Se les llama los Siete Reyes Malditos a los monarcas de la Casa de Trastámara que gobernaron Castilla y León durante el turbulento siglo XIV. El apelativo “malditos” no alude a una brujería literal, sino a una supuesta condena divina: todos murieron de forma violenta, trágica o prematura, como castigo por el asesinato del rey Pedro I a manos de su hermanastro Enrique de Trastámara. Esa usurpación, según la leyenda, trajo una maldición que pesó sobre sus descendientes.
He aquí el fatídico destino de cada uno:
1. Enrique II (1369-1379): El primer rey maldito. Murió envenenado, aunque algunas crónicas aseguran que fue a causa de una úlcera infectada tras una sangría mal hecha.
2. Juan I (1379-1390): Cayó de su caballo en una noche oscura mientras cabalgaba imprudentemente hacia Sevilla. El golpe le causó la muerte instantánea.
3. Enrique III (1390-1406): Apodado “el Doliente” por su frágil salud. Murió joven, probablemente de una tuberculosis o enfermedad degenerativa, consumido en vida.
4. Juan II (1406-1454): Víctima de una conspiración palaciega. Se cree que fue envenenado lentamente por validos y nobles rivales, aunque oficialmente murió de apoplejía.
5. Enrique IV (1454-1474): Su muerte fue natural, pero su leyenda es macabra: se dijo que su cuerpo apestaba y que era impotente, y tras fallecer, su tumba fue profanada por un rayo.
6. Juana “la Beltraneja” (1474-1479): No reinó realmente. Derrotada en la guerra de sucesión, fue desposeída, recluida en un convento y obligada a firmar su renuncia bajo presión.
7. Alfonso (1465-1468): Hermano de Enrique IV, fue proclamado rey fantasma por los nobles rebeldes. Murió envenenado o de peste bubónica a los 14 años, antes de poder ceñir la corona.
De la red.
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