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Saludos amigos del blog!!!! Quiero darles la bienvenida a mi humilde aposento cibernético con el cual comparto desde el año 2009 lo que me apasiona en el mundo de las artes, la historiografía, la música, la literatura y la espiritualidad. Y también escritos originales... Pueden accesar a mi música en Spotify, YouTube y a los interesados en mis publicaciones literarias, las pueden adquirir en su librería preferida en Puerto Rico, Amazon, eBay, o escribiéndome. Muchas bendiciones!

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viernes, 3 de abril de 2026

El símbolo que nació de una guerra: el origen brutal de la corona de Castilla.

 El símbolo que nació de una guerra: el origen brutal de la corona de Castilla.

Todo comenzó en un mundo fracturado. A finales del siglo IX, los reinos cristianos del norte de la península ibérica sobrevivían a duras penas frente al poder de Al-Ándalus. En ese contexto, no existía Castilla como reino… sino como frontera. Una línea de castillos levantados para resistir, dependiente del poderoso Reino de León.

De hecho, su nombre lo dice todo: “Castilla” viene de tierra de castillos. Era un territorio militarizado, áspero, peligroso… donde solo sobrevivían los más duros. Pero ahí empezó todo.

El punto de quiebre llegó con Fernán González en el siglo X. Este conde hizo lo impensable: unificó varios condados y, aprovechando las crisis internas de León, logró que Castilla dejara de ser un simple vasallo. No proclamó un reino formal… pero en la práctica, Castilla empezó a actuar como uno.

Y aquí viene lo interesante: la corona de Castilla no nació de un acto ceremonial ni de una tradición antigua. Nació del poder real, del control militar y de la autonomía ganada a pulso.

Décadas después, en el año 1035, todo cambió con Fernando I de León. Hijo del rey de Navarra, heredó el condado de Castilla por su matrimonio con Sancha de León hermana de García Sánchez de Castilla cuando este último fue asesinado en 1029… pero fue más allá: derrotó al rey de León derrotó a Bermundo III de León y se coronó como monarca de ambos territorios. Por primera vez, Castilla no solo era independiente… dominaba.

A partir de ahí, la corona de Castilla comenzó a tomar forma como una entidad política real. No era solo un territorio: era un poder expansivo, agresivo y en crecimiento constante. Cada guerra, cada alianza y cada conquista reforzaban esa corona que no se heredó pasivamente… se construyó con sangre.

Y mientras otros reinos se aferraban a tradiciones, Castilla avanzaba con una mentalidad distinta: más pragmática, más militar, más ambiciosa.

Siglos después, esa misma corona sería la que impulsaría la expansión hacia el sur contra Al-Ándalus… y eventualmente, hacia el otro lado del mundo.

Pero todo empezó ahí. No en un palacio… sino en una frontera violenta, entre castillos y guerras interminables.

De la red.
 

Emily Warren Roebling y la construcción del Puente de Brooklyn.

 


La construcción del Puente de Brooklyn comenzó con sangre. John Roebling, el diseñador original, murió de tétanos tras un accidente en el muelle. Su hijo, Washington Roebling, asumió el cargo, pero bajó demasiadas veces a los "cajones" de cimentación bajo el río. Allí contrajo la "enfermedad de las profundidades" (descompresión).

Washington quedó postrado: apenas podía moverse, sufría dolores insoportables y su vista fallaba. El proyecto del siglo XIX, la estructura que debía unir Manhattan y Brooklyn, estaba descabezado. Los políticos y la prensa pedían un nuevo ingeniero.

Emily Warren Roebling no era ingeniera. En 1870, las mujeres ni siquiera tenían derecho al voto. Pero ella se negó a ver el sueño de su esposo destruido. Al principio, Emily solo llevaba mensajes de Washington a los obreros en el río. Sin embargo, pronto se dio cuenta de que para ser respetada, debía entender de qué hablaba.

Empezó a estudiar por su cuenta: matemáticas avanzadas, resistencia de materiales, trazado de curvas catenarias y la compleja ingeniería de los cables de acero. Durante los siguientes 11 años, Emily se convirtió en la extensión física y mental de su marido.

Emily no solo llevaba planos; ella tomaba decisiones. Supervisaba la instalación de los cables, negociaba con los proveedores de acero y se enfrentaba a los inspectores que querían detener la obra. Se convirtió en la "Ingeniera Jefe" en la práctica, aunque oficialmente solo era la esposa del enfermo.

Caminaba por las pasarelas de madera a cientos de metros de altura sobre el East River, supervisando el trabajo de miles de hombres que, con el tiempo, dejaron de ver a una "dama" y empezaron a ver a un jefe.

En 1882, los enemigos de Washington intentaron destituirlo formalmente alegando que su incapacidad ponía en riesgo la ciudad. Emily se presentó ante la Sociedad Americana de Ingenieros Civiles. Fue la primera mujer en hablar ante ellos. Su discurso fue tan técnico, tan preciso y tan apasionado que los convenció de que Washington (y ella) debían terminar la obra.

El 24 de mayo de 1883, el puente finalmente se inauguró. Fue la estructura más grande de su tiempo. Emily Roebling tuvo el honor de ser la primera persona en cruzarlo, llevando un gallo blanco en su regazo como símbolo de victoria.

Washington Roebling vivió para ver el puente terminado gracias a su esposa, pero Emily nunca recibió un título de ingeniería. A pesar de esto, su nombre está grabado en una placa en el mismo puente: "Detrás de cada gran obra, hay una abnegada devoción".

Con el tiempo, la historia de Emily dejó de ser una nota al pie para convertirse en un estandarte. Hoy se reconoce que sin su mente brillante, los dos pilares del Puente de Brooklyn no se habrían unido jamás. Ella no solo construyó un puente de piedra y metal; construyó un puente hacia el futuro de las mujeres en la ciencia.

De la red. 

Mefiboset - El rey te mandó llamar

El Rey te mando a Llamar - Danny Berrios.
https://www.youtube.com/watch?v=yjajXqZe3EQ


"Lo que era tuyo, te devolveré
Voy a restituir
Lo que la vida te robó
El último en la casa de Saúl
Ya no será más aquel
A quien nadie le da valor

Vas a vivir en la casa del Rey...

La miseria nunca más conocerás
Un adiós a Lodebar, tú vas a dar
Tu vida nunca más será igual...

El Rey te mandó a llamar
(Todo lo que el enemigo te robó)
(Hoy Él te lo devuelve al ciento por uno)"

 

MEFIBOSET
2 Samuel 9:7

No fue compasión momentánea…
fue una decisión eterna basada en una promesa.

Mefiboset no calificaba.
Era lisiado.
Era descendiente del enemigo.
Vivía escondido en Lo-Debar… el lugar de la nada.

Pero el Rey no lo buscó por lo que era…
lo buscó por un pacto que él no firmó,
pero que lo cubría.

Y esto es lo que muchos no entienden:

Dios no te bendice porque lo mereces…
te alcanza porque hay un pacto de sangre hablando por ti.

Mientras tú te ves como “perro muerto”…
el Rey ya preparó una silla con tu nombre.

Mientras tú te escondes en tu Lo-Debar…
el cielo ya envió mensajeros a buscarte.

Y cuando llegas a la mesa…

Tus heridas no desaparecen…
pero quedan cubiertas.

Tu pasado no te abandona…
pero ya no te define.

Porque en la mesa del Rey…

No se sientan perfectos…
se sientan los que fueron alcanzados por un pacto.

Deja de vivir escondido.
No eres un accidente… eres resultado de una promesa.

El Rey no viene con espada…
viene con una mesa.

De la red. 

CALEB, EL GENTIL QUE ELIGIO SER PUEBLO

 

Su vida es, justamente, una enseñanza viva de fidelidad (Emuna), perseverancia (Emuna) y confianza (Emuna)en la promesa. Caleb tiene una fidelidad (Emuna).que trasciende el tiempo. Caleb, hijo de Jefone, es presentado en la Escritura como cenezeo (Números 32:12), lo que sugiere un origen gentil. Sin embargo, no fue su sangre lo que definió su identidad, sino su corazón (Lev) plenamente entregado a Elohim. Se asimiló a Israel no por obligación, sino por convicción, tal como lo enseña (Efesios 2:11 -12). Cuando tenía 40 años, fue uno de los doce espías enviados a reconocer la tierra (Números 13). Mientras los demás vieron gigantes y obstáculos, Caleb, junto con Josué, vio la promesa. Su declaración no fue ingenua, sino basada en Emuna, “Subamos luego, y tomemos posesión de ella; porque más podremos nosotros que ellos.” (Números 13:30). Por esa fidelidad (Emuna), Hashem le hizo una promesa específica, “La tierra que pisó tu pie será para ti y para tus hijos…” (Josué 14:9). Fueron 45 años de espera, sin perder el enfoque, pasaron 45 años, el desierto, las pruebas, la muerte de toda una generación, pero Caleb no negoció su Emuna, la cual además lo mantuvo vivo, mientras sus contemporáneos murieron.

A los 85 años, cuando finalmente se reparte la tierra, sus palabras son impactantes, “Todavía estoy tan fuerte como el día que Moisés me envió…” (Josué 14:11). Y no pidió descanso, ni una parte fácil, pidió justamente la montaña donde estaban los gigantes (los anaceos). Es decir, eligió el lugar de mayor desafío, porque confiaba en la misma promesa que había recibido décadas atrás. Esto nos deja una enseñanza y es que la fidelidad a El Santo Bendito, no es una cuestión de tener, sino de saber esperar. Caleb no vivió de resultados inmediatos, sino de certeza (Emuna) interna. No necesitó ver para confiar, fue fiel durante décadas sin ver. Su vida nos deja varias claves y es que la identidad en Eloha no depende del origen, mi la etnia, sino de la adhesión del corazón y la verdadera convicción de ser parte. Las promesas pueden tardar, pero no se cancelan y la espera no es pasividad, es permanencia en fidelidad (Emuna). La recompensa no siempre llega rápido, pero si llega en el tiempo perfecto. Caleb no heredó por ser parte, sino por permanecer, no conquistó por fuerza, sino por fidelidad, no recibió antes, sino a tiempo. Porque en el Reino (Maljut), no vence el que llega primero, sino el que no se aparta (Mateo 24:13), (Apocalipsis 14:12).

De la red.
 

“NO TODOS LOS DEMONIOS FUERON ÁNGELES” (Reflexión)

 Según la tradición bíblica, muchos creen que los demonios alguna vez fueron ángeles; seres de luz que cayeron junto a Lucifer tras una rebelión que fracturó el cielo. Esta es la versión más conocida, la más repetida, la que se enseña sin cuestionarse demasiado.

La historia dice que Lucifer no guardó su dignidad; que desafió el orden divino; que quiso ocupar un lugar que no le correspondía.

Y en su caída, no cayó solo, arrastró consigo a otros; un ejército entero que, tras ser expulsado, dejó de ser lo que era para convertirse en algo… distinto.

Pero aquí es donde la historia comienza a volverse incómoda,
Porque no todos los textos dicen lo mismo.

En escritos antiguos como el Libro de Enoc, se habla de los Vigilantes; entidades que no solo desobedecieron, sino que descendieron a la Tierra y alteraron el curso de la humanidad.

Se mezclaron con humanos; crearon a los Nefilim; seres gigantes, híbridos, fuera del orden natural.

Y cuando esos gigantes murieron… algo quedó,
no ascendieron, no descendieron, no desaparecieron.

Sus espíritus permanecieron,
y según esta tradición, esos espíritus son los verdaderos demonios.

No ángeles caídos…
sino algo que nunca debió existir.

Pero aún hay otra posibilidad, una aún más inquietante,
algunas corrientes antiguas sugieren que antes incluso de los ángeles ya existían entidades; presencias que habitaban el caos previo a la creación; formas de oscuridad que no nacieron de una caída, sino que siempre estuvieron ahí.

Si eso es cierto, entonces la realidad es mucho más perturbadora de lo que imaginas.

Porque no todos los demonios vienen del cielo, algunos… jamás pertenecieron a él,
y eso deja una pregunta que casi nadie se atreve a hacer:
Si no fueron creados,
si no fueron expulsados,
si no obedecen ninguna ley divina…
entonces, ¿qué son…
y por qué siguen aquí?

De la red.

Quien se atreve a ser distinto se encuentra a sí mismo. - Nietsche

 


La mayoría de las personas no vive como quiere,
vive como viven los demás.

Se visten como los demás,
piensan como los demás,
opinan como los demás,
viven como los demás…
y al final mueren sin haber sido ellos mismos.

Pensar diferente tiene un precio:
la crítica,
el rechazo,
la soledad,
las burlas,
que te digan que estás loco, que estás mal, que no vas a poder.

Pero todas las personas que cambiaron su vida,
todas las personas que lograron algo grande,
todas las personas que dejaron huella…
primero fueron criticadas por pensar diferente.

El problema de seguir a la multitud es que la multitud no sabe a dónde va.
Solo caminan porque todos caminan.

En cambio, la persona que piensa diferente,
que cuestiona,
que no copia,
que no sigue modas,
que no vive para agradar a todos…
esa persona empieza a encontrarse a sí misma.

Y encontrarte a ti mismo vale más que encajar en cualquier grupo.
Porque encajar significa ser como los demás,
pero encontrarte significa ser quien realmente eres.

Así que si a veces te sientes diferente,
si a veces te sientes solo,
si sientes que no encajas en muchos lugares…

Tal vez no sea un problema.
Tal vez sea una señal de que no naciste para seguir a la multitud,
sino para seguir tu propio camino.

Porque las personas que cambian su vida
no siguen caminos…
los crean. 

De la red. 

La Guerra de los 30 Años.

 Durante treinta años, Europa entera ardió en una guerra que mató a ocho millones de personas. Y España pagó la mayor parte de la factura.

Es 1618. En Praga, unos nobles protestantes arrojan por la ventana del castillo a tres representantes del emperador católico. Los tres sobreviven —caen sobre un montón de estiércol— pero el gesto desencadena la guerra más larga y devastadora que Europa había conocido hasta entonces. Una guerra que durará exactamente treinta años y cambiará para siempre el equilibrio del continente.

 Europa, 1618-1648. Un conflicto que empezó como disputa religiosa entre católicos y protestantes en el Sacro Imperio Romano Germánico y se convirtió en una guerra total en la que todas las grandes potencias europeas tomaron partido.

Lo que comenzó como un conflicto religioso en tierras alemanas se transformó rápidamente en algo mucho más complejo: una guerra de religión, una guerra dinástica, una guerra de hegemonía política. Y en el centro de todo, España —la Casa de Austria— financiando, dirigiendo y sangrando durante tres décadas.

 España: el principal financiador de la guerra
España entró en el conflicto en apoyo del Sacro Imperio entre 1620 y 1625. El rey Felipe IV y su valido el Conde-Duque de Olivares movilizaron los recursos de un imperio enorme: el oro y la plata de América, los tercios de Flandes, la infantería española —la mejor del mundo en ese momento. Según los historiadores, España llegó a gastar más de la mitad de sus recursos financieros durante décadas sosteniendo este esfuerzo bélico.

 Los actores y sus intereses reales
El Sacro Imperio defendía el catolicismo y el poder imperial. Francia —católica— apoyó a los protestantes para debilitar a España, su gran rival. Suecia intervino desde 1630 para expandir su influencia en el Báltico. Dinamarca buscaba tierras alemanas. La religión era el pretexto; el poder real era el objetivo.

 1648 — La Paz de Westfalia
Tras treinta años de devastación, ocho millones de muertos, 1.200 ciudades destruidas y regiones enteras despobladas, Europa firmó la paz en Westfalia. Este tratado es considerado el acta fundacional del sistema de estados soberanos modernos: por primera vez, se reconoció que cada estado tiene derecho a organizar su religión interior sin interferencia exterior.

 Lo que pocos saben...
La guerra de los Treinta Años fue también una catástrofe demográfica sin precedentes para Alemania. Algunas regiones perdieron entre el 25% y el 40% de su población por la guerra, el hambre y las epidemias. La ciudad de Magdeburgo fue incendiada y masacrada en 1631 —más de 20.000 civiles muertos en un solo día. Fue uno de los mayores crímenes de guerra de la historia europea antes del siglo XX. Y España, que entró al conflicto como potencia dominante, salió de él exhausta, endeudada y en el inicio de un declive que tardaría generaciones en reconocer.

De la red. 

"Los atenienses son buenos oradores... Los espartanos somos buenos para actuar."

 

En la antigua Grecia, Atenas y Esparta representaban dos mundos opuestos. Atenas era la ciudad de la democracia, el teatro, la filosofía y, sobre todo, de la oratoria: sus ciudadanos se enorgullecían de hablar con elegancia, construir argumentos largos y persuasivos, y brillar en las asambleas con discursos elaborados.

Esparta, en cambio, cultivaba el laconismo: hablar poco, con precisión y fuerza. Para ellos, las palabras valían solo si iban acompañadas de hechos.

En una ocasión, un ateniense se presentó ante un grupo de espartanos. Empezó a presumir de la superioridad cultural de Atenas. Hablaba sin parar: usaba frases grandilocuentes, retórica florida y argumentos interminables para demostrar lo cultos, elocuentes e inteligentes que eran los atenienses. Al mismo tiempo, criticaba con sutileza a los espartanos, tachándolos de incultos, toscos y hombres de pocas palabras.

Los espartanos lo escucharon en completo silencio, con esa paciencia estoica y marcial que los caracterizaba. No lo interrumpieron. Dejaron que el ateniense se extendiera todo lo que quiso, disfrutando quizá de la ironía de la situación.

Cuando el orador por fin terminó su largo y presumido discurso, uno de los espartanos respondió con total calma y brevedad:

“Los atenienses son buenos oradores… los espartanos somos buenos para actuar.”

Esta respuesta resume en pocas palabras la esencia de Esparta: las palabras bonitas pueden impresionar en un momento, pero solo los hechos construyen ciudades, ganan batallas y forjan carácter.
En nuestro mundo actual, lleno de discursos interminables en cualquier ámbito, la lección espartana sigue siendo poderosa:

Habla menos.
Actúa más.
Deja que tus resultados hablen por ti.
Porque al final, lo que cuenta no es cuánto hablas… sino cuánto haces.

De la red. 

Los fenicios de España.

 Antes de Roma, antes de los cartagineses, antes de los griegos — hubo un pueblo que llegó navegando desde el Líbano y fundó las primeras ciudades coloniales de la Península Ibérica. Sin ellos, la historia de España sería completamente diferente.

Año 800 antes de Cristo. Un grupo de barcos de quilla plana y vela cuadrada entra en el estrecho de Gibraltar. A bordo, mercaderes de Tiro y Sidón —ciudades del actual Líbano— con cargamentos de cerámica fina, telas teñidas de púrpura, aceite y vino. Vienen a comerciar con los tartesios. Y se quedan.

Costa mediterránea y atlántica de la Península Ibérica, siglos IX-VI a.C. El primer contacto documentado entre la Península y el mundo mediterráneo oriental — y sus consecuencias que llegan hasta hoy.

Los fenicios son el pueblo más viajero del mundo antiguo. Navegantes sin rival, comerciantes extraordinarios, fundadores de colonias desde el Líbano hasta el Atlántico. Su llegada a la Península Ibérica no fue una conquista militar sino una expansión comercial —vinieron a hacer negocios, se instalaron en las costas y dejaron una huella que persiste en la toponimia, la cultura y el ADN de los españoles de hoy.

Las ciudades que fundaron
Hacia el año 800 a.C., los fenicios fundaron Gadir —la actual Cádiz— en una isla frente a la desembocadura del Guadalquivir. Es una de las ciudades más antiguas de Europa occidental aún habitada. Fundaron también Málaka —la actual Málaga—, Sexi —la actual Almuñécar— y Sex —la actual Almuñécar—, entre otras. Cada una era un punto de apoyo para el comercio de metales preciosos con el interior.

Lo que trajeron a la Península
Los fenicios introdujeron en Hispania la escritura alfabética —la base del alfabeto ibérico y, a través de él, del latín y de todas las lenguas romances. Trajeron técnicas avanzadas de alfarería, la producción de aceite de oliva a escala industrial, el cultivo de la vid, la salazón del pescado —que se convertiría en una industria fundamental de la costa andaluza durante siglos— y el famoso color púrpura extraído de un molusco del Mediterráneo, el múrex.

El legado invisible
La influencia fenicia en la cultura ibérica fue tan profunda que resulta difícil separar lo que es "originalmente ibérico" de lo que llegó del Levante mediterráneo. Los pueblos ibéricos adoptaron técnicas de escritura, modelos religiosos, estilos artísticos y formas comerciales fenicias y los transformaron en algo propio. La Dama de Elche, uno de los iconos del arte ibérico, muestra influencias fenicias y orientales evidentes en su tocado y su joyería.

 Lo que pocos saben...
El nombre "España" podría tener origen fenicio. Una de las etimologías más aceptadas por los lingüistas deriva "Hispania" de una raíz fenicia que significaría "tierra de conejos" o "costa lejana" —aunque el debate etimológico continúa entre los especialistas. Lo que sí es seguro es que los fenicios llamaban a la Península Ibérica "I-Shaphan" —la isla o tierra de los hyraces (animales similares a los conejos). Los romanos latinizaron este nombre como "Hispania" y de ahí vienen "España" y "Espagne".

De la red.
 

Los Judas modernos.

 La traición no duele solo por lo que hicieron, duele porque no esperabas que viniera de esa persona. La traición casi siempre viene de alguien cercano, de alguien que conocía tu vida, tu confianza, tus planes, tus debilidades.

Un enemigo no te traiciona,
un desconocido no te traiciona,
te traiciona quien se sentaba contigo, quien comía contigo, quien te llamaba amigo, familia o amor.

Pero la lección más importante no es que existan personas así, la lección es que tú no puedes dar acceso ilimitado a tu vida a todo el mundo.

Hay personas que se equivocan y se arrepienten,
pero hay personas que se equivocan, te lastiman, se van, y cuando les conviene quieren volver como si nada hubiera pasado.

Y ahí es donde entra algo muy importante: la memoria y el amor propio.

Ser buena persona no significa ser tonto.
Perdonar no significa olvidar.
Y dar otra oportunidad no significa volver a confiar igual.

Hay personas que pueden volver a hablar contigo,
pero ya no pueden volver a tu mesa 🍽️.
Hay personas que pueden volver a tu vida,
pero ya no pueden volver a tu confianza.

Porque la confianza es como un papel,
cuando se arruga puedes volver a estirarlo, pero nunca vuelve a quedar igual.

Aprende esto en la vida:
No todos los que vuelven merecen volver a entrar.
A veces no tienes que cerrar la puerta con rabia,
solo tienes que cerrar la puerta con dignidad y en silencio.

De la red. 

El Sitio de Zaragoza y Napoleón.

 Napoleón había conquistado toda Europa. Sus ejércitos habían derrotado a Austria, a Prusia, a Rusia. Nadie resistía. Luego llegaron a Zaragoza.

Junio de 1808. El general francés Lasalle rodea Zaragoza con 20.000 soldados. La ciudad no tiene guarnición regular. Sus defensores son artesanos, campesinos, frailes y mujeres. El general francés espera rendirse en días. Zaragoza resistirá durante meses, en uno de los episodios más extraordinarios de resistencia civil de la historia europea.

 Zaragoza, España, 1808-1809. Dos asedios consecutivos contra una ciudad que se convirtió en símbolo de la resistencia española frente a la invasión napoleónica.

Cuando las tropas de Napoleón cruzaron los Pirineos en 1808 con el pretexto de apoyar a Portugal, nadie esperaba que España se convirtiera en el mayor dolor de cabeza del Imperio. El pueblo español respondió con una guerra de guerrillas y una resistencia feroz que cambió el curso de las campañas napoleónicas. Y Zaragoza fue el símbolo máximo de esa resistencia.

El primer asedio — junio a agosto de 1808
El general Lasalle lanzó el primer ataque el 15 de junio con 20.000 hombres. Los zaragozanos, dirigidos por el general Palafox, construyeron barricadas en las calles, convirtieron cada casa en una fortaleza y lucharon metro a metro. El 14 de agosto, los franceses se retiraron. Una ciudad sin ejército regular había repelido al ejército más poderoso del mundo.

El segundo asedio — diciembre 1808 - febrero 1809
Napoleón, furioso, envió al mariscal Soult con 35.000 soldados. El segundo asedio fue una pesadilla. Los franceses no pudieron tomar la ciudad desde fuera —tuvieron que combatir casa por casa, calle por calle, en un infierno de guerra urbana que duró 54 días. La epidemia de tifus mató a más defensores que los cañones franceses. El 21 de febrero de 1809, Zaragoza cayó —pero solo porque los supervivientes ya no podían físicamente seguir combatiendo.

 Los héroes del pueblo
Agustina de Aragón continuó disparando el cañón tras la muerte de su esposo artillero y se convirtió en símbolo de la resistencia. Fray Juan de los Ángeles organizó la defensa del convento de Santa Engracia y alentó al pueblo a resistir. Hombres, mujeres y niños construyeron barricadas y lucharon codo con codo en lo que fue una de las primeras guerras urbanas totales de la historia moderna.

Lo que pocos saben...
Napoleón, al conocer el resultado del segundo asedio, pronunció una frase que reveló el impacto psicológico de la resistencia zaragozana: "Hemos perdido más hombres ante sus murallas que en muchas batallas campales." Los Sitios de Zaragoza fueron estudiados durante décadas en las academias militares europeas como ejemplo de resistencia urbana. La ciudad pagó un precio brutal: se estima que murieron entre 50.000 y 60.000 personas —entre combatientes y civiles— en los dos asedios, de un total de 55.000 habitantes. Casi la ciudad entera.

De la red.
 

Una de territorios: El Tratado de Guadalupe Hidalgo de 1848.

 
 ¿Qué significa que un territorio pertenezca a un país que ya no existe en los mapas? ¿Acaso las fronteras que los hombres dibujan con tinta pueden borrar los siglos de historia que una tierra lleva en sus huesos? ¿Y qué ocurre cuando la memoria de un pueblo es más fuerte que los tratados que intentan silenciarla?

Este territorio pertenece a los Estados Unidos… Mexicanos. No es un error. No es un anacronismo. Es un recordatorio. Una piedra en el zapato de la historia oficial. Un susurro que se niega a callar a pesar de los siglos. Desde California hasta Texas, desde Nuevo México hasta Arizona, desde Colorado hasta Nevada, Utah y parte de Wyoming, hubo un tiempo en que esas tierras no eran "americanas". Eran mexicanas. Eran el norte de una nación que se extendía hasta donde la vista alcanzaba, que tenía fronteras que hoy parecen de otro mundo.

La historia la escriben los vencedores, dice el adagio. Y es verdad. Pero la historia también la recuerdan los vencidos, aunque los libros de texto intenten hacerles olvidar. El Tratado de Guadalupe Hidalgo, firmado en 1848, puso fin a la guerra entre México y Estados Unidos. México perdió. Perdió mucho. Perdió más de la mitad de su territorio. Casi dos millones de kilómetros cuadrados que habían sido suyos durante siglos pasaron a manos del vecino del norte a cambio de quince millones de dólares, una suma que entonces parecía considerable y que hoy resulta una burla. Pero los tratados no borran la memoria. Las líneas en un mapa no borran los cementerios donde descansan los antepasados. Los cambios de bandera no borran la lengua, la comida, la música, las tradiciones que siguen vivas en esas tierras, aunque muchos prefieran ignorarlo.

Hay quienes llaman a esa región el "Suroeste" de Estados Unidos. Pero hay otros, los que recuerdan, los que no han dejado que el tiempo les lave la memoria, que la llaman por su nombre verdadero: el norte perdido. Allí todavía se escucha el español en las calles, aunque a veces con acentos distintos. Allí todavía se celebran las fiestas patrias mexicanas con el mismo fervor que al sur del Río Bravo. Allí todavía hay familias que pueden rastrear su linaje hasta los tiempos en que la frontera no existía, en que se podía viajar desde Chihuahua hasta Colorado sin mostrar ningún documento, en que la tierra era una sola, aunque la política la hubiera partido en dos.

El Tratado de Guadalupe Hidalgo no solo transfirió territorio. Transfirió personas. Los mexicanos que vivían en esas tierras se convirtieron en extranjeros en su propia casa. Se les prometió respeto a sus derechos, a su propiedad, a su cultura. Las promesas, como suele ocurrir en la historia de los vencidos, se cumplieron solo a medias. Muchos perdieron sus tierras, sus negocios, su estatus. Muchos fueron tratados como ciudadanos de segunda en la misma tierra donde sus abuelos habían nacido. Algunos resistieron. Algunos se levantaron en armas. Algunos, los más, simplemente sobrevivieron, aferrándose a su lengua, a su fe, a su comida, a todo aquello que el nuevo gobierno no podía arrebatarles porque estaba en el alma, no en los papeles.

Hoy, más de ciento setenta años después, la herida sigue abierta. No sangra, pero tampoco cicatriza del todo. Cada vez que un político estadounidense habla de construir muros, de deportaciones, de "extranjeros" que vienen a "invadir" su país, hay un eco incómodo que resuena en el sur. Porque aquellos "extranjeros" eran los dueños originales. Porque aquellos "invasores" son los que cruzaron fronteras que no deberían existir. Porque la historia, que los vencedores escriben a su favor, tiene la molesta costumbre de recordar, generación tras generación, que las cosas no siempre fueron como son ahora.

Este territorio pertenece a los Estados Unidos… Mexicanos. No es una reivindicación política. No es un llamado a la revancha. Es un recordatorio de que los límites cambian, sí, pero la memoria y el orgullo de las raíces permanecen intactos. Es un guiño a aquellos que saben que la identidad no se define por los pasaportes, sino por la tierra que se lleva en la sangre. Es una forma de decir que, aunque los mapas digan una cosa, la historia dice otra, y que ambas pueden coexistir en la conciencia de un pueblo que ha aprendido a vivir con la pérdida sin renunciar a su herencia.

En Nuevo México, por ejemplo, hay una corriente cultural que se llama "hispano" o "manito", que reivindica esa doble identidad: ser estadounidenses por ciudadanía, pero mexicanos por raíces. En Texas, los tejanos llevan siglos navegando esa dualidad, siendo a la vez parte de Estados Unidos y parte de algo más antiguo, más profundo, que no cabe en las categorías simples de los censos. En California, el nombre mismo del estado es un recuerdo constante de aquella California mexicana que existió antes de la fiebre del oro y la anexión.

La frase "Estados Unidos Mexicanos" es el nombre oficial de México. Es el nombre que llevaba el país cuando perdió la guerra. Es el nombre que sigue llevando hoy. Por eso, decir que este territorio pertenece a los Estados Unidos Mexicanos no es una declaración de guerra ni una demanda territorial. Es una afirmación poética, histórica, cultural. Es decir: estas tierras fueron nuestras, y aunque ya no lo sean en los papeles, lo siguen siendo en la memoria. Y la memoria, a diferencia de los tratados, no se puede firmar ni cancelar.

La pregunta que queda flotando es simple y enorme a la vez: ¿qué significa realmente pertenecer a un lugar? ¿Es la ley la que determina la pertenencia, o es la historia? ¿Es la bandera que ondea en el mástil, o es la tierra que los muertos han regado con su sudor y su sangre? Los Estados Unidos Mexicanos perdieron ese territorio hace más de un siglo y medio. Pero en la memoria de quienes aún recuerdan, en la lengua de quienes aún hablan español, en la comida de quienes aún hacen tortillas, en la música de quienes aún tocan canciones de amor y desamor, ese territorio sigue siendo, de algún modo, mexicano. Y no hay tratado que pueda cambiar eso.

© Edición protegida por Asombroso | Basado en material de: Fuente original: Archivos del Tratado de Guadalupe Hidalgo (1848), documentos históricos de la guerra entre México y Estados Unidos (1846-1848), testimonios de la época, crónicas del suroeste estadounidense, estudios de la identidad chicana y mexicano-americana.

De la red.
 

Resiliencia III

 

Hay una verdad dura en la vida que nadie quiere escuchar:
no todo lo que te pasa es justo, pero todo lo que te pasa te enseña algo. 

A veces te toca perder cuando diste todo,
a veces te fallan cuando fuiste leal,
a veces te rompen el corazón cuando solo querías amar
,
y en esos momentos uno se pregunta:
¿Por qué a mí? ¿Qué hice para merecer esto?

Pero la vida no siempre te da lo que mereces,
te da lo que necesitas para crecer. 

Las personas fuertes no nacen fuertes.
Se hacen fuertes cuando la vida las golpea,
cuando tienen que levantarse solas,
cuando lloran en silencio,
cuando sienten que ya no pueden más…
y aun así, siguen caminando.

Eso se llama resiliencia.
Es la capacidad de romperte y aun así reconstruirte,
de caerte y volver a levantarte,
de perder y volver a intentarlo,
de llorar y aun así sonreír.

Porque al final entiendes algo muy grande:
No era para destruirte, era para construirte. 

Y un día mirarás atrás y dirás:
“Todo lo que dolió,
todo lo que perdí,
todo lo que lloré…
me convirtió en la persona fuerte que soy hoy.” 

La vida no siempre es justa,
pero siempre es maestra.
Y las personas que resisten,
que aguantan,
que siguen…
son las que terminan cambiando su destino.

De la red. 

La fruta podrida se cae sola.

 La vida tiene algo muy interesante: no siempre hace falta vengarse, pelear, discutir o desearle el mal a alguien. Muchas veces la vida misma se encarga de poner todo en su lugar.

El árbol no empuja la fruta podrida, simplemente deja que el tiempo haga su trabajo. Y así es la vida con las personas, con las mentiras, con las traiciones y con las malas acciones.

La gente que hace daño tarde o temprano se queda sola.
La gente que miente tarde o temprano se descubre.
La gente que traiciona tarde o temprano pierde la confianza.
La gente que actúa mal tarde o temprano paga las consecuencias.

Por eso la gente inteligente no pierde tiempo en venganza, pierde tiempo en crecer, en mejorar, en trabajar, en ser feliz.

La venganza te ata al pasado,
el rencor te envenena por dentro,
pero la indiferencia y el crecimiento te liberan.

Deja que la vida, el tiempo y las acciones hablen por sí solas.
Tú concéntrate en ser mejor persona, en vivir en paz, en avanzar.

Recuerda esto siempre:
El tiempo no se equivoca,
la vida no se olvida,
y cada persona termina recogiendo lo que sembró.

De la red. 

𝐔𝐧 𝐜𝐮𝐥𝐭𝐨 𝐚 𝐥𝐚 𝐢𝐠𝐧𝐨𝐫𝐚𝐧𝐜𝐢𝐚

 
 
En 1980, Asimov escribió una columna de opinión titulada “El culto a la ignorancia” en la revista “Newsweek”. En ella, examinaba cómo el anti-intelectualismo derivaba en que "la falta de conocimiento tenía igual o mayor peso que el entendimiento".
 
Han transcurrido cuatro décadas desde entonces y la realidad ha superado su tesis.
Para leerla en su debido contexto, dejo el enlace en el primer comentario de la publicación original.
 
De la red. 

Humilde en tus victorias y elegante en tus derrotas.


La verdadera educación y la verdadera grandeza de una persona no se nota cuando todo le va bien, se nota cuando pierde, cuando se equivoca, cuando fracasa y aun así mantiene la calma y la dignidad.

Perder en silencio no significa debilidad, significa madurez. Porque las personas inteligentes, cuando pierden, observan, aprenden, corrigen y regresan más fuertes.

Y ganar en silencio tampoco significa falta de alegría, significa humildad. Porque la gente sabia sabe que hoy puede estar arriba y mañana abajo, y por eso nunca humilla, nunca presume, nunca hace sentir menos a nadie.

La vida da muchas vueltas.
Hoy ganas tú, mañana puede ganar otro.
Hoy pierdes, mañana puedes ganar.
Por eso hay que aprender a mantener la misma humildad cuando estás arriba y la misma dignidad cuando estás abajo.

La elegancia no está en la ropa, está en el comportamiento.
Se ve en cómo hablas,
en cómo tratas a los demás, en cómo pierdes,
y en cómo ganas.

Cualquiera celebra cuando gana,
cualquiera se queja cuando pierde,
pero muy pocas personas saben ganar sin orgullo y perder sin resentimiento.

Y esas son las personas que realmente son grandes, aunque no hagan ruido, aunque no presuman, aunque no hablen mucho… porque su grandeza se nota en su actitud, no en sus palabra.

De la red. 

Tartessos


Existió en el sur de España una civilización tan rica en oro y plata que los griegos la llamaban "la tierra de los metales". Luego desapareció sin dejar casi rastro. Y nadie sabe exactamente por qué.

Siglo IX antes de Cristo. En la desembocadura del río Guadalquivir, florece una civilización que asombra a todos los pueblos del Mediterráneo que comercian con ella. Los fenicios navegan desde el Líbano para intercambiar sus tejidos y su cerámica por los metales preciosos de esta tierra. Los griegos hablan de ella como de un reino fabuloso. Su nombre: Tartessos.

Sur de la Península Ibérica, siglos IX-VI a.C. Una civilización precolombina de la que conocemos los contornos pero no el corazón — porque sus restos han desaparecido casi completamente.

Tartessos es uno de los grandes enigmas de la arqueología mediterránea. Sabemos que existió porque los autores griegos y fenicios la mencionan con admiración. Sabemos que era extraordinariamente rica porque los tesoros de orfebrería encontrados en Andalucía —como el Tesoro del Carambolo— muestran una maestría técnica que pocas civilizaciones de la época igualaban.

Una civilización de metalurgistas y comerciantes
Los tartesios dominaban la metalurgia del cobre, el bronce y la plata de forma extraordinaria. Controlaban los depósitos mineros de Sierra Morena y del Algarve portugués —los más ricos de Europa occidental en la Antigüedad. Los fenicios llegaron hasta ellos atraídos por estos metales, fundando colonias en la costa —entre ellas Gadir, la actual Cádiz, hacia el año 800 a.C.

La riqueza que fascinó al mundo antiguo
Según algunos textos bíblicos, el rey Salomón enviaba barcos a "Tarsis" —que muchos historiadores identifican con Tartessos— para traer oro, plata, marfil y madera preciosa. Si esta identificación es correcta, Tartessos aparece en la Biblia como el reino más rico del Occidente conocido.

La desaparición — tres hipótesis
La civilización tartesia desaparece del registro histórico hacia el siglo VI a.C. Los investigadores manejan tres hipótesis principales: la invasión y destrucción por los cartagineses, que habrían querido eliminar a un competidor comercial; un cataclismo natural —terremoto, inundación o tsunami— que habría sepultado la ciudad principal; o el agotamiento progresivo de sus recursos mineros, que habría hecho colapsar su economía.

Lo que pocos saben...
La ciudad central de Tartessos —su capital— nunca ha sido encontrada. Muchos arqueólogos creen que está enterrada bajo los marismas del Parque Nacional de Doñana, en Huelva. Las exploraciones realizadas con tecnología de satélite y radar de penetración terrestre han revelado estructuras geométricas bajo el fango que algunos investigadores interpretan como restos urbanos. Pero las condiciones del terreno hacen la excavación extremadamente difícil. Es posible que la capital de la civilización más rica del occidente antiguo esté todavía esperando bajo tierra, a pocos kilómetros del Atlántico.

De la red. 

Robert Campbell y su madre moribunda. 1ra Guerra Mundial.


Robert Campbell era un capitán del regimiento de East Surrey. En las primeras semanas de la Primera Guerra Mundial, durante la batalla de Mons, fue herido y capturado por los alemanes. Pasó dos años tras las alambradas de Magdeburgo, viendo cómo sus compañeros se rendían a la locura o a la muerte.

En 1916, le llegó una noticia demoledora: su madre, Louise Campbell, estaba en su lecho de muerte. Robert estaba desesperado. No quería que ella muriera pensando que su hijo estaba perdido o sufriendo. En un acto de audacia pura, escribió directamente al Káiser alemán, apelando a su sentido del honor militar.

Contra todo pronóstico, el Káiser Guillermo II leyó la carta. El monarca alemán, educado en los antiguos códigos de caballería, se sintió conmovido. Le concedió a Campbell dos semanas de libertad para viajar a Inglaterra, ver a su madre y despedirse.

Pero había una condición, una "palabra de honor" (en francés, parole): Campbell debía jurar que, pasadas las dos semanas, regresaría voluntariamente a su celda en Alemania. Si no lo hacía, el honor del ejército británico quedaría manchado para siempre.

Campbell viajó a través de una Europa en llamas. Llegó a Kent, Inglaterra. Pasó una semana junto a la cama de su madre, sosteniendo su mano y dándole el último adiós que ambos necesitaban. Fue un milagro en medio de la guerra.

Cuando el tiempo se agotó, sus amigos y familiares le suplicaron que se quedara. "Estás en casa", le decían. "Los alemanes son el enemigo, no les debes nada". El gobierno británico incluso se enteró del caso y se mantuvo en silencio, esperando que el capitán se quedara. Pero Robert Campbell tenía una brújula moral diferente.

Fiel a su palabra, Campbell se despidió de su madre moribunda y cruzó de nuevo el Canal de la Mancha. Viajó a través de los Países Bajos y se presentó en la frontera alemana. Los guardias no podían creer lo que veían: un oficial británico regresando por su propia cuenta a una prisión de guerra.

Regresó a Magdeburgo y se entregó a las autoridades. Cumplió su palabra hasta el último día de la guerra en 1918.

Robert Campbell sobrevivió a la guerra y vivió hasta los 81 años. Su historia fue enterrada en los archivos del Ministerio de Relaciones Exteriores británico durante casi un siglo. No fue hasta que un historiador encontró las cartas en 2013 que el mundo supo de este acto de integridad absoluta.

La historia de Campbell se convirtió en el ejemplo definitivo de lo que significa ser un hombre de palabra en un mundo que ha olvidado el valor de la promesa. Él no salvó una nación, pero salvó algo igual de importante: la idea de que la decencia humana puede sobrevivir incluso en la trinchera más oscura.

De la red. 

LA VERDAD SOBRE CONSTANTINO


LA VERDAD SOBRE CONSTANTINO
Por Frank Morera
 
En su libro “América en la Profecía” la autora del mismo y creadora del Adventismo moderno, Ellen G. White nos dice en el Prefacio, pág. 11.
 
"Al revelarme el Espíritu de Dios las grandes verdades de su Palabra y las escenas del pasado y de lo porvenir se me ordeno hacer un bosquejo de la Historia de la lucha en las edades pasadas".
 
En este libro de características proféticas (según la autora declara) ella nos dice en el Capitulo 3 página 50:
 
"A principios del siglo IV el emperador Constantino expidió un decreto que hacia del Domingo un día de fiesta pública en todo el imperio Romano. El día del sol fue reverenciado por sus súbditos paganos y honrado por los cristianos".
 
Al igual que la señora White todos los Protestantes han atacado a Constantino y lo han acusado de corromper a la Iglesia, haciendo de ella la religión oficial del Imperio Romano, claro que la señora White no es fiable como profeta ya que en el mismo libro "América en la Profecía" dice en las paginas 201, 208 y 209 que en el siglo venidero (Siglo XX o XXI) las Iglesias protestantes se unirían a la Iglesia católica y el catolicismo junto con los fieles ganados del protestantismo y el gobierno harían del Domingo un día obligatorio de descanso para todos y perseguirán a los que no lo observaran. Como profeta le fue muy mal pues a ocurrido todo lo contrario, cada día se observa menos el Domingo por el estado y el protestantismo cada día se aleja mas de la Iglesia Católica.
 
¿Por qué este odio a Constantino? ¿Cuál es la verdadera historia de este hombre que se le ha acusado nada menos que de ser el fundador de la Iglesia Católica?
 
Constantino fue el hijo de Constancio Cloro, gobernador de Bretaña, Galia y España como César y de Helena, mujer piadosa y profundamente cristiana.
 
A la muerte de su padre en el año 306 Constantino es aclamado como César en York, Gran Bretaña, no llegó a ser emperador único hasta que venció al ultimo de sus rivales, Licinio, en el año 323.
 
Su relación con el Cristianismo no estuvo clara hasta el año 312, cuando en su marcha hacia Roma para dar la batalla definitiva por la supremacía del imperio contra su rival Majencio, tuvo una visión en el cielo de una Cruz con estas palabras: "en este signo vencerás".
 
Constantino venció a Majencio en el puente Milvio cerca de Roma con una tropa muy inferior al numero de su oponente, que había confiado en los oráculos paganos de que ganaría la batalla.
 
En el año 313 Constantino y Licinio acuerdan en Milán asegurar la tolerancia hacia los Cristianos, acto conocido como el Edicto de Milán, aunque en realidad fue firmado en el Asia Menor. Este edicto terminaba la persecución de los Cristianos por el estado y es el que ha dado la pauta a personas sin ningún conocimiento histórico a decir que Constantino fundo la Iglesia Católica. ¿Qué decía este edicto?
El Edicto de Milán redactado por Constantino y Licinio en Milán y firmado en Nicomedia en junio del 313 decía en parte así:
 
"Durante largo tiempo ha sido nuestra intención que no solo no se negase la libertad de culto sino que todos tengan el derecho a practicar su religión tal como la elija. Por tanto, hemos dado ordenes de que tanto a cristianos como a todos los demás se le permita guardar la fe de su propio culto… a cerca de los Cristianos que se elimine todo aquello que pareciera injustificado o extraño a nuestra clemencia, y que de ahora en adelante todo aquel que desee observar la forma cristiana de culto le sea permitido hacerlo sin obstáculo alguno. Tu dedicación comprenderá que el permiso se ha dado también a otros que deseen seguir sus propias observancias y forma de culto, para que cada uno pueda tener potestad para escoger y practicar cualquier forma que escoja. Esto lo hemos hecho para que no parezca que hemos menospreciado ningún rito ni forma de culto en manera alguna."
 
¿Qué ha sucedido? Hagamos un poco de historia.
 
El imperio Romano fue por naturaleza propia tolerante con toda forma de culto y de adoración, fue política imperial traer el culto y los dioses de los vencidos y hacerlos parte de Roma. En el imperio florecían los cultos egipcios, persas, babilonios, griegos y Judío, junto a la religión oficial de Roma, e inclusive un culto al emperador. ¿Qué sucedió que el cristianismo fue tan cruelmente combatido? ¿Por qué tuvieron que morir decenas de miles de hombres mujeres y niños por proclamar su Fe?
 
La respuesta es sencilla: los demás cultos eran sincréticos y se fundían unos con otros, el Cristianismo sólo aceptaba el Dios de Jesús. Los demás cultos efectuaban cada año sin problemas de conciencia ninguno la adoración exigida de todo ciudadano al César al quemar incienso delante de una estatua del emperador y recitar "Cesar es Señor". Los cristianos se negaban y aducían que "solo Jesús es Señor", el estado, la religión oficial y la sociedad se sintió amenazada por esta nueva Fe. Al Cristianismo se le persiguió de forma aterradora, en el 303 (tres siglos después de la Ascensión de Jesús) comenzó la persecución mas severa que la Fe Cristiana había experimentado hasta el momento. Esta ocurrió bajo el Emperador Diocleciano y abarcó a todo el imperio, desde Gran Bretaña hasta el oriente, los cristianos fueron echados a las fieras, quemados vivos, torturados, exterminados en masa, ciudades enteras fueron rodeadas por los soldados imperiales e incendiadas con todos sus habitantes cristianos dentro.
 
Constantino detuvo este horror y proclamo algo parecido a lo que todo el mundo reclama hoy y que es parte de la Declaración de los Derechos Humanos, libertad religiosa y de conciencia para todos. ¿Por qué el odio a Constantino? ¿Cuáles son las principales inculpaciones y como contestarlas?
 
1) Constantino declaró al Catolicismo Religión oficial del estado y así comenzó la decadencia de la Fe Cristiana.
FALSO. El historiador Kenneth Scott Latourette en su libro "Historia de la Iglesia" Editado por "Casa Bautista de Publicaciones", en la pagina 132 dice:
 
"La política de Constantino fue de tolerancia. Él NO HIZO DEL CRISTIANISMO LA RELIGIÓN ÚNICA DEL ESTADO. Esto habría de suceder mas tarde bajo el dominio de emperadores posteriores. El continuó apoyando tanto al paganismo como al cristianismo. Como vimos anteriormente en el extracto del Edicto de Milán se proclamaba la libertad de culto".
 
2) Constantino hizo del Domingo el día de adoración oficial del imperio.
 
FALSO. El mismo historiador protestante Kenneth S. Laturette nos dice en la pagina 132 de su libro "Historia del Cristianismo" Editado por "Casa Bautista de Publicaciones" lo siguiente:
 
"El día de descanso de los cristianos fue por decreto puesto en la misma posición legal que los días de fiestas paganos".
 
3) Constantino realzó el poder de Roma como centro de la Iglesia católica.
 
FALSO. Es más, hizo lo contrario, trasladó la capital del Imperio a Bizancio, más tarde conocida como Constantinopla, haciendo de Roma una ciudad de segundo orden. Utilizó todo su poder político para que el Obispo de Roma se trasladara a su nueva capital. Cosa que el Papa no hizo y que siglos más tarde daría pie a la primera división de la Iglesia en la Ortodoxa y la Latina.
 
4. Constantino presidía los concilios.
 
FALSO. Según los estatutos del Imperio sólo el Emperador podía llamar a una reunión de tal magnitud donde se abarcara en Imperio en toda su extensión. Preocupado por la falta de cohesión de la Doctrina Cristiana y por las luchas intestinas de los diferentes grupos llamó a varios Concilios entre ellos el de Arles y el de Nicea, donde dijo las palabras iniciales y después se retiró dejando a los Obispos con el Nuncio del Papa Silvestre. Nuestra Doctrina y el Credo de Nicea que es la Fe de la Mayoría de las Denominaciones Cristianas surgieron de este Concilio, si fuera como dicen los Protestantes, toda la Doctrina Cristiana, inclusive la de ellos, estuviera totalmente viciada.
 
Constantino murió en el año 337 poco después de recibir el Bautismo.
 
¿Quién fue Constantino?
 
La mayoría de los historiadores serios están de acuerdo en afirmar que la conversión de Constantino fue sincera, su madre fue una santa mujer con una Fe firme y sincera en Cristo, una vez, con todo el poder imperial, hizo tantos favores a los cristianos que no se pueden abarcar en estas pocas paginas. Restauró las propiedades de culto cristianos desbastadas por las persecuciones, edificó grandes basílicas en el Monte de los Olivos, en Belén, sobre el Santo Sepulcro, sobre la tumba de Pedro, apoyó las caridades cristianas, fortaleció la institución del Matrimonio totalmente desacreditada en Roma, condeno la adivinación, prohibió el combate de Gladiadores y la crucifixión, fue un laico católico comprometido con la pureza de la Fe, para eso convocó varios concilios en calidad de representante máximo del imperio, advirtió a los otros emperadores que no persiguieran a los cristianos. El historiador también protestante, Dr. Timothy D. Barnes, en su libro "Constantino y Eusebio" en la pagina 275 dice:
 
"Después del 312 Constantino considero que su principal deber como emperador era inculcar en sus súbditos la virtud y persuadirles para que adoraran a Dios…"
 
Si nos quedara alguna duda, podemos ver en su mejor obra, sus hijos, que legado dejó. Dice Kenneth Laturrette en la página 133 de su "Historia de la Iglesia", pág. 133:
 
"Los tres hijos de Constantino que sucesivamente le siguieron en el trono, apoyaron de una manera más decidida la Fe Cristiana, que como lo hizo su padre. El tercero, Constancio, mandó que cesara la superstición y que la locura de los sacrificios fueran abolidas y quito" del senado la estatua de la diosa Victoria. Mandó que fueran cerrados los templos paganos, las procesiones y sus fiestas".
 
Decididamente Constantino terminó la cruenta persecución de los Cristianos y les dio un estatus igualitario en cuanto a las demás religiones del imperio.
 
¿Cómo era esta Iglesia que emergió de las Catacumbas y que sobrevivió la terrible persecución?
Características de la Iglesia que emerge protegida por el Edicto de Milán:
 
A) ¿Qué culto celebraba la Iglesia antes de Constantino y que este ya encontró organizada?
 
No era un culto de pandereta y milagros espectaculares. Dejemos que sea el Obispo Ignacio de Antioquía en su Carta a la Iglesia de Filadelfia en el año 107 DC quién lo diga:
 
"poned pues todo ahínco en usar de una sola Eucaristía; porque una sola es la carne de Nuestro Señor Jesucristo y un solo cáliz para unirnos con su Sangre. Un solo Altar así como no hay mas que un solo Obispo , junto a los Presbíteros y Diáconos consiervos míos".
 
B) ¿Cómo era esta Eucaristía? Dejemos que sea el Mártir Justino quien nos la describa en el año 155 DC, en su carta al emperador Antonino Pío.
 
Cualquier parecido a nuestra Misa 1845 años después NO es coincidencia.
 
"El día que ustedes llaman “día del sol” tiene lugar la reunión en un mismo sitio de todos los que habitan en la ciudad o en el campo".
 
Se leen las memorias de los Apóstoles y los Escritos de los Profetas, cuando el lector ha terminado, el que preside toma la palabra para incitar y exhortar a la imitación de tan bellas cosas. (esta es nuestra actual liturgia de la Palabra). Luego nos levantamos y oramos por nosotros y por todos los demás donde quiera que estén a fin de que seamos hallados justos en nuestra vida y nuestras acciones y seamos fieles a los mandamientos para alcanzar la salvación eterna (nuestra oración de los fieles hoy). Luego se lleva la que preside pan y una copa con vino y agua mezclado. El que preside los toma y eleva alabanzas y gloria al Padre del Universo por el nombre del Hijo y del Espíritu Santo y da gracias largamente porque hallamos sido juzgados dignos de estos dones (esta es nuestro ofertorio y la liturgia Eucarística).
 
Cuando el que preside ha hecho la acción de gracias y el pueblo ha dicho Amen, los que entre nosotros se llaman Diáconos distribuyen todos los que están presente este pan y vino Eucaristizados. (Nuestra Comunión). Porque no tomamos estos alimentos como si fueran un pan o una bebida común, sino que así como Cristo, Nuestro Salvador se hizo carne y sangre a causa de nuestra salvación, de la misma manera hemos aprendido que el que recita la Acción de Gracias (Eucaristía) que contiene las palabras de Jesús y que con que se alimenta y transforma nuestra sangre y nuestra carne es precisamente la carne y la sangre de aquel mismo Jesús que se encarnó".
 
Como vemos, los cristianos del Siglo II celebraban ya la Eucaristía tal como la celebra la Iglesia hoy.
C) ¿Cómo estaba estructurada esta Iglesia que salió de las Catacumbas?
 
Estudiemos lo que nos dice el Obispo Ignacio de Antioquía en su Carta a los Tralianos, año 107:
 
"Ahora que por vuestra parte todos habéis también de respetar a los Diáconos como a Jesucristo, lo mismo digo del Obispo que es prefigura del Padre y de los Presbíteros que representan el Senado de Dios y el Colegio de los Apóstoles si quitan esto NO HAY IGLESIA".
 
Como vemos era una Iglesia estructurada tal como hoy esta estructurada la Iglesia Católica.
D) ¿Qué día guardaban los Cristianos de la Iglesia de la persecución?
 
El mismo Obispo Ignacio de Antioquía nos lo relata en su carta a la Comunidad de Magnesia y ya vimos el testimonio de Justino Mártir en el inciso “B”.
 
"Ahora bien, si los que se habían criado en el antiguo orden de cosas vinieron a la novedad de la esperanza no guardando ya el sábado sino viviendo el Domingo, día en que amaneció nuestra vida".
 
Como vemos la Iglesia de la Prosecución ya guardaba desde el Siglo II el Domingo como día de Adoración.
 
E) ¿Qué nombre se le daba a la Iglesia de los Mártires que vivió la persecución?
 
El Obispo Ignacio de Antioquía es quien le da el nombre, recordemos que el nombre de Cristianos también se le dio por primera vez en esta ciudad. En su Carta a la Iglesia de Esmirna, año 107 se utiliza el nombre por primera vez y que más tarde quedará como nombre propio.
 
"Donde quiera que esta el Obispo, allí este la muchedumbre, de modo que donde este Jesucristo, este la Iglesia Católica. Sin el permiso del Obispo no les es licito celebrar la Eucaristía".
 
Vemos que a la Iglesia del siglo II ya se le conocía como Iglesia Católica, tal como se le conoce hoy.
F) ¿Quién era la fuente de autoridad de esta Iglesia que Constantino liberó de la persecución y la muerte?
En el año 95 estalló una gran disputa en la Iglesia de Corinto que ya Pablo la veía venir en sus epistolares necesario recalcar que la Iglesia de Corintos está en territorio Griego y que en esos años vivía en Éfeso, muy cerca de Corinto el Apóstol Juan, el amado del Señor. Los Corintios en contra de toda lógica, en vez de acudir a la autoridad del último Apóstol vivo se remiten al Obispo de Roma, un Obispo extranjero y aceptan su decisión, terminando el cisma tan pronto llega la respuesta del Papa Clemente, de cuya carta a los Corintios extraemos un párrafo. Véase con que autoridad escribe Clemente en el año 99 DC:
 
"Les escribimos para amonestarlos, ustedes los que fueron causa de sedición sométanse a sus Presbíteros y reciban su corrección con arrepentimiento. Mas si alguno desobedeciere las amonestaciones que yo les envío, sepan que se harán reos de un gran pecado y se expondrán a un gran peligro".
 
Confirmando este tema les expongo un fragmento de la carta del Papa Cornelio I a el Obispo Fabio de Antioquía, fechada en el año 251:
 
"Así pues, ¿no sabias que en una Iglesia Católica solo debe haber un Obispo al frente de la comunión?"
Como queda demostrado, en la Iglesia que existía antes de Constantino, el orden lo tenía el Obispo de Roma.
 
¿QUE REACCION TUVIERON LOS CRISTIANOS AL EDICTO DE MILÁN Y A CONSTANTINO?
El primer historiador de la Iglesia, el Obispo Eusebio de Cesárea, nos escribe sobre el año 316 lo siguiente:
 
"Las gentes perdieron ahora el temor de sus anteriores opresores y celebraron brillantes festejos. Resplandecía la luz por doquier y los hombres que antes andaban decaídos se saludaban ahora con rostros sonrientes y ojos gozosos. Con danzas y cánticos en la ciudad y en el campo, daban honor primero al Dios supremo, como habían sido instruidos, y luego al piadoso emperador y a sus hijos, amados por Dios. Se olvidaron las antiguas angustias, se desvaneció toda impiedad; se gozaba de las bondades presentes y se anticipaba las del porvenir".
 
Por este escrito emocionante vemos la alegría del pueblo cristiano por haber sido rescatados de la muerte y de la persecución por Constantino. Hubiera querido ver a los que hoy acusan al Emperador en esa época... ¿se disgustarían al saber que sus hijos ya no van a ser pastos de las fieras? Es muy fácil hacer un juicio 1700 años después sin conocimientos históricos y llevados por los prejuicios y la información manipulada.
En su libro número 10, Eusebio nos narra sus consideraciones sobre las medidas de Constantino, dejemos hablar al Obispo de Cesárea:
 
"Por ello cantare ahora el nuevo cántico, porque después de aquellas sombrías y horrendas escenas y narraciones (el martirio) he tenido el privilegio de ver y celebrar lo que muchos justos y mártires de Dios antes que yo desearon ver y no vieron, quisieron oír y no oyeron. Me encuentro absolutamente atónito ante la magnitud de la Gracia que nos ha dado y le ofrezco toda mi maravilla y adoración. A partir de ahora resplandeció sobre la Iglesia de Cristo por todo el mundo, un día sin nubes, radiante y bañado de rayos de luz celestial . De modo que los hombres quedaron libre de la opresión del tirano y rescatados de sus antiguas desgracias, reconocieron en diversas maneras que el Defensor de los piadosos era el Dios único y verdadero.Pero especialmente nosotros, los que habíamos esperado en Cristo, teníamos una dicha inenarrable al ver lugares que poco antes habían sido desbastados y que ahora revivían y como los templos volvían a levantarse desde sus cimientos a grandes alturas.
 
Luego vino el espectáculo por el que todos habíamos orado y anhelado fiestas de dedicación en las ciudades y consagración de las nuevas casas de culto, conferencias de Obispos y unidad entre los miembros del Cuerpo de Cristo. Había un poder del Espíritu divino infundido en todos sus miembros mientras los sacerdotes ordenados observaban lo sagrados ritos de la Iglesia cantando salmos y ministrando el Culto Divino todo bajo el símbolo de la Pasión del Salvador. Varones y mujeres daban gloria a Dios, el autor de su felicidad con todo el Corazón".
 
Finalmente tenemos este dato como resumen:
 
El Edicto de Milán (en latín, Edictum Mediolanense), conocido también como, La tolerancia del cristianismo, fue promulgado durante su gobierno en Milán en el año 313. En el momento de la promulgación del edicto, existían en el Imperio cerca de 1.500 sedes episcopales y ya habían pasado nada más y nada menos que 33 PAPAS:
 
1.-San Pedro (Simón Bar Jona)2.- San Lino, Toscana, (67-76).3.- San Anacleto (Cleto), Roma (76-88)4.- San Clemente I (88-97)5.- San Evaristo, Grecia, (97-105) 6.- San Alejandro I, Roma, (105-115)7.- San Sixto I, Roma (115-125)8.- San Telésforo, Grecia, (125-136)9.- San Iginio, Grecia, (136-140)10.- San Pío I,Aquileia, (140-155)11.- San Aniceto, Siria, (155-166)12.- San Sotero, Campania, (166-175)13.- San Eleuterio, Grecia, (175-189)14.- San Víctor I Africa (189-199) 15.- San Ceferino (199-217)16.- San Calixto I, (217-222)17.- San Urbano I (222-230)18.- San Ponciano (230-235)19.- San Anterus (Grecia) (235)20.- San Fabian (236-250)21.- San Cornelio (251-253)22.- San Lucio I (253-254)23.- San Esteban I (254-257)24.- San Sixto II (Grecia) (257-258)25.- San Dionisio (259-268) 26.- San Felix I (269-274)27.- San Eutiquiano (275-283)28.- San Cayo (Dalmacia) (283-296)29.- San Marcelino (296-304)30.- San Marcelo I (308-309)31.- San Eusebio, Grecia (309-309)32.- San Melquiades o Miltiades, Africa (311-314)33.- San Silvestre I (314-335)
 
Como ven, la Iglesia Católica y Apostólica existía tres siglos antes de el Emperador Constantino, tenemos los datos y fechas que dan históricamente constancia de esta absoluta verdad.
 
El Emperador Constantino no fue un santo, la Iglesia que canonizó a su madre Santa Helena, jamás intentó hacer lo mismo con su hijo, a pesar de todo lo que él hizo por ella, como hombre tuvo aciertos y errores, pero esta es la obra de Constantino, ¿Quién se atreverá a criticarla después de oír a la Iglesia que sufrió y permaneció fiel?
 
Para los que condenan a Constantino llevados por el odio a la Iglesia Apostólica les recuerdo el pensamiento de Marco Aurelio:
 
"quien comete injusticia se hace daño a si mismo".
 
Tengan Paz+
 
De la red.