
Liberó
cinco países. Recorrió veinte mil kilómetros a caballo en veinte años
de guerras. Y los países que liberó lo expulsaron, lo traicionaron y lo
dejaron morir solo a los 47 años.
Simón
Bolívar nació en Caracas en 1783, en el seno de una familia criolla de
la élite colonial venezolana. Tenía todo para vivir cómodamente bajo el
dominio español. Eligió otro camino.
Viajó
a Europa, conoció las ideas de la Ilustración, visitó Roma y prometió
sobre el monte Sacro que no descansaría hasta liberar a América del Sur
del yugo español. Era un joven de veintitrés años. Tardó veinte años en
cumplir su promesa — pero la cumplió.
Colombia,
Venezuela, Ecuador, Perú, Bolivia. Cinco países que existen hoy gracias
a las campañas militares de Bolívar y sus generales. La Gran Colombia,
la gran federación que soñó crear, unificando toda América del Sur en un
solo estado.
Y entonces comenzó la traición.
Los
mismos líderes criollos que habían combatido junto a Bolívar empezaron a
ver en él un obstáculo para sus propios proyectos de poder. Venezuela
se separó de la Gran Colombia en 1829. Ecuador siguió. Perú y Bolivia
rompieron relaciones.
En 1828, un
intento de golpe de Estado en Bogotá estuvo a punto de costarle la
vida. Solo la intervención de su amante, Manuela Sáenz, que lo despertó y
le abrió la ventana para que huyera, salvó al Libertador.
Lo que muchos ignoran: en sus últimas semanas de vida, Bolívar escribió
una carta a un amigo en la que decía: "He arado en el mar." Creía que
todo lo que había construido se desmoronaría. Tenía razón — la Gran
Colombia se disolvió definitivamente en 1831, un año después de su
muerte.
Murió en Santa Marta en diciembre de 1830, solo y enfermo de tuberculosis, a los 47 años.
De la red.
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