La vida te va a enseñar cosas que no pediste.
Te
va a mostrar traiciones, egoísmo, máscaras bien puestas… y momentos
donde lo fácil sería volverte igual que ellos. Más frío. Más duro. Más
indiferente.
Pero ahí es donde se separa el carácter del simple instinto.
Ser
amable después de ver lo peor del mundo no es debilidad… es disciplina
emocional. Es decir: “ya entendí cómo funciona esto… y aún así no me voy
a rebajar”.
Cualquiera puede endurecerse.
Cualquiera puede cerrarse.
Cualquiera puede volverse una versión amarga de sí mismo.
Pero elegir la calma, el respeto y la templanza… incluso cuando sabes de lo que la gente es capaz… eso es poder real.
No el poder que grita.
El que destruye.
El que impone.
Sino el que se contiene.
Porque al final, el mundo no te corrompe…
solo revela qué tan firme eres por dentro.
De la red.
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