuba y Puerto Rico en la parte septentrional y algunas que más convengan en la meridional con el fin de que ellas sirvan de escala o depósito para el comercio español. Para verificar este vasto pensamiento de un modo conveniente a la España se deben colocar tres infantes en América: el uno del rey de México, el otro del Perú y el otro de los restantes de Tierra Firme, tomando Vuestra Majestad el título de Emperador. Las condiciones de esta grande cesión pueden consistir en que los tres soberanos y sus sucesores reconocerán a Vuestra Majestad y a los príncipes que en adelante ocupen el trono español por suprema cabeza de la familia. Que el rey de Nueva España le pague anualmente, por la cesión de aquel reino, una contribución de los marcos de la plata en pasta o barras para acuñarlo en moneda en las casas de Madrid y Sevilla. Que el del Perú haga lo mismo con el oro de sus dominios, y que el de Tierra Firme envíe cada año su contribución en efectos coloniales, especialmente tabaco para surtir los estancos reales de estos reinos. Que dichos soberanos y sus hijos casen siempre con infantes de España o de su familia y las de aquí con príncipes o infantes de allá, para que de este modo subsista siempre una unión indisoluble entre las cuatro coronas, debiendo todos jurar estas condiciones a su advenimiento al trono. Que las cuatro naciones se consideren como una en cuanto a comercio recíproco, subsistiendo perpetuamente entre ellas la más estrecha alianza ofensiva para su conservación y fomento. Que no pudiendo nosotros surtir aquellas colonias de los artefactos que necesitan para su uso sea la Francia, nuestra aliada, la que provea de cuantos artículos no podamos nosotros suministrarlas, con exclusión absoluta de la Inglaterra, a cuyo fin apenas los tres soberanos tomen posesión de sus reinos, harán tratados formales de comercio con la España y Francia, excluyendo a los ingleses y, como serán potencias nuevas, puedan hacer en esta parte lo que libremente les acomode. Las ventajas de este plan son que la España, con la contribución de los tres reyes del Nuevo Mundo, sacará mucho más producto líquido que ahora de aquellas posesiones; que la población del reino se aumentará sin la emigración continua de gentes que pasan a aquellos dominios; que establecidos y unidos estrechamente estos tres reinos, bajo las bases que he indicado, no habrá fuerzas en Europa que puedan contrarrestar su poder en aquellas regiones, ni tampoco el de España y Francia en este continente; que además, se hallarán en disposición de contener el engrandecimiento de las colonias americanas o de cualquiera nueva potencia que quiera erigirse en aquella parte del mundo; que España, por medio de este tráfico, despachará bien el sobrante de sus efectos y adquirirá los coloniales que necesite para su consumo; que en este tráfico podrá aumentar considerablemente su marina mercante y por consiguiente la de guerra para hacerse respetar en todos los mares; que con las islas que he dicho no necesitamos más posesiones, fomentándolas y poniéndolas en el mejor estado de defensa y, sobre todo, disfrutaremos de todos los beneficios que producen las Américas sin los gravámenes de su posesión. Esta es la idea por mayor que he formado de este delicado negocio. Si mereciese la soberana aprobación de Vuestra Majestad la extenderé, explicando el modo de verificarla con el secreto y precauciones debidas, para que no lo trasluzca la Inglaterra hasta que los tres infantes estén en camino, más cerca de América que de Europa, para que no puedan impedirlo. ¡Qué golpe terrible para el orgullo inglés! Pero esto no importa, porque se pueden tomar providencias anticipadas que precavan los efectos de resentimientos. Señor: mi amor por la persona augusta de V. M., el reconocimiento que le debo por tantas bondades con que ha querido honrarme, y el amor que tengo á mi país, me obligan á comunicar á V. M. una idea á la que doy la mayor importancia en las presentes circunstancias. Acabo de hacer y de firmar, en virtud de las órdenes y poderes de V. M., un tratado de paz con la Inglaterra. Esta negociación que segán los testimonios lisonjeros, verbales y por escrito que de parte de V. M. he recibido, me ha dado motivo para creer haberlo desempeñado conforme á sus reales intenciones, ha dejado en mi alma, lo confieso á V .M., un sentimiento penoso. La independencia de las colonias inglesas ha sido reconocida y esto mismo es para mí un motivo de dolor y de temor. La Francia tiene pocas posesiones en América, pero hubiera debido considerar que la España, su íntima aliada, tiene muchas, que quedan desde hoy expuestas á terribles convulsiones. Desde el principio, la Francia ha obrado contra sus verdaderos intereses, estimulando y favoreciendo esta independencia; muchas veces lo he declarado así á los ministros de esta nación. ¿Qué cosa mejor podía desear la Francia que el ver destruirse mutuamente á los ingleses y á sus colonos, en una guerra de partidos, la cual no podía menos que auméntar su poder y favorecer sus intereses? La antipatía que reina entre la Francia y la Inglaterra cegó al gabinete francés: olvidó que sus intereses consistían en permanecer tranquilo espectador de esta lucha, y una vez lanzado en la arena nos arrastró desgraciadamente consigo en virtud del pacto de familia, á una guerra enteramente contraria á nuestra propia causa. No me detendré ahora á examinar la opinión de algunos hombres de Estado, así nacionales como extranjeros, con cuyas ideas me hallo conforme sobre la dificultad de conservar nuestra dominación en América. Jamás posesiones tan extensas y colocadas á tan grandes distancias de la metrópoli se han podido conservar por mucho tiempo. A esta dificultad, que comprende á todas las colonias, debemos añadir otras especiales que militan contra las posesiones españolas de Ultramar, á saber: la dificultad de socorrerlas cuando puedan tener necesidad; las vejaciones de algunos de los gobernadores contra los desgraciados habitantes; la distancia de la autoridad suprema á la que tienen necesidad de ocurrir para que se atiendan sus quejas, lo que hace que se pasen años enteros antes que se haga justicia á sus reclamaciones; las vejaciones á que quedan expuestos de parte de las autoridades locales en este intermedio; la dificultad de conocer bien la verdad á tanta distancia; por último, los medios que á los vireyes y capitanes generales, en su calidad de españoles, no pueden faltar para obtener declaraciones favorables en España. Todas estas circunstancias no pueden dejar de hacer descontentos entre los habitantes de la América, y obligarlos á esforzarse para obtener la independencia, tan luego como se les presente la ocasión. Sin entrar, pues, en ninguna de estas consideraciones, me limitaré ahora á la que nos ocupa sobre el temor de vernos expuestos á los peligros que nos amenazan de parte de la nueva potencia que acabamos de reconocer, en un país en que no existe ninguna otra en estado de contener sus progresos. Esta República federal ha nacido pigmea, por decirlo así, y ha tenido necesidad de apoyo y de las fuerzas de dos potencias tan poderosas como la España y la Francia, para conseguir su independencia. Vendrá un día en que será un gigante, un coloso temible en esas comarcas. Olvidará entonces los beneficios que ha recibido de las dos potencias, y no pensará más que en su engrandecimiento. La libertad de conciencia, la facilidad de establecer nuevas poblaciones sobre inmensos terrenos, así como las ventajas con que brinda el nuevo gobierno, atraerán agricultores y artesanos de todas las naciones, porque los hombres corren siempre tras la fortuna, y dentro de algunos años veremos con mucho dolor la existencia amenazadora del coloso de que hablo. El paso primero de esta potencia, cuando haya llegado á engrandecerse, será apoderarse de las Floridas para dominar el Golfo de México. Después de habernos hecho de este modo dificultoso el comercio con la Nueva España, aspirará á la conquista de este vasto imperio, que no nos será posible defender contra una potencia formidable, establecida sobre el mismo continente, y á más de eso limítrofe. Estos temores son muy fundados, señor, y deben realizarse dentro de pocos años, si acaso antes no acontecen algunos trastornos todavía más funestos en nuestras Américas. Este modo de ver las cosas está justificado por lo que ha acontecido en todos los siglos y en todas las naciones que han comenzado á levantarse. El hombre es el mismo en todas partes: la diferencia de los climas no cambia la naturaleza de nuestros sentimientos: el que encuentra una ocasión de adquirir poder y de engrandecerse, se aprovecha de ella. ¿Cómo podremos, pues, nosotros esperar que los americanos respeten el reino de la Nueva España, cuando tengan facilidad de apoderarse de este rico y hermoso país? Una sabia política nos aconseja tomar precauciones contra los males que puedan sobrevenir. Este pensamiento ocupó toda mi atención, después de que como ministro plenipotenciario de V. M., y conforme á su real voluntad y á sus instrucciones, firmé la paz de París. Consideré este importante asunto con toda la atención de que soy capaz, y después de muchas reflexiones debidas á los conocimientos así militares como políticos que he podido adquirir en mi larga carrera, creo que no nos queda, para evitar las grandes pérdidas de que estamos amenazados, más que adoptar el medio que tengo el honor de proponer á V. M. V. M. debe deshacerse de todas las posesiones que tiene sobre el continente de las dos Américas, conservando solamente las islas de Cuba y Puerto Rico en la parte septentrional, y alguna otra que pueda convenir en la parte meridional, con el objeto de que pueda servirnos de escala de depósito para el comercio español. A fin de llevar á efecto este gran pensamiento de una manera conveniente á la España, se deben colocar sus infantes en América: el uno como rey de México; otro, rey del Perú, y el tercero, de la Costa Firme. V. M. tomará el título de Emperador. Las condiciones de esta grande cesión, deberán ser que V. M., y los príncipes que ocuparán el trono español, en clase de sucesores de V. M., sean siempre reconocidos por los nuevos reyes, como jefes supremos de la familia: que el rey de Nueva España pague cada año, en reconocimiento por la cesión del reino, una renta anual en marcos de plata, que deberá remitirse en barras para hacerlas amonedar en Madrid ó en Sevilla. El rey del Perá deberá hacer lo mismo en cuanto al oro, producto de sus posesiones. El de la Costa Firme enviará cada afeo su contribución en efectos coloniales, sobre todo, en tabaco, para proveer los almacenes del reino. Estos soberanos y sus hijos, deberán siempre casarse con los infantes de España á de su familia. A su vez los príncipes españoles se casarán con las princesas de los reinos de Ultramar. Así se establecerá una unión íntima entre las cuatro coronas; y al advenimiento á su trono, cada uno de estos soberanos deberá hacer el juramento solemne de llevará efecto estas condiciones. En cuanto al comercio, deberá hacerse bajo el pie de la mayor reciprocidad. Las cuatro naciones deberán considerarse como unidas por la alianza más estrecha, ofensiva y defensiva, para su conservación y prosperidad. No hallándose nuestras fábricas en estado de proveerá la América de todos los objetos manufacturados, de que podría necesitar, será preciso que la Francia, nuestra aliada, le ministrase todos los artículos que estuviésemos en imposibilidad de enviarle, con exclusión absoluta de la Inglaterra. A este efecto, los tres soberanos, al subirá sus respectivos tronos, harán tratados formales de comercio con la España y la Francia sin establecer jamás relaciones algunas con los ingleses. Por lo demás, copio dueños y soberanos de Estados nuevos, podrían hacer lo que más les conviniese. De la ejecución de este plan, resultarían grandísimas ventajas. La contribución de los tres reyes del Nuevo Mundo importaría más á la España que la plata que hoy saca de América. La población aumentaría, pues cesaría la emigración continua que hoy se nota en esas posesiones. Ni el poder de los tres reinos de América, una vez ligados por las obligaciones que se han propuesto, ni el de la España y Francia en nuestro continente podrían ser contrarrestados en aquellos países por ninguna potencia de Europa. Se podría evitar también el engrandecimiento de las colonias anglo-americanas, ó de cualquiera otra potencia que quisiese establecerse en esa parte del mundo. En virtud de esta unión con los nuevos reinos, el comercio de España cambiaría las producciones nacionales con los efectos coloniales de que pudiésemos tener necesidad para nuestro consumo. Por este medio nuestra marina mercante se aumentaría y la marina militar se liaría respetar sobre todos los mares. Las islas que he nombrado anteriormente, administrándolos bien y poniéndolas en buen estado de defensa, nos bastarían para nuestro comercio, sin tener necesidad de otras posesiones; en fin, gozaríamos de todas las ventajas que nos da la posesión de la América, sin tener que sufrir ninguno de sus Inconvenientes. Tales son, señor, mis ideas sobre este negocio delicado: si ellas merecen la aprobación de V. M., entraré más detenidamente á detallar sus pormenores; explicaré el modo de ponerlas en práctica, con el secreto y precauciones convenientes, de manera que la Inglaterra no sepa nada, sino cuando los tres infantes estén en camino, más cerca de América que de Europa, y cuando ya no pueda oponerse. Este golpe sería terrible para esa orgullosa rival, y prepararíamos con anticipación las medidas que se deben tomar, para ponernos á cubierto de los efectos de su cólera. Preciso es, para asegurar la ejecución de este plan, contar con la Francia, nuestra íntima aliada, que se prestará gustosa, viendo las ventajas que deben resultarle del establecimiento de su familia sobre los tronos del Nuevo Mundo, así como la protección especial de su comercio en todo ese hemisferio, con exclusión de la Inglaterra, su implacable rival. Hace poco tiempo que llegué de París, habiendo obtenido una licencia temporal, para atender á mis asuntos personales. Si V. M. lo tiene á bien volveré á continuar mi embajada, diciendo que mis negocios se han concluido. Gozo de una consideración sin límites en esa capital; el rey y la reina me honran con su afecto, y he observado bien y de cerca á sus ministros. No sé si me equivoco, pero espero hacerles aceptar el proyecto propuesto, y conducir su ejecución con el secreto y prudencia convenientes. V. M. puede contar conmigo para las ocurrencias ulteriores de este proyecto, de la manera que agrade á V. M., porque el que ha concebido una idea, es más propio para ejecutarla que cualquiera otro. V. M. conoce mi celo y mi fidelidad; ninguno de los asuntos que me ha confiado ha salido mal; tengo seguridad de que éste tendrá buen éxito, si he de juzgar por el deseo inalterable que tengo de consagrar mi reposo, mis intereses y mi vida en servicio de mi patria.» |
https://www.memoriapoliticademexico.org/Textos/1Independencia/Imag/HistoriaSucintadelamarcha.pdf
Para consultar:
https://archivos.juridicas.unam.mx/www/bjv/libros/8/3637/3.pdf
Libro dedicado al tema:
https://www.scribd.com/document/282426073/Memorial-del-conde-de-Arana
De la red.
El primer partido de baloncesto (1891)

En
diciembre de 1891, el profesor James Naismith clavó dos canastas de
duraznos en los balcones de un gimnasio en Massachusetts. Tenía un
problema urgente: sus alumnos estaban atrapados por el gélido invierno y
la energía acumulada amenazaba con destruir el orden del campus.
Necesitaba un juego bajo techo que fuera rápido y que no requiriera la
fuerza bruta del rugby o el fútbol americano. Redactó trece reglas
básicas, lanzó una pelota de fútbol hacia el aire y dio inicio al primer
partido de baloncesto de la historia. Lo que Naismith imaginó como un
pacífico ejercicio de destreza se transformó de inmediato en una
carnicería total.
El reglamento
inicial tenía un vacío legal gigantesco: no prohibía el contacto físico
salvaje. Cuando los dieciocho estudiantes se disputaron el balón, los
instintos más primitivos salieron a la luz. Al no poder correr con la
pelota en las manos, los jóvenes optaron por neutralizar a los rivales a
golpes. En pocos minutos, el gimnasio de Springfield se convirtió en un
campo de batalla. Los jugadores se tacleaban, se pateaban en el suelo y
se daban puñetazos directos al rostro. El saldo de aquel histórico
debut fue aterrador: un hombro dislocado, un estudiante inconsciente
tras recibir un golpe seco y varios ojos morados que tardarían semanas
en sanar. El propio Naismith confesó más tarde en sus diarios que
aquello había sido una auténtica matanza. El marcador final reflejó el
caos absoluto: un humillante uno a cero.
A
pesar de la sangre y el dolor, el juego resultó ser adictivo. Los
alumnos rogaron por volver a jugar al día siguiente. Naismith entendió
que el invento tenía un potencial enorme, pero requería control
inmediato. Modificó las reglas para sancionar los empujones y obligó a
botar el balón para avanzar. Cada partido era un espectáculo logístico:
cada vez que alguien encestaba, un conserje debía subir con una escalera
de mano para recuperar la pelota de la canasta cerrada. Hoy, ese
violento experimento es una industria de miles de millones de dólares.
Detrás de los lujos de la NBA, se esconde un origen salvaje.
De la red.
"Si pones al Gobierno a cargo del desierto del Sahara, en cinco años habrá escasez de arena."

¿Qué pasa cuando una institución recibe poder sobre algo... pero no tiene los incentivos correctos para cuidarlo?
Muchas personas creen que un problema siempre se soluciona agregando más control.
Más reglas.
Más autoridad.
Más personas tomando decisiones.
Pero existe una pregunta que pocas veces se hace:
¿Quién controla a quienes tienen el control?
Milton Friedman fue conocido por sus críticas a la ineficiencia de ciertas formas de administración pública.
La frase atribuida a él utiliza una exageración para señalar una idea:
cuando una organización no enfrenta consecuencias claras por sus errores,
puede terminar tomando decisiones alejadas de la realidad.
Porque en muchos sistemas,
quien administra algo no siempre siente directamente el costo de hacerlo mal.
Puede haber burocracia.
Falta de responsabilidad.
Procesos lentos.
Y decisiones tomadas sin entender las necesidades reales de las personas.
Lo curioso es que el problema no siempre es la intención.
Muchas personas entran a una institución queriendo hacer las cosas bien.
Pero un sistema mal diseñado puede producir malos resultados incluso con buenas personas.
Por eso, más que preguntar solamente:
"¿Quién tiene el poder?"
también deberíamos preguntar:
"¿Qué límites tiene?"
"¿Cómo se mide su desempeño?"
"¿Quién responde cuando falla?"
Porque cualquier estructura, pública o privada, necesita responsabilidad para funcionar.
Al final, el poder sin consecuencias puede convertirse en un problema...
pero el poder acompañado de transparencia, límites y rendición de cuentas puede convertirse en una herramienta para construir. ![]()
Como decía Milton Friedman:
"Si pones al Gobierno a cargo del desierto del Sahara, en cinco años habrá escasez de arena."
De la red.
martes, 23 de junio de 2026
Una sobre planes, sueños y metas.

Existe una costumbre que muchas personas consideran inofensiva.
Contarle a todo el mundo lo que van a hacer.
Sus proyectos.
Sus sueños.
Sus metas.
Sus próximos movimientos.
Y aunque compartir ideas no tiene nada de malo, Sun Tzu probablemente haría una observación incómoda.
No todo plan necesita una audiencia.
Porque cuanto más hablas de tus objetivos, más te expones.
A la crítica.
A la envidia.
A la distracción.
Y, en ocasiones, a personas que utilizarán tu propia información en tu contra.
Lo curioso es que muchos anuncian grandes cambios.
Hablan de negocios.
Hablan de éxito.
Hablan de disciplina.
Pero rara vez actúan con la misma intensidad con la que hablan.
Y aquí aparece una ironía interesante.
Algunas personas pasan tanto tiempo explicando sus planes que olvidan ejecutarlos.
Sun Tzu entendía que la estrategia requiere discreción.
No porque debas desconfiar de todos.
Sino porque las acciones siempre tienen más poder que las palabras.
En la historia, los mejores estrategas no eran quienes más hablaban.
Eran quienes sorprendían.
Quienes se preparaban en silencio.
Quienes dejaban que los resultados hablaran por ellos.
Esto no significa vivir aislado.
Significa ser selectivo.
Elegir cuidadosamente con quién compartes tus metas.
Porque no todas las personas desean verte crecer.
Y no todas comprenderán el camino que has elegido.
Quizá la pregunta más importante sea esta:
¿Estás dedicando más energía a hablar de tus sueños... o a construirlos?
Porque el mundo está lleno de personas con grandes planes.
Pero la historia recuerda a quienes los ejecutaron.
De la red.
Un ángel llamado Isabel Clemente.
Una fotografía que muchos le aconsejaron ocultar terminó cambiando la vida de la niña que aparecía en ella.
En
1958, durante la celebración del Corpus en Sant Boi de Llobregat, el
fotógrafo Ricard Terré observó a un grupo de niñas vestidas para recibir
la primera comunión.
Entre ellas estaba Isabel Clemente.
Llevaba
un vestido blanco y sostenía unas flores cuyos tallos estaban envueltos
en papel de aluminio. Mientras las demás niñas aparecían de espaldas,
ella miraba directamente hacia la cámara.
Isabel tenía un estrabismo muy visible.
Terré
tomó la fotografía y decidió incluirla al año siguiente en una
exposición realizada junto a Xavier Miserachs y Ramón Masats en la Sala
Aixelà de Barcelona.
Sus compañeros intentaron disuadirlo.
Temían
que el público creyera que estaba aprovechándose de la condición de una
niña para provocar una reacción. Pero Terré veía algo completamente
distinto.
Para él, Isabel no era “la niña bizca”.
Era un ángel vestido de primera comunión.
Durante
la inauguración, un hombre se acercó al fotógrafo. Se presentó como el
doctor Pascual y le explicó que la imagen lo había conmovido. También le
pidió que fotografiara la primera comunión de su ahijada.
Cuando preguntó cuánto costaría el trabajo, Terré respondió de inmediato:
La operación de Isabel.
El médico aceptó. Conocía a un reconocido cirujano oftalmólogo de Barcelona dispuesto a realizar la intervención.
Solo existía un problema.
Terré no sabía quién era la niña ni dónde vivía.
Imprimió
varias copias de la fotografía y las distribuyó por los colegios de
Sant Boi hasta que alguien logró reconocerla. Isabel era hija de una
familia de origen extremeño que había emigrado a Cataluña.
Sus padres fueron localizados y conocieron a los médicos.
Terré cumplió su parte del acuerdo fotografiando la comunión de la ahijada del doctor, e Isabel pudo ser operada.
Meses después, mientras el fotógrafo visitaba la casa de sus padres en Barcelona, llamaron a la puerta.
Allí estaba Isabel.
Había
vuelto a ponerse el vestido de primera comunión y sus ojos ya estaban
alineados. Sus padres la acompañaban y la niña llevaba un pollo vivo
como regalo de agradecimiento.
Terré
comprendió que tenía delante otra fotografía extraordinaria, pero
decidió no tomarla. Años después explicó que no lo hizo por pudor.
Solo realizó un pequeño retrato de su rostro para conservar el recuerdo de cómo había quedado.
Nunca volvió a verla.
La
primera imagen de Isabel se convirtió en una de las obras más
reconocidas de Ricard Terré. Pero su verdadero valor no quedó limitado a
una exposición o a la historia de la fotografía española.
Una cámara encontró a una niña entre la multitud.
Una exposición permitió que un médico la viera.
Y
una fotografía que algunos consideraban demasiado incómoda terminó
abriendo el camino para que Isabel recibiera la atención que necesitaba.
De la red.
domingo, 14 de junio de 2026
NO TODO SE RESUELVE CON BONDAD