
La
Guerra de Castas de Yucatán duró 54 años, mató a cerca de un cuarto de
millón de personas, casi borró del mapa a la población blanca de toda la
península, generó un Estado maya independiente que funcionó durante
casi cincuenta años en lo que hoy es Quintana Roo, y los libros de texto
mexicanos la despachan en dos párrafos como si fuera una nota de color.
En julio de 1847, los mayas de Yucatán llevaban trescientos años
acumulando agravios: sus tierras comunales habían sido absorbidas por
haciendas que se expandían, eran obligados a pagar cuotas a la Iglesia
por cada bautizo y cada misa, trabajaban como peones endeudados en
tiendas de raya de las que nunca podían salir, no tenían derechos como
ciudadanos aunque su pueblo hubiera construido toda la civilización de
la región, y encima de todo los políticos yucatecos los habían armado,
entrenado y mandado a pelear sus guerras internas entre Mérida y
Campeche, y luego Santa Anna los había mandado a morir en Texas.
Cuando
los caciques mayas Manuel Antonio Ay, Cecilio Chi y Jacinto Pat se
organizaron en la hacienda Culumpich y el gobierno yucateco detectó la
conspiración y arrestó y ejecutó a Ay en la plaza de Valladolid, Cecilio
Chi respondió atacando Tepich el 30 de julio de 1847 con una orden de
matar a todos los blancos. En meses, la rebelión había tomado dos
tercios de Yucatán. Para la primavera de 1848, el ejército maya estaba a
las puertas de Mérida y el gobernador Miguel Barbachano había preparado
un decreto de evacuación de la ciudad. Lo que salvó a Mérida no fue el
ejército mexicano, que estaba en el norte perdiendo contra Estados
Unidos, ni la valentía de sus defensores: fueron las hormigas voladoras,
que en la cultura maya señalan el inicio de las lluvias y el momento de
sembrar.
Los jefes mayas detuvieron el avance y regresaron a sus milpas
porque si no lo hacían, no habría cosecha y sus propias familias
morirían de hambre. Mientras los mayas sembraban, Yucatán pidió socorro a
quien se lo quisiera dar: a España, a Inglaterra, al gobierno de
México. El único que respondió fue México, que envió 50,000 fusiles y
dinero a cambio de que Yucatán regresara a la federación después de
haberse declarado república independiente. Cuando la presión militar
aumentó en 1850, el líder mestizo José María Barrera encontró una
pequeña cruz tallada en un árbol de caoba cerca de un cenote en la selva
del oriente. Declaró que era un milagro, que la cruz había hablado y
les ordenaba seguir luchando. Fundó un santuario y una ciudad: Chan
Santa Cruz, "el gran pueblo de la Santa Cruz," hoy Felipe Carrillo
Puerto, Quintana Roo.
La Cruz Parlante se convirtió en el líder
espiritual y militar de la rebelión: sus intérpretes dictaban estrategia
en su nombre y los mayas que la seguían se llamaron a sí mismos los
Cruzoob, "los de la cruz." Desde Chan Santa Cruz, los mayas construyeron
un Estado paralelo con gobierno propio, ejército, sistema jurídico y
relaciones diplomáticas con el Reino Unido, que los reconoció porque
hacían negocios muy rentables de palo de tinte con British Honduras, hoy
Belice. Entre 1853 y 1899, los Cruzoob lanzaron 51 ataques armados
contra poblaciones yucatecas.
No fue hasta 1901 que el general Ignacio
Bravo y el ejército de Porfirio Díaz entraron a Chan Santa Cruz y no
dispararon un solo tiro porque los mayas habían huido hacia la selva y
fundado nuevas aldeas donde el Estado mexicano no podía llegar. En 2021,
los gobiernos de México y Guatemala pidieron perdón al pueblo maya por
la guerra. La ironía perfecta es que el estado que se creó para ocupar
el territorio que los mayas habían controlado durante medio siglo se
llama Quintana Roo, y su capital es Felipe Carrillo Puerto, que es el
nombre que hoy tiene Chan Santa Cruz.
De la red.
En este blog alterno mi música, poemas, reflexiones, y artículos de contenido histórico con trabajos de quienes han sido mis maestros, y todo lo que me apasiona en el mundo de la historia, la espiritualidad y de las bellas artes.
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sábado, 18 de abril de 2026
Los Mayas y la Guerra de Castas de Yucatán (1847-1899).
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