Ganó
todas las guerras que le encomendaron. Nunca perdió una batalla. Y
cuando regresó victorioso a España, su rey lo destituyó y nunca más le
dio un mando.
Gonzalo Fernández
de Córdoba, conocido como el Gran Capitán, fue el mejor general de su
época. En la Reconquista participó en la toma de Granada en 1492. Luego,
al servicio de los Reyes Católicos, fue enviado a Italia para
enfrentarse al ejército francés — el más poderoso de Europa.
Lo que hizo allí cambió la historia de la guerra moderna.
En
la batalla de Ceriñola en 1503, Gonzalo desplegó sus arcabuceros en una
formación defensiva inédita, esperó al ataque francés y los destrozó
con fuego de mosquetería. Fue la primera batalla de la historia ganada
principalmente gracias a las armas de fuego portátiles. La caballería
francesa, que había dominado los campos de batalla durante siglos, fue
aniquilada.
Después de Ceriñola
vino Garigliano, después vino Nápoles. España controló el sur de Italia
durante dos siglos gracias a las victorias de Gonzalo.
Y entonces murió Isabel la Católica.
Fernando
el Católico nunca confió del todo en el Gran Capitán. Un general tan
victorioso, tan querido por sus soldados, tan poderoso en Italia, era un
peligro potencial. En 1507, sin explicación pública, Fernando lo
destituyó de todos sus cargos y lo obligó a retirarse a Loja, en
Granada.
Lo que muchos ignoran: cuando Fernando le reclamó cuentas de los gastos
del ejército en Italia, Gonzalo presentó una lista irónica donde
incluía entre los gastos "campanas para avisar al enemigo de nuestras
victorias" y "frailes que rezaran por las almas de los franceses
muertos". El rey no volvió a hablarle.
Gonzalo de Córdoba murió en 1515 sin haber vuelto a recibir un mando. El mejor general de España, ignorado por España.
De la red.
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