Hoy
muchos celebran templos abarrotados como si eso fuera señal de vida
espiritual. Pero la Biblia nunca enseñó que la cantidad es evidencia de
transformación. Jesús dijo que el camino es angosto y pocos lo hallan
(Mateo 7:13-14), no que se llena fácilmente.
Hemos
cambiado conversión por asistencia. Gente que canta, aplaude, levanta
las manos… pero vive igual toda la semana. Se emociona en el culto, pero
no se arrepiente en lo secreto. Escucha predicaciones, pero no obedece
la Palabra. Y aún así, se le hace creer que está bien.
Pastores
midiendo éxito por números, seguidores, diezmos y popularidad. Sermones
diseñados para agradar, no para confrontar. Se evita hablar de pecado,
santidad y arrepentimiento porque “espanta a la gente”. Pero lo que no
confronta, no transforma.
Jesús
nunca buscó multitudes vacías, buscó discípulos. En Juan 6, cuando su
mensaje se volvió duro, muchos lo dejaron… y Él no suavizó la verdad
para retenerlos.
Hoy pasa lo
contrario: se suaviza el mensaje para no perder gente. Resultado:
iglesias llenas de asistentes, pero vacías de verdaderos seguidores.
La
evidencia de un corazón lleno de Dios no es cuánto gritas “amén”, sino
cuánto mueres al pecado. No es cuántas veces vas al culto, sino cuánto
obedeces cuando nadie te ve.
Dios no está impresionado por auditorios llenos, sino por vidas rendidas.
La pregunta no es cuántos hay en tu iglesia…
sino cuántos han sido realmente transformados.
De la red.
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