
Desarrollos internos, contactos culturales, convergencias funcionales e hipótesis de transmisión
Después
de reconstruir por separado la historia del mālā de Asia Meridional,
las cuerdas de oración del cristianismo oriental, la formación medieval
del rosario latino y el problema todavía abierto del origen de la
misbaha islámica, corresponde ordenar comparativamente las principales
teorías sobre sus relaciones históricas.
La pregunta por las influencias es legítima.
Pero también puede ser engañosa.
Cuando dos tradiciones religiosas utilizan objetos parecidos, la explicación más inmediata suele ser imaginar una copia.
Una religión inventó el dispositivo.
Otra lo observó.
Una tercera lo adaptó.
Y así habría surgido una cadena continua de transmisión.
Sin embargo, la historia comparada de las cuentas de oración no ofrece una genealogía tan sencilla.
Lo que encontramos es algo más complejo:
tradiciones antiguas de repetición ritual;
distintas tecnologías de conteo;
objetos materiales que no siempre pueden identificarse arqueológicamente;
regiones conectadas por comercio, conquista, peregrinación y vida monástica;
y comunidades religiosas que convivieron durante siglos.
Por eso, antes de intentar establecer relaciones de influencia, debemos distinguir varios procesos históricos diferentes.
No es lo mismo:
inventar una práctica repetitiva;
inventar una tecnología de conteo;
convertir objetos sueltos en una sarta;
copiar la forma material de otra comunidad;
adaptar un dispositivo conocido a una práctica propia;
o desarrollar independientemente una solución semejante.
Gran parte de la confusión sobre el origen de las cuentas de oración procede de mezclar todos estos niveles.
REPETICIÓN RITUAL, CONTEO Y SARTA: TRES PROBLEMAS HISTÓRICOS DIFERENTES
Las religiones no necesitaron cuentas para descubrir la repetición.
La repetición ritual es mucho más antigua que cualquiera de los dispositivos estudiados en esta monografía.
Oraciones, fórmulas, nombres divinos, himnos, mantras, postraciones y aclamaciones pueden repetirse sin ningún objeto.
Tampoco toda forma de conteo requiere una sarta.
Se puede contar mediante:
los dedos;
las falanges;
piedras;
semillas;
marcas;
nudos;
tablillas;
o grupos de objetos.
La sarta representa un paso material adicional.
Consiste en convertir unidades separadas en un dispositivo portátil, reutilizable y relativamente estable.
Esta distinción cambia completamente el problema.
La existencia de oración repetitiva en dos religiones no demuestra influencia.
La existencia de conteo ritual tampoco.
Incluso la existencia de cuentas perforadas puede ser ambigua.
La
comparación histórica se vuelve realmente interesante cuando aparecen
dispositivos suficientemente estructurados y contextos de contacto
capaces de explicar una transmisión.
EL MĀLĀ COMO ANTECEDENTE ANTIGUO Y EL PROBLEMA DE LA DESCENDENCIA DIRECTA
Entre
las tradiciones examinadas, los dispositivos de cuentas de Asia
Meridional poseen la mayor profundidad histórica claramente anterior al
cristianismo medieval y al islam.
El
mālā se encuentra asociado a prácticas religiosas hindúes, budistas y
jainas dentro de una larga historia de repetición ritual.
Su existencia demuestra algo importante.
La
tecnología de organizar repeticiones mediante una sarta de unidades ya
era conocida en Asia mucho antes de la formación del rosario latino y de
la aparición documentable de la misbaha.
Esto convierte al mālā en un antecedente histórico fundamental.
Pero “antecedente más antiguo” no significa automáticamente “antepasado directo de todos los dispositivos posteriores”.
Para demostrar una genealogía necesitamos algo más que antigüedad.
Necesitamos una ruta.
Necesitamos contacto.
Necesitamos cronología compatible.
Y, en el mejor de los casos, necesitamos documentación que permita seguir la transformación.
La secuencia:
mālā → komboskini → misbaha → rosario
es imaginable.
También lo es:
mālā → misbaha → rosario.
O incluso:
mālā → mundo iranio → islam.
Pero ninguna de estas cadenas está documentada de manera continua.
La antigüedad del mālā lo convierte en un candidato importante dentro de cualquier historia global de las cuentas de oración.
No lo convierte automáticamente en el ancestro demostrado de todas ellas.
LA KOMBOSKINI Y LAS ANTIGUAS TRADICIONES CRISTIANAS DE CUERDAS DE ORACIÓN
El cristianismo oriental desarrolló tempranamente prácticas de oración repetitiva dentro del monacato de la Antigüedad tardía.
Egipto, Palestina, Siria y posteriormente el mundo bizantino constituyeron espacios fundamentales para esa historia.
Las tradiciones sobre Pacomio sitúan el uso de sistemas de conteo en el siglo IV.
La documentación exacta de la komboskini como objeto plenamente formado es más difícil de establecer.
Pero el contexto general resulta históricamente sólido:
monacato;
repetición de oraciones;
conteo;
postraciones;
disciplina ascética;
y progresivo desarrollo de cuerdas de oración.
Desde
el punto de vista cronológico, esto convierte al cristianismo oriental
en un candidato especialmente importante para cualquier teoría sobre
influencias posteriores en Asia Occidental y el Mediterráneo.
Cuando el islam surgió en el siglo VII, no apareció en un vacío religioso.
Las
regiones conquistadas por los primeros califatos contenían algunas de
las comunidades monásticas más antiguas del cristianismo.
Egipto estaba lleno de monasterios.
Palestina poseía importantes centros ascéticos.
Siria y Mesopotamia albergaban numerosas comunidades cristianas.
El mundo iranio estaba conectado con tradiciones cristianas, centroasiáticas e indias.
Por
tanto, el contacto entre musulmanes y cristianos que utilizaban
tecnologías de oración repetitiva no es una posibilidad remota.
Es parte del contexto histórico general.
Lo que todavía falta es la prueba de una transmisión específica.
LA HIPÓTESIS DE UNA INFLUENCIA DE LA KOMBOSKINI SOBRE LA MISBAHA
Esta es una de las hipótesis más intuitivas.
La secuencia sería:
los monjes cristianos orientales ya utilizaban cuerdas de oración;
los musulmanes entraron en contacto con ellos;
las prácticas de dhikr generaron una necesidad semejante de conteo;
el dispositivo fue adaptado al islam.
La hipótesis posee varias fortalezas.
Primero, existe compatibilidad cronológica.
Segundo, existe proximidad geográfica.
Tercero, existe contacto histórico prolongado.
Cuarto, ambas tradiciones desarrollaron formas intensas de oración repetitiva.
Quinto, las sociedades islámicas tempranas incorporaron territorios con grandes poblaciones cristianas.
Pero también existen problemas.
La komboskini clásica es principalmente una cuerda de nudos.
La misbaha utiliza normalmente cuentas rígidas.
Las fórmulas recitadas son diferentes.
Las estructuras numéricas también pueden serlo.
Y, sobre todo, no poseemos un testimonio temprano que documente el acto de adopción.
Por eso la formulación rigurosa no puede ser:
“La misbaha procede de la komboskini.”
Debe ser:
“El
contacto con las cuerdas de oración cristianas orientales constituye
una de las posibles vías históricas de influencia sobre la formación o
difusión de la misbaha.”
La diferencia entre ambas frases es enorme.
La primera afirma una genealogía.
La segunda identifica una hipótesis compatible con el contexto.
LA COINCIDENCIA DE LAS 33 UNIDADES EN EL CRISTIANISMO ORIENTAL Y EL ISLAM
La presencia de dispositivos de 33 unidades en el cristianismo oriental y en el islam resulta inevitablemente llamativa.
Una komboskini puede tener 33 nudos.
Una misbaha puede tener 33 cuentas.
En el cristianismo, el número suele relacionarse con los años tradicionales de la vida terrenal de Jesús.
En el islam, la estructura de 33 aparece vinculada a fórmulas de glorificación repetidas después de la oración.
La coincidencia puede interpretarse de tres maneras.
Primera posibilidad:
transmisión directa.
Una tradición habría adoptado el número o el dispositivo de la otra.
Segunda posibilidad:
adaptación de una forma material existente.
Una comunidad pudo conocer una sarta de 33 unidades y reinterpretarla mediante su propio sistema religioso.
Tercera posibilidad:
convergencia independiente.
Dos tradiciones diferentes pudieron llegar al mismo número por razones internas distintas.
La evidencia disponible no permite elegir con seguridad entre estas posibilidades.
Y aquí aparece una regla fundamental de la comparación histórica:
una coincidencia puede ser una pista.
No es todavía una prueba.
El número 33 merece ser registrado porque podría adquirir importancia si aparecieran nuevas evidencias textuales o materiales.
Pero, aislado, no demuestra que la misbaha copie a la komboskini ni que la komboskini copie a la misbaha.
LA HIPÓTESIS INDOIRANIA Y LAS RUTAS ENTRE ASIA MERIDIONAL Y EL MUNDO ISLÁMICO
La teoría indoirania parte de una observación diferente.
Las cuentas de oración existían desde antiguo en Asia Meridional.
India estaba conectada con Irán.
Irán estaba conectado con Asia Central.
Y
después de las conquistas islámicas, estas regiones quedaron integradas
en redes políticas, comerciales e intelectuales cada vez más amplias.
La secuencia hipotética sería:
tradiciones de mālā en Asia Meridional;
circulación hacia regiones iranias y centroasiáticas;
adaptación por comunidades musulmanas;
difusión posterior hacia otras regiones del islam.
Esta teoría resulta especialmente atractiva porque el mundo iranio funcionó durante siglos como una gran zona de contacto.
No era simplemente una frontera entre “India” y “Asia Occidental”.
Era un complejo espacio de circulación que conectaba:
Jorasán;
Transoxiana;
Afganistán;
el noroeste del subcontinente indio;
Mesopotamia;
el golfo Pérsico;
y las rutas hacia el Mediterráneo.
En ese mundo circularon:
mercaderes;
monjes;
peregrinos;
soldados;
esclavos;
artesanos;
místicos;
textos;
y objetos.
Además, algunas regiones de Asia Central habían albergado importantes comunidades budistas antes de su islamización.
Por tanto, la idea de una transmisión de tecnologías devocionales a través de estas redes no es geográficamente extravagante.
Sin embargo, la misma cautela vuelve a ser necesaria.
No tenemos una cadena documental continua:
mālā → comunidad budista o hindú → Irán → sufíes → misbaha.
Tenemos regiones conectadas.
Tenemos cronologías posibles.
Tenemos semejanzas funcionales.
Pero todavía no poseemos la secuencia demostrada.
EL SUFISMO COMO POSIBLE RED DE ADOPCIÓN, TRANSFORMACIÓN Y DIFUSIÓN
El sufismo ocupa una posición central en muchas teorías sobre la misbaha.
Esto tiene sentido.
Las prácticas sufíes de dhikr podían requerir grandes cantidades de repeticiones.
Las comunidades sufíes desarrollaron redes extensas.
Y esas redes atravesaban algunas de las regiones más importantes para nuestra investigación:
Irak;
Irán;
Jorasán;
Asia Central;
Siria;
Egipto;
Anatolia;
y Asia Meridional.
La misbaha era perfectamente funcional para esas prácticas.
Pero debemos distinguir nuevamente dos problemas.
Una comunidad puede popularizar un objeto sin haberlo inventado.
Una red puede difundir una tecnología cuyo origen es anterior.
Por
eso el papel histórico del sufismo puede formularse con mayor seguridad
como una hipótesis de difusión que como una teoría de invención.
Los sufíes pudieron:
adoptar dispositivos existentes;
estandarizar su uso;
integrarlos en disciplinas de dhikr;
transportarlos mediante sus redes;
y convertirlos en objetos visibles de la cultura islámica.
Todo eso es compatible con la evidencia histórica general.
Lo que no sabemos es si la primera misbaha nació precisamente dentro de una comunidad sufí.
LA HIPÓTESIS DE UNA INFLUENCIA DE LAS CUERDAS CRISTIANAS ORIENTALES SOBRE EL ROSARIO LATINO
La relación entre cristianismo oriental y cristianismo latino plantea otro problema.
Las cuerdas de oración orientales son anteriores a la forma plenamente desarrollada del rosario.
Además, Oriente y Occidente cristianos nunca estuvieron completamente aislados.
Hubo:
peregrinaciones;
monasterios;
traducciones;
comercio;
diplomacia;
migraciones;
guerras;
y circulación de prácticas religiosas.
Por tanto, es razonable preguntar si el rosario latino pudo inspirarse en dispositivos orientales.
La hipótesis es posible.
Pero tampoco está demostrada.
El rosario occidental posee una historia interna considerablemente reconstruible.
El salterio de 150 salmos.
La sustitución por oraciones breves.
Los Paternosters.
El Salterio de la Virgen.
Las Avemarías.
Las meditaciones cartujas.
Las cofradías.
La organización dominica.
La consolidación de misterios y decenas.
No necesitamos postular una copia de la komboskini para explicar la formación del rosario.
Eso no significa que no hubiera influencia.
Significa que la influencia no es necesaria como explicación única.
Una
práctica occidental puede haber desarrollado su propia trayectoria y,
al mismo tiempo, haber existido dentro de un cristianismo donde
circulaban conocimientos sobre otras formas de oración repetitiva.
La alternativa no es siempre:
origen autónomo
o
copia.
Puede existir desarrollo interno con influencias externas parciales.
LA HIPÓTESIS DE UNA INFLUENCIA DE LA MISBAHA SOBRE EL ROSARIO LATINO
Esta teoría ha sido repetida con frecuencia en relatos populares.
Suele imaginarse una de varias rutas:
las Cruzadas;
la península ibérica;
Sicilia;
el comercio mediterráneo;
o contactos franciscanos con el islam.
La
idea general sería que los cristianos occidentales conocieron las
cuentas musulmanas y adaptaron el dispositivo a la oración cristiana.
La hipótesis no es absurda desde el punto de vista del contacto cultural.
Latinos y musulmanes convivieron y combatieron durante siglos.
En al-Ándalus, Sicilia, el Mediterráneo oriental y las ciudades comerciales circularon numerosos objetos y prácticas.
Pero existe un problema cronológico importante.
En
Occidente ya existían formas de conteo religioso y cordones de
Paternosters antes de que podamos demostrar una transferencia específica
desde la misbaha.
Además, el desarrollo del rosario puede reconstruirse mediante procesos internos del cristianismo latino.
Por tanto, la afirmación:
“El rosario fue copiado de la misbaha”
no está respaldada por la evidencia disponible.
Podemos hablar de contacto.
Podemos investigar posibles influencias.
No podemos convertirlas en una genealogía establecida.
LA HIPÓTESIS DE UNA INFLUENCIA DEL ROSARIO LATINO SOBRE LA MISBAHA
La dirección contraria también ha sido propuesta.
Según
algunas versiones, los musulmanes habrían adoptado las cuentas
cristianas durante las Cruzadas o mediante el contacto con europeos.
Esta hipótesis enfrenta dificultades semejantes.
El islam ya poseía prácticas antiguas de dhikr y sistemas de conteo.
Además,
la posibilidad de contactos anteriores con cristianos orientales y con
tradiciones asiáticas hace innecesario imaginar que el dispositivo solo
pudo llegar desde el Occidente latino.
La propuesta de una introducción durante las Cruzadas puede conservarse como una hipótesis histórica minoritaria o especulativa.
No puede presentarse como la explicación establecida del origen de la misbaha.
FRANCISCO DE ASÍS Y LAS LEYENDAS MODERNAS DE TRANSMISIÓN ENTRE CRISTIANOS Y MUSULMANES
El
encuentro entre Francisco de Asís y el sultán al-Malik al-Kāmil en
Egipto, en 1219, constituye un hecho histórico extraordinariamente
atractivo.
Dos figuras religiosas.
Dos mundos en guerra.
Un encuentro personal.
La posibilidad de diálogo.
No sorprende que alrededor de ese episodio hayan surgido relatos sobre intercambios culturales y espirituales.
Pero el atractivo narrativo no sustituye la documentación.
No existe evidencia sólida de que Francisco:
introdujera la misbaha en el cristianismo;
llevara cuentas musulmanas a Europa;
inventara una nueva forma de rosario a partir de ellas;
o actuara como transmisor histórico decisivo entre ambos dispositivos.
La historia de Francisco resulta importante precisamente como ejemplo metodológico.
Un contacto real puede convertirse, siglos después, en el soporte de una genealogía imaginada.
La leyenda no aparece porque el encuentro sea falso.
Aparece
porque un hecho verdadero proporciona un escenario perfecto para
explicar un proceso que en realidad fue mucho más largo y complejo.
LAS CRUZADAS COMO CONTEXTO DE CONTACTO Y EL PROBLEMA DE CONVERTIR EL CONTACTO EN GENEALOGÍA
Algo semejante ocurre con las Cruzadas.
Entre los siglos XI y XIII, el Mediterráneo oriental se convirtió en un espacio de contacto intenso entre:
latinos;
bizantinos;
cristianos orientales;
musulmanes;
judíos;
mercaderes;
peregrinos;
soldados;
y comunidades locales.
Es indudable que circularon objetos y prácticas.
Por tanto, las Cruzadas deben formar parte del contexto histórico de cualquier investigación sobre posibles transferencias.
Pero una regla básica debe mantenerse:
contacto no equivale a transmisión demostrada.
Para pasar del contexto a la genealogía necesitamos identificar:
qué objeto circuló;
desde dónde;
hacia dónde;
en qué momento;
mediante qué comunidad;
y con qué transformación.
Sin esas evidencias, “durante las Cruzadas” puede convertirse simplemente en una fórmula para llenar un vacío documental.
EL PROBLEMA COMPARATIVO DE LAS PALABRAS “ROSARIO” Y “CAMÁNDULA”
La comparación se complica todavía más cuando el vocabulario de una tradición se aplica retrospectivamente a otra.
En español, “rosario” puede utilizarse de manera amplia para describir sartas de oración de religiones diferentes.
De ahí expresiones como:
rosario budista;
rosario musulmán;
rosario ortodoxo.
Estas fórmulas son comprensibles para el público general.
Pero pueden crear una falsa genealogía.
Llamar “rosario musulmán” a la misbaha no significa que proceda del rosario católico.
Llamar “rosario budista” al mālā no significa que el rosario sea la categoría histórica original.
El término funciona como analogía lingüística.
No como prueba de parentesco.
Algo parecido ocurre con “camándula islámica”.
En
algunas regiones hispanohablantes, camándula se convirtió en un término
popular para determinados objetos de cuentas religiosas.
Aplicarlo a la misbaha puede ayudar a un hablante a reconocer la función del objeto.
Pero históricamente no demuestra ninguna relación con las camándulas católicas.
El lenguaje cotidiano clasifica por semejanza.
La historia debe reconstruir genealogías mediante evidencia.
LA DIVERSIDAD DE DISPOSITIVOS CATÓLICOS Y EL ERROR DE IMAGINAR UN ÚNICO ROSARIO
La propia historia católica obliga a abandonar otra simplificación.
No ha existido un único dispositivo de cuentas inmutable.
El Occidente cristiano conoció:
cordones de Paternosters;
salterios marianos;
rosarios de distintas extensiones;
coronas;
camándulas;
decenarios;
y otras formas regionales de conteo devocional.
Esto
es importante porque demuestra que incluso dentro de una sola tradición
religiosa los dispositivos pueden multiplicarse, cambiar de nombre y
adquirir nuevas estructuras.
Por tanto, la semejanza entre objetos de religiones diferentes no debe evaluarse comparando cuatro formas modernas congeladas:
mālā;
komboskini;
rosario;
misbaha.
Cada una posee su propia historia interna.
La comparación correcta debe hacerse entre procesos.
DE LOS ÁRBOLES GENEALÓGICOS A LAS REDES HISTÓRICAS DE CIRCULACIÓN
Después de revisar todas las hipótesis, podemos descartar una imagen demasiado simple.
No poseemos evidencia suficiente para construir un árbol genealógico como este:
MĀLĀ
↓
KOMBOSKINI
↓
MISBAHA
↓
ROSARIO
Tampoco podemos invertirlo.
Ni podemos demostrar una cadena única que pase por las Cruzadas.
La evidencia actual permite construir algo diferente.
No un árbol.
Una red.
Dentro de esa red aparecen varios centros históricos.
ASIA MERIDIONAL
Antiguas tradiciones de repetición ritual y mālās.
MUNDO MONÁSTICO CRISTIANO ORIENTAL
Cuerdas de oración, nudos, repetición ascética y oración continua.
OCCIDENTE LATINO
Salterio monástico, Paternosters, devoción mariana, cartujos, dominicos y formación progresiva del rosario.
MUNDO ISLÁMICO
Dhikr
temprano, conteo con dedos y objetos, posterior aparición de la misbaha
y difusión mediante redes islámicas, especialmente sufíes.
Entre esos centros existieron corredores:
Irán;
Asia Central;
Mesopotamia;
Siria;
Palestina;
Egipto;
Anatolia;
el Mediterráneo;
el océano Índico;
y las rutas hacia Asia Meridional.
La historia probablemente ocurrió dentro de esa red.
Pero la densidad del contacto no nos permite reconstruir todavía todas las direcciones de influencia.
CONVERGENCIA, CONTACTO Y DESARROLLO INTERNO NO SON EXPLICACIONES EXCLUYENTES
Existe otro error posible.
Si no podemos demostrar una copia directa, podríamos concluir que todos los dispositivos surgieron independientemente.
Tampoco tenemos evidencia suficiente para eso.
Las culturas estudiadas no estaban aisladas.
Un desarrollo puede ser internamente comprensible y, al mismo tiempo, haber recibido estímulos externos.
Una comunidad puede conocer un objeto extranjero y no copiarlo literalmente.
Puede adoptar solo:
la idea de reunir unidades en un hilo;
un determinado número;
una forma de sostenerlo;
una técnica artesanal;
o la asociación entre conteo y disciplina espiritual.
Después puede transformar completamente el dispositivo.
Por eso la categoría más útil no siempre es “copia”.
En muchos casos debemos pensar en:
contacto;
adaptación;
convergencia;
reinvención;
resignificación;
y circulación.
LAS CUENTAS DE ORACIÓN COMO TECNOLOGÍAS RELIGIOSAS DE LA REPETICIÓN
Al observar los cuatro dispositivos en conjunto aparece una categoría más amplia.
Todos forman parte de una familia de tecnologías religiosas de la repetición.
Estas tecnologías permiten:
contar;
ritmar;
recordar;
concentrarse;
disciplinar el cuerpo;
estructurar el tiempo;
y materializar una práctica invisible.
Una oración desaparece en el momento en que se pronuncia.
Una cuenta permanece en la mano.
El dispositivo convierte una secuencia temporal en una estructura material.
Cada unidad recorrida representa una repetición realizada.
La mano, la voz, la memoria y el objeto quedan coordinados.
Esta función ayuda a explicar por qué dispositivos semejantes pueden aparecer en tradiciones diferentes.
No necesitamos imaginar una esencia religiosa universal.
Basta reconocer un problema práctico recurrente:
¿cómo organizar muchas repeticiones sin perder la cuenta y sin abandonar la concentración?
Las cuentas, los nudos y los dedos son distintas respuestas materiales a ese problema.
LA TRANSFORMACIÓN DE LAS PRÁCTICAS RELIGIOSAS MEDIANTE LOS DISPOSITIVOS DE CONTEO
Sin embargo, sería insuficiente decir que las cuentas son simples herramientas neutrales.
Una vez introducido, el dispositivo puede transformar la propia práctica.
Permite fijar números.
Favorece secuencias.
Crea hábitos corporales.
Hace visible una identidad religiosa.
Puede convertirse en:
objeto personal;
signo de pertenencia;
regalo;
reliquia;
mercancía;
amuleto;
símbolo de autoridad;
o marcador social.
La misbaha puede aparecer en la mano de un devoto, un sufí, un anciano o una figura pública.
El rosario puede colgar de un hábito, acompañar una procesión o convertirse en símbolo católico.
La komboskini puede expresar identidad monástica y disciplina hesicasta.
El mālā puede señalar pertenencia, práctica meditativa o autoridad religiosa.
Por eso la historia de estos dispositivos no termina cuando descubrimos para qué sirven.
También debemos estudiar lo que llegan a significar.
JERARQUÍA DE CERTEZAS, PLAUSIBILIDADES E HIPÓTESIS
Si la investigación exige establecer qué teorías poseen actualmente mayor solidez, debemos responder con cautela.
No existe una explicación demostrada que derive todos los dispositivos de una sola cadena.
Pero tampoco todas las afirmaciones poseen el mismo grado de plausibilidad.
Podemos establecer una jerarquía.
PRIMERO
Es
muy sólido afirmar que las tradiciones de cuentas de oración de Asia
Meridional son anteriores al rosario latino y a la misbaha documentable.
SEGUNDO
Es sólido afirmar que el cristianismo oriental desarrolló antiguas prácticas de conteo y cuerdas de oración dentro del monacato.
TERCERO
Es sólido afirmar que el rosario latino posee una larga formación interna medieval y no apareció de una vez.
CUARTO
Es
sólido afirmar que el dhikr y el conteo manual o mediante objetos
sencillos son anteriores a la misbaha claramente reconocible.
QUINTO
Es
plausible que la misbaha se desarrollara dentro de un mundo de
contactos donde confluyeron prácticas islámicas, cristianas orientales e
indoiranias.
SEXTO
Es plausible que las redes sufíes desempeñaran un papel importante en su difusión.
SÉPTIMO
No está demostrado que la misbaha derive directamente de la komboskini.
OCTAVO
No está demostrado que el rosario derive de la misbaha.
NOVENO
No está demostrado que la misbaha derive del rosario.
DÉCIMO
No está demostrado que Francisco de Asís o las Cruzadas expliquen el origen de ninguno de estos dispositivos.
Esta jerarquía permite evitar dos extremos.
El primero es afirmar demasiado.
El segundo es concluir que no sabemos nada.
Sabemos bastante.
Lo que no conocemos es una genealogía lineal completa.
BALANCE DEL CAPÍTULO
La
comparación de las teorías sobre el mālā, la komboskini, el rosario y
la misbaha no permite establecer una única línea de descendencia.
El mālā proporciona el antecedente más antiguo dentro de las tradiciones estudiadas.
La komboskini representa una temprana y poderosa tradición cristiana de oración repetitiva asistida por una cuerda.
El rosario latino posee una formación medieval interna relativamente reconstruible.
La misbaha surge de un panorama documental más oscuro, aunque dentro de un mundo intensamente conectado.
La explicación más prudente no es imaginar cuatro invenciones completamente aisladas.
Tampoco es construir una cadena de copias sin evidencia.
El
modelo que mejor se ajusta al estado actual de la investigación es una
historia de desarrollos internos, contactos posibles, adaptaciones y
convergencias dentro de una amplia red afroeurasiática.
En esa red, las prácticas viajaban.
Los objetos viajaban.
Las personas viajaban.
Pero las religiones no se limitaban a copiar.
Transformaban.
Una cuerda podía convertirse en disciplina monástica.
Una sarta podía organizar el dhikr.
Ciento cincuenta repeticiones podían reconstruir simbólicamente un salterio.
Un objeto conocido en otra región podía recibir un significado completamente nuevo.
Por eso la conclusión más importante de esta comparación no consiste en descubrir un único inventor.
Consiste
en comprender que las cuentas de oración pertenecen a una historia
mucho más amplia de circulación cultural y creatividad religiosa.
La semejanza no demuestra copia.
La diferencia no demuestra aislamiento.
Y entre ambas se encuentra el verdadero campo de la investigación histórica.
De: Historia del cristianismo
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martes, 7 de julio de 2026
VI. BALANCE COMPARATIVO DE LAS TEORÍAS SOBRE EL MĀLĀ, LA KOMBOSKINI, EL ROSARIO Y LA MISBAHA
domingo, 5 de julio de 2026
V. LA MISBAHA ISLÁMICA. El dhikr y las teorías sobre el origen de las cuentas de oración en el islam

Hasta aquí hemos seguido dos historias relativamente diferentes.
En
el cristianismo oriental, las cuerdas de oración se desarrollaron
dentro del mundo monástico de la Antigüedad tardía, en relación con la
repetición de oraciones breves y el ideal de la oración continua.
En
el Occidente latino, el rosario se formó mucho más lentamente, durante
la Edad Media, mediante la convergencia entre el salterio monástico, la
repetición de Padrenuestros y Avemarías, los cordones de conteo y la
posterior organización de meditaciones y misterios.
El caso islámico presenta un problema histórico distinto.
La
repetición de fórmulas de glorificación y recuerdo de Dios pertenece a
las capas más antiguas de la práctica islámica. La utilización de los
dedos y de objetos sencillos para contar esas repeticiones también
aparece tempranamente en la tradición.
Lo
que resulta mucho más difícil de determinar es cuándo surgió la sarta
de cuentas que hoy conocemos como misbaha o subḥa, dónde apareció por
primera vez y qué relación pudo tener con otros dispositivos de oración
utilizados en las regiones vecinas.
En este punto comienza uno de los debates más complejos de toda nuestra investigación.
La misbaha es hoy uno de los objetos más reconocibles del mundo islámico.
Pero su origen histórico permanece oscuro.
EL DHIKR: RECORDAR A DIOS
Para comprender la misbaha hay que comenzar por una práctica y no por un objeto.
La
palabra árabe dhikr significa, en términos generales, “recuerdo”,
“mención” o “rememoración”. En el contexto religioso islámico designa el
recuerdo de Dios mediante distintas prácticas, entre ellas la
recitación repetida de nombres divinos, fórmulas coránicas y expresiones
de alabanza.
Entre las fórmulas más conocidas se encuentran:
Subḥān Allāh
“Gloria a Dios.”
Al-ḥamdu li-llāh
“Alabado sea Dios.”
Allāhu akbar
“Dios es el más grande.”
También pueden repetirse la profesión de la unidad divina, otros pasajes coránicos o los llamados nombres de Dios.
El
Corán exhorta repetidamente a recordar a Dios, pero no prescribe una
sarta de cuentas como instrumento obligatorio para hacerlo.
Esta distinción es fundamental.
El dhikr es anterior, conceptual y ritualmente, a la misbaha.
La práctica no nació porque existiera el objeto.
El objeto apareció, en algún momento, como una tecnología para organizar una práctica repetitiva que ya existía.
LOS DEDOS ANTES QUE LAS CUENTAS
Las tradiciones islámicas más antiguas conceden una importancia particular al conteo con los dedos.
Diversos
hadices atribuyen a Mahoma instrucciones para contar determinadas
glorificaciones con los dedos, especialmente con las falanges.
Dentro
de la tradición islámica, esta práctica adquirió incluso una
justificación escatológica: los dedos podrían “dar testimonio” en el Día
del Juicio.
La historicidad
exacta de cada hadiz debe evaluarse con los métodos críticos propios del
estudio de las tradiciones islámicas tempranas. Sin embargo, el
conjunto de las fuentes muestra algo importante: el conteo manual era
considerado una forma antigua, legítima y prestigiosa de acompañar la
recitación.
También aparecen relatos sobre el uso de objetos sueltos.
Algunas tradiciones mencionan:
piedrecillas;
semillas o huesos de dátil;
pequeños objetos colocados en grupos;
y otros recursos materiales para llevar la cuenta de las repeticiones.
Estos testimonios no demuestran todavía la existencia de una misbaha.
Una
colección de piedras o semillas utilizada para contar no es lo mismo
que una sarta portátil de cuentas atravesadas por un hilo.
Pero sí muestran que el problema práctico del conteo religioso existía desde las primeras generaciones musulmanas.
MISBAHA, SUBḤA Y TASBIH: NO SON EXACTAMENTE LO MISMO
La terminología vuelve a ser importante.
Misbaha
es uno de los nombres más extendidos para designar el objeto: la sarta
de cuentas utilizada para acompañar las repeticiones devocionales.
Subḥa es otro nombre ampliamente empleado, con importantes variaciones regionales.
Tasbīḥ,
en cambio, designa originalmente el acto de glorificar a Dios,
especialmente mediante fórmulas relacionadas con la raíz árabe s-b-ḥ, de
la que procede también Subḥān Allāh.
Por extensión, en distintas regiones y lenguas, tasbīḥ terminó utilizándose también para nombrar el propio objeto.
Por eso puede encontrarse una misma sarta llamada:
misbaha;
subḥa;
tasbīḥ;
o mediante otros nombres regionales.
Para
esta monografía utilizaremos preferentemente misbaha para el
dispositivo material y dhikr o tasbīḥ para las prácticas de recuerdo y
glorificación, sin ignorar que el vocabulario real del mundo islámico es
mucho más variable.
EL PROBLEMA HISTÓRICO: ¿CUÁNDO APARECE LA SARTA?
Aquí comienza la dificultad.
No
existe una narración histórica continua que permita observar con
claridad el paso desde los dedos y las piedrecillas hasta la misbaha.
Tampoco conocemos un inventor.
No existe un lugar de origen demostrado.
Y las primeras fuentes islámicas no ofrecen una descripción inequívoca de la sarta en la forma que posteriormente se hizo común.
Este silencio documental ha dado lugar a varias teorías.
La dificultad aumenta porque una sarta de cuentas es un objeto arqueológicamente ambiguo.
Las cuentas perforadas pueden pertenecer a:
collares;
amuletos;
adornos;
objetos funerarios;
instrumentos de conteo;
o dispositivos religiosos.
Encontrar cuentas antiguas no basta para demostrar la existencia de una misbaha.
Para
identificar un dispositivo de oración necesitamos contexto: una
descripción textual, una asociación iconográfica, un uso ritual
reconocible o una estructura material suficientemente característica.
Por eso el origen de la misbaha continúa siendo más difícil de reconstruir que su presencia en épocas posteriores.
LA HIPÓTESIS DE UN DESARROLLO INTERNO ISLÁMICO
La explicación más sencilla sostiene que la misbaha pudo desarrollarse gradualmente dentro del propio islam.
La secuencia sería:
dhikr y fórmulas repetitivas;
conteo con los dedos;
uso de piedras, semillas u objetos sueltos;
finalmente, reunión de esos elementos en una sarta portátil.
Esta hipótesis tiene una ventaja importante.
No necesita postular un préstamo externo para explicar una solución material bastante simple.
Si
una comunidad repite cien veces una fórmula, unir los objetos de conteo
mediante un hilo es una innovación perfectamente posible.
Sin embargo, esta explicación tampoco está demostrada.
El hecho de que una evolución sea plausible no significa que haya ocurrido de forma autónoma.
Las sociedades musulmanas tempranas no vivían aisladas.
Desde
el siglo VII se expandieron precisamente por algunas de las regiones
del mundo con mayor densidad de tradiciones monásticas, ascéticas y
devocionales.
LA HIPÓTESIS CRISTIANA ORIENTAL
Una segunda posibilidad sitúa el origen de la misbaha en el contacto con cristianos orientales.
El islam surgió y se expandió en un espacio donde vivían:
cristianos siríacos;
cristianos de lengua griega;
coptos de Egipto;
monjes palestinos;
comunidades mesopotámicas;
armenios;
y otras poblaciones cristianas.
Desde
Egipto y Siria hasta Mesopotamia e Irán, los primeros musulmanes
encontraron monasterios, comunidades ascéticas y prácticas de oración
repetitiva desarrolladas durante siglos.
Por
eso algunos investigadores han considerado posible que los musulmanes
conocieran dispositivos cristianos de conteo y los adaptaran al dhikr.
La hipótesis es históricamente plausible.
Pero aquí debemos mantener la misma disciplina metodológica aplicada a los capítulos anteriores.
No poseemos una cadena documental que permita afirmar:
komboskini → misbaha.
No conocemos un texto temprano que describa a un musulmán copiando una cuerda cristiana de oración.
Tampoco la similitud funcional demuestra por sí sola una genealogía.
Además, los dispositivos no son idénticos.
La komboskini clásica está formada principalmente por nudos de lana y se asocia con la Oración de Jesús.
La misbaha suele utilizar cuentas rígidas y acompaña fórmulas de dhikr.
Puede haber existido observación, contacto, adaptación o influencia.
Pero la evidencia disponible no permite convertir esa posibilidad en una filiación demostrada.
LA COINCIDENCIA DEL NÚMERO 33
Uno
de los elementos más llamativos de la comparación es la existencia de
dispositivos de 33 unidades tanto en el cristianismo oriental como en el
islam.
En la tradición
cristiana, las komboskini de 33 nudos suelen interpretarse como
referencia a los años de la vida terrenal de Jesús.
En el islam, una de las estructuras más conocidas del dhikr consiste en:
33 veces Subḥān Allāh;
33 veces Al-ḥamdu li-llāh;
33 veces Allāhu akbar;
con variantes que completan o reorganizan el total.
De ahí la popularidad de misbahas de 33 cuentas y de otras de 99, relacionadas también con la tradición de los nombres divinos.
La coincidencia es sugestiva.
Pero no constituye una prueba.
El
número 33 puede adquirir significados distintos dentro de sistemas
religiosos diferentes. Además, las prácticas numéricas pueden cambiar
históricamente y adaptarse a dispositivos ya existentes.
Hasta
donde permite afirmar la evidencia, no existe una demostración
académica aceptada de que la misbaha de 33 cuentas derive de la
komboskini de 33 nudos.
La coincidencia merece ser observada.
No debe convertirse en una genealogía imaginaria.
LA HIPÓTESIS INDOIRANIA
Una tercera línea de investigación dirige la atención hacia Asia Meridional e Irán.
Como
vimos en el Capítulo II, las tradiciones religiosas de Asia Meridional
utilizaban mālās mucho antes de la aparición del islam.
Con
la expansión de imperios, redes comerciales, peregrinaciones y
movimientos religiosos, estos dispositivos circularon por regiones
conectadas con:
India;
Asia Central;
Irán;
Afganistán;
y los territorios orientales del mundo islámico.
Esto ha llevado a algunos autores a proponer que la misbaha pudo haber entrado en el islam a través de un corredor indoiranio.
Según
esta hipótesis, el contacto con tradiciones hindúes o budistas de
cuentas de oración habría proporcionado el modelo material que
posteriormente fue adaptado al dhikr islámico.
Irán ocupa una posición especialmente interesante en esta teoría.
Geográficamente se encuentra entre Asia Occidental, Asia Central y el subcontinente indio.
Después
de la conquista islámica del antiguo territorio sasánida, el mundo
iranio se convirtió en uno de los grandes espacios de intercambio
cultural del islam medieval.
La hipótesis indoirania tiene, por tanto, una lógica geocultural considerable.
Pero vuelve a aparecer el mismo problema.
No poseemos una cadena documental continua:
mālā india → Irán → misbaha islámica.
La ruta es plausible.
La transmisión directa no está demostrada.
EL SUFISMO Y LA DIFUSIÓN DE LA MISBAHA
La asociación entre la misbaha y el sufismo es particularmente importante.
Las
comunidades sufíes desarrollaron formas sistemáticas de dhikr, algunas
individuales y otras colectivas, que podían implicar grandes cantidades
de repeticiones.
En ese contexto, una sarta de cuentas resultaba extraordinariamente útil.
Diversos
autores han propuesto que los círculos sufíes desempeñaron un papel
decisivo en la adopción o difusión de la misbaha durante los primeros
siglos del islam.
Esta posibilidad es razonable.
El
sufismo histórico se desarrolló dentro de redes que atravesaban
precisamente algunas de las regiones más relevantes para nuestro
problema:
Irak;
Irán;
Jorasán;
Asia Central;
Siria;
Egipto;
y posteriormente Asia Meridional.
Estas
redes conectaban mundos culturales donde podían encontrarse prácticas
ascéticas islámicas, tradiciones cristianas orientales y dispositivos
religiosos procedentes de Asia.
Sin embargo, también aquí conviene evitar una afirmación excesiva.
Decir que los sufíes contribuyeron a popularizar la misbaha no equivale a demostrar que ellos la inventaron.
La difusión de un objeto y su origen son problemas históricos diferentes.
LA PROPUESTA DE MALEK CHEBEL
El antropólogo Malek Chebel llamó la atención precisamente sobre la oscuridad del origen de la misbaha.
Señaló
que el objeto, pese a su enorme visibilidad posterior en el mundo
musulmán, no aparece con claridad en las capas más antiguas de la
documentación islámica.
Entre las
posibilidades discutidas se encuentran una introducción relacionada con
ambientes sufíes, contactos indoiranios y, de manera más especulativa,
una incorporación durante la época de las Cruzadas.
Esta
última posibilidad resulta particularmente atractiva para la
imaginación popular porque permitiría construir una historia de
préstamos entre cristianos y musulmanes.
Pero debe tratarse con mucha cautela.
La existencia de contactos durante las Cruzadas es indiscutible.
La demostración de que la misbaha fue introducida entonces, no.
La
propuesta muestra hasta qué punto el origen del objeto continúa
abierto, pero no proporciona por sí misma una solución documental.
LA LEYENDA DE FRANCISCO DE ASÍS
Entre las historias modernas sobre el cruce entre cuentas cristianas e islámicas aparece ocasionalmente Francisco de Asís.
Francisco viajó a Egipto durante la quinta Cruzada y se encontró con el sultán al-Malik al-Kāmil en 1219.
El encuentro es histórico.
A partir de ese hecho real se han construido numerosas narraciones posteriores sobre influencias religiosas mutuas.
Entre
ellas aparecen versiones según las cuales Francisco habría conocido
cuentas de oración musulmanas y las habría llevado al cristianismo
occidental, o, en otras formulaciones, habría participado de algún modo
en la transmisión del dispositivo.
No existe evidencia histórica sólida que permita sostener esa genealogía.
El viaje de Francisco a Egipto pertenece a la historia.
La transmisión del rosario o de la misbaha a través de Francisco pertenece al ámbito de la especulación o la leyenda.
Además, la historia occidental de los dispositivos de conteo religioso es anterior a 1219.
La
leyenda es antropológicamente interesante porque expresa el deseo de
localizar un gran intercambio cultural en un encuentro memorable entre
un santo cristiano y un gobernante musulmán.
Pero no debe confundirse con una reconstrucción histórica.
¿Y LAS CRUZADAS?
Las Cruzadas crearon espacios intensos de contacto entre poblaciones latinas, cristianos orientales y musulmanes.
Durante los siglos XI al XIII circularon:
personas;
objetos;
palabras;
técnicas;
relatos;
prácticas devocionales;
y formas materiales de religiosidad.
Por
tanto, sería metodológicamente incorrecto afirmar que las Cruzadas no
pudieron influir en la historia de las cuentas de oración.
Pero también sería incorrecto convertir el contacto general en prueba de una transmisión específica.
Hasta ahora no existe una evidencia suficientemente clara para afirmar que:
los cristianos latinos copiaron el rosario de la misbaha;
los musulmanes copiaron la misbaha del rosario;
o uno de los dos dispositivos fue introducido durante las Cruzadas.
Las Cruzadas forman parte del contexto de contacto.
No constituyen, por sí mismas, la explicación del origen.
¿MISBAHA DESDE LA KOMBOSKINI O DESDE EL MĀLĀ?
Llegados a este punto, la tentación es elegir una sola genealogía.
Pero la evidencia no lo permite.
Existen al menos cuatro posibilidades generales:
un desarrollo interno islámico a partir del conteo con dedos, piedras y semillas;
una influencia de cuerdas cristianas orientales;
una transmisión desde tradiciones de mālā a través del corredor indoiranio;
o una historia de convergencias y contactos múltiples.
La cuarta posibilidad es probablemente la más adecuada como modelo de trabajo.
No
porque resuelva el problema, sino porque evita imponer una genealogía
lineal allí donde la documentación muestra un espacio de circulación
mucho más complejo.
Entre los
siglos VII y XIII, el mundo islámico conectó regiones que anteriormente
habían pertenecido a diferentes sistemas imperiales y religiosos.
Dentro de sus territorios convivieron y circularon:
monjes cristianos;
ascetas musulmanes;
mercaderes iranios;
peregrinos;
comunidades budistas de Asia Central;
poblaciones de Asia Meridional;
artesanos;
esclavos;
soldados;
y viajeros.
En
ese mundo, una tecnología religiosa tan sencilla como una sarta de
cuentas pudo ser observada, adaptada, reinventada y resignificada más de
una vez.
EL PROBLEMA DE LAS GENEALOGÍAS DEMASIADO PERFECTAS
La historia popular suele preferir relatos simples.
Los budistas inventaron las cuentas.
Los musulmanes las copiaron.
Los cristianos las llevaron a Europa.
O, en la dirección contraria:
los monjes cristianos inventaron la cuerda.
Los musulmanes la imitaron.
Y después apareció la misbaha.
Estas historias son atractivas porque tienen principio, dirección y protagonista.
Pero la historia real de los objetos culturales suele ser menos ordenada.
Una misma solución tecnológica puede:
aparecer independientemente;
circular entre comunidades;
ser modificada durante el contacto;
desaparecer en una región;
reaparecer en otra;
y recibir nuevos significados religiosos.
Por eso la semejanza entre mālā, komboskini, rosario y misbaha no debe reducirse automáticamente a una única cadena de copias.
La pregunta correcta no es solamente:
“¿Quién copió a quién?”
También debemos preguntar:
¿qué prácticas existían antes del objeto?;
¿qué rutas conectaban las regiones?;
¿qué comunidades estaban en contacto?;
¿qué transformaciones sufrió el dispositivo?;
¿y qué nivel de evidencia permite sostener cada hipótesis?
BALANCE DEL CAPÍTULO
La
investigación histórica permite afirmar con bastante seguridad que el
dhikr y el conteo de fórmulas religiosas son anteriores a la difusión
documentable de la misbaha.
Los dedos ocupan un lugar importante en las tradiciones islámicas tempranas.
También aparecen formas de conteo mediante piedras, semillas y otros objetos.
En cambio, el origen exacto de la sarta permanece incierto.
La hipótesis de un desarrollo interno islámico es posible.
La influencia cristiana oriental es posible.
La vía indoirania es posible.
El papel de los sufíes en su difusión es muy probable, aunque ello no demuestra que fueran sus inventores.
Las Cruzadas proporcionaron contextos de contacto, pero no una genealogía demostrada.
Y
la historia de Francisco de Asís como transmisor de las cuentas
pertenece al terreno de la leyenda y la especulación, no al de la
evidencia histórica firme.
La conclusión más rigurosa no es que nada pueda saberse.
Es más precisa.
Sabemos mucho sobre las prácticas que hicieron útil la misbaha.
Sabemos bastante sobre los mundos culturales entre los que pudo circular.
Sabemos que el objeto terminó convirtiéndose en una tecnología fundamental del dhikr.
Lo
que todavía no podemos reconstruir con certeza es la cadena exacta que
condujo desde los primeros sistemas de conteo hasta la sarta islámica
plenamente reconocible.
Ese vacío
documental es precisamente lo que convierte a la misbaha en el punto
más abierto —y quizá más fascinante— de toda esta historia comparada.
Tomado de:
Historia del cristianismo
https://www.facebook.com/photo/?fbid=1334436782227211&set=a.482701797400718
El 4 de julio

El
4 de julio de 2026 Estados Unidos de América cumple 250 años del día
que se atrevió hacer algo completamente inaudito, enfrentarse al imperio
mas poderoso del Siglo XVIII, poniéndole de forma MUY firme un ALTO a
sus eternos abusos. En aquel entonces se convirtió en EJEMPLO MUNDIAL de
como un pueblo luchaba contra el abusivo coloniaje europeo, algo
considerado hoy, un crimen contra la humanidad. La Revolución Americana
cambió a ese país, PERO también, cambió al mundo. Encendió una chispa de
libertad que se regó como pólvora por todo el planeta. Si UNO lo había
logrado, TODOS podrían, ya existía el precedente … Estados Unidos.
(felicitamos a todos nuestros amigos gringos en su Dia Nacional).
AHORA BIEN, 250 años después, Estados Unidos tiene 5 países y territorios sometidos al mismo coloniaje que repudió.
¿DONDE ESTAN UBICADAS?
2 en el Atlántico: PUERTO RICO e Islas Vírgenes de EEUU
3 en el Pacífico: Samoa Americana, Guam y Marianas del Norte
¿CUANTO TERRENO CUBRE EN KILOMETRO CUADRADO?
Un poco mas de 10.662 (equivalente al tamaño entre El Líbano y Jamaica)
¿CUANTA GENTE ESTA SOMETIDA AL COLONIAJE?
Un
poco mas de 3.5 millones de personas, eso es mas que la poblacion que
tienen 21 de los 50 estados de EEUU (y el Distrito Federal).
¿DESDE HACE CUANTO ESTAN EN COLONIAJE?
1898 … 128 años … PUERTO RICO
1898 … 128 años … Guam
1900 … 126 años … Samoa Americana
1917 … 109 años … Islas Vírgenes de EEUU
1944 … 082 años … Marianas del Norte
¿A CUALES APLICA LA INJUSTA LEY DE CABOTAJE?
SI … PUERTO RICO
SI … Guam (* pero tiene una importante exención permanente)
NO … Samoa Americana
NO … Islas Vírgenes de EEUU
NO … Marianas del Norte
(*)
‘‘Guam cuenta con una exención permanente que le permite utilizar
barcos construidos en el extranjero, a diferencia de Puerto Rico, donde
esa restricción de construcción estadounidense aplica en su totalidad’’
¿PROBLEMA
COMUN? … EMIGRACION, de las colonias americanas la población huye como
huye la población de las dictaduras de extrema derecha e izquierda:
Entre
el censo de 2010 al del 2020, de los 5 colonias en CUATRO se registró
un descenso marcado en la población, la gente EMIGRÓ. Se registró una
BAJA poblacional:
— del -18.1% en USVI - Islas Vírgenes Americanas (¿habías oído algo? … jamás)
— del -12.2% en las MARIANAS DEL NORTE
— del -11.8% en PUERTO RICO
— del -10.5% en SAMOA AMERICANA
La única de las colonias que aguantó un poquito el cantazo registrando un tímido crecimiento:
— del 00.7% (menos del 1%) fue GUAM
¡Feliz Feriado! ... EL CONOCIMIENTO EXPANDE TU MENTE
Tomado de: Boricuazo
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