Cuando los nazis invadieron Polonia en 1939, Korczak se negó a quitarse su uniforme de oficial polaco y se negó a abandonar su orfanato, a pesar de que sus amigos en la resistencia intentaron sacarlo del gueto muchas veces.
Las condiciones en el Gueto de Varsovia eran inhumanas. El hambre y las enfermedades diezmaban a la población. Korczak, ya anciano y enfermo, recorría las calles mendigando comida para sus 200 huérfanos. Entonces sucedió algo inesperado. A pesar del horror que los rodeaba, dentro del orfanato de Korczak había orden y amor. Él les contaba cuentos, les organizaba obras de teatro y les enseñaba a morir con dignidad, aunque ellos aún no sabían que ese momento estaba cerca.
El 5 o 6 de agosto de 1942, la orden de liquidación llegó. Los niños debían ser llevados a los trenes de carga. Fue en ese momento cuando ocurrió el legendario encuentro. Un oficial nazi, admirador de los libros infantiles de Korczak, le ofreció un salvoconducto personal. Podía salir del gueto y salvarse.
Korczak, sin dudarlo un segundo, rechazó la oferta. Su respuesta fue corta y cortante: "Usted no entiende. No se abandona a un niño en un momento así".
Los testigos cuentan que el desfile hacia la Umschlagplatz (el punto de carga de los trenes) fue el momento más silencioso y poderoso del gueto. Korczak iba a la cabeza, sosteniendo la mano de los dos niños más pequeños. Los 200 huérfanos caminaban en filas, limpios, con sus mejores ropas humildes, portando una bandera verde con el símbolo del rey de los niños.
No hubo gritos, ni empujones, ni llanto desesperado. Los niños marchaban cantando. Subieron a los vagones de ganado con una disciplina que dejó mudos a los propios guardias SS. El tren partió hacia Treblinka, y ninguno de ellos regresó jamás.
Janusz Korczak murió en las cámaras de gas junto a sus niños, asegurándose de que ninguno de ellos se sintiera solo en el último segundo. Su filosofía sobre los derechos de la infancia se convirtió en la base de lo que hoy conocemos como la Convención sobre los Derechos del Niño de las Naciones Unidas.
Murió como un mártir, pero vive en cada ley que protege a un menor. La historia nos enseña que, mientras los imperios caen, la bondad de un hombre que se niega a soltar la mano de un niño permanece para siempre como una luz en la oscuridad.
De la red.
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