Hay una fuerza que mueve montañas.
No es el talento.
No es el dinero.
No es la suerte.
Es la intención.
La decisión fría, firme e inquebrantable
de que esto va a pasar.
Cuando alguien decide ganar de verdad…
no con palabras,
no con deseos,
sino con toda su voluntad apuntando en una sola dirección…
el universo entero empieza a moverse.
Porque esa persona ya no espera.
Ya no pide permiso.
Ya no busca garantías.
Sabe que no hay segunda vuelta.
Sabe que no hay ensayo general.
Sabe que esta vida,
esta única vida que tiene…
no se vive a medias.
Es aquí.
Y ahora.
Cueste lo que cueste.
Con todo en contra o con todo a favor.
Sangrando si es necesario…
pero sin parar.
Porque el precio de no intentarlo
siempre será más alto
que el precio de caer.
Y quien entiende eso…
ya ganó antes de empezar.
De la red.
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