
Cristóbal
Colón fue rechazado al menos tres veces antes de zarpar hacia América —
y los expertos que lo rechazaron no estaban equivocados.
La
historia popular convirtió a Colón en un visionario incomprendido que
tuvo que luchar contra una Iglesia oscurantista convencida de que la
Tierra era plana. Ninguna de esas dos cosas es verdad.
Los
sabios medievales europeos sabían perfectamente que la Tierra era
esférica — eso se daba por supuesto desde la Antigüedad clásica. El
problema de Colón no era el de un hombre que creía lo correcto frente a
ignorantes. El problema era que sus cálculos estaban equivocados.
En
1485, Colón presentó su proyecto ante la corte portuguesa. Los expertos
del rey João II lo estudiaron y lo rechazaron. Su argumento era sólido:
Colón subestimaba groseramente la distancia hasta Asia y sobreestimaba
el tamaño de la Tierra. Según sus cálculos, Asia estaba a unos 3.700
kilómetros al oeste. La estimación correcta era más de 20.000. Si no
hubiera habido un continente en medio, Colón y su tripulación habrían
muerto de hambre en el océano.
En
1490, la comisión castellana en Salamanca llegó a la misma conclusión.
En 1492, los expertos de Castilla volvieron a rechazarlo.
Lo que muchos ignoran es que Colón ya estaba abandonando España,
desilusionado, cuando la reina Isabel I lo mandó llamar de vuelta. Las
capitulaciones de Santa Fe, firmadas el 17 de abril de 1492, le
otorgaban el título de Almirante, el cargo de virrey de las tierras
descubiertas y el diez por ciento de todas las riquezas halladas.
Los que lo rechazaron tenían razón en sus cálculos. Pero Colón tuvo suerte de que hubiera un continente donde nadie lo esperaba.
De la red.
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