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¡Bienvenidos, amigos del blog! Es un placer abrirles las puertas de este espacio que he cultivado desde 2009, un rincón donde convergen mis pasiones por diversas disciplinas humanísticas: las artes, la historiografía, la música, la literatura y la espiritualidad. Con el fin de atesorar, conservar y compartir, recopilo trabajos, obras, escritos y cantos de otros que valoro, y los combino con aportaciones originales que nacen de mi contemplación, estudio, reflexión, arte y creatividad. Para accesar las publicaciones originales debes escribir mi nombre (Chadys) o iniciales (CP) en la barra de búsqueda del blog. Espero puedan disfrutar de este espacio, al igual que disfruto yo al compartirlo con ustedes. También pueden explorar mi música en Spotify y YouTube. Quienes deseen adquirir mis obras literarias y musicales pueden hacerlo a través de su librería preferida, en Amazon, eBay, o contactándome directamente. Gracias por acompañarme en esta saga, un abrazo solidario.

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martes, 23 de junio de 2026

Una sobre planes, sueños y metas.

Puede ser una imagen de texto que dice ""Si revelas todos tus planes, no te sorprendas cuando alguien más llegue antes que tú." -Sun Tzu 品 法 人 作 FilosofiaparaVivir Filosofía para Vivir"

Existe una costumbre que muchas personas consideran inofensiva.
Contarle a todo el mundo lo que van a hacer.
Sus proyectos.
Sus sueños.
Sus metas.
Sus próximos movimientos.
Y aunque compartir ideas no tiene nada de malo, Sun Tzu probablemente haría una observación incómoda.
No todo plan necesita una audiencia.
Porque cuanto más hablas de tus objetivos, más te expones.
A la crítica.
A la envidia.
A la distracción.
Y, en ocasiones, a personas que utilizarán tu propia información en tu contra.
Lo curioso es que muchos anuncian grandes cambios.
Hablan de negocios.
Hablan de éxito.
Hablan de disciplina.
Pero rara vez actúan con la misma intensidad con la que hablan.
Y aquí aparece una ironía interesante.
Algunas personas pasan tanto tiempo explicando sus planes que olvidan ejecutarlos.
Sun Tzu entendía que la estrategia requiere discreción.
No porque debas desconfiar de todos.
Sino porque las acciones siempre tienen más poder que las palabras.
En la historia, los mejores estrategas no eran quienes más hablaban.
Eran quienes sorprendían.
Quienes se preparaban en silencio.
Quienes dejaban que los resultados hablaran por ellos.
Esto no significa vivir aislado.
Significa ser selectivo.
Elegir cuidadosamente con quién compartes tus metas.
Porque no todas las personas desean verte crecer.
Y no todas comprenderán el camino que has elegido.
Quizá la pregunta más importante sea esta:
¿Estás dedicando más energía a hablar de tus sueños... o a construirlos?
Porque el mundo está lleno de personas con grandes planes.
Pero la historia recuerda a quienes los ejecutaron.

De la red. 

Un ángel llamado Isabel Clemente.

Puede ser una imagen en blanco y negro de niños 

Una fotografía que muchos le aconsejaron ocultar terminó cambiando la vida de la niña que aparecía en ella.

En 1958, durante la celebración del Corpus en Sant Boi de Llobregat, el fotógrafo Ricard Terré observó a un grupo de niñas vestidas para recibir la primera comunión.

Entre ellas estaba Isabel Clemente.

Llevaba un vestido blanco y sostenía unas flores cuyos tallos estaban envueltos en papel de aluminio. Mientras las demás niñas aparecían de espaldas, ella miraba directamente hacia la cámara.

Isabel tenía un estrabismo muy visible.

Terré tomó la fotografía y decidió incluirla al año siguiente en una exposición realizada junto a Xavier Miserachs y Ramón Masats en la Sala Aixelà de Barcelona.

Sus compañeros intentaron disuadirlo.

Temían que el público creyera que estaba aprovechándose de la condición de una niña para provocar una reacción. Pero Terré veía algo completamente distinto.

Para él, Isabel no era “la niña bizca”.

Era un ángel vestido de primera comunión.

Durante la inauguración, un hombre se acercó al fotógrafo. Se presentó como el doctor Pascual y le explicó que la imagen lo había conmovido. También le pidió que fotografiara la primera comunión de su ahijada.

Cuando preguntó cuánto costaría el trabajo, Terré respondió de inmediato:

La operación de Isabel.

El médico aceptó. Conocía a un reconocido cirujano oftalmólogo de Barcelona dispuesto a realizar la intervención.

Solo existía un problema.

Terré no sabía quién era la niña ni dónde vivía.

Imprimió varias copias de la fotografía y las distribuyó por los colegios de Sant Boi hasta que alguien logró reconocerla. Isabel era hija de una familia de origen extremeño que había emigrado a Cataluña.

Sus padres fueron localizados y conocieron a los médicos.

Terré cumplió su parte del acuerdo fotografiando la comunión de la ahijada del doctor, e Isabel pudo ser operada.

Meses después, mientras el fotógrafo visitaba la casa de sus padres en Barcelona, llamaron a la puerta.

Allí estaba Isabel.

Había vuelto a ponerse el vestido de primera comunión y sus ojos ya estaban alineados. Sus padres la acompañaban y la niña llevaba un pollo vivo como regalo de agradecimiento.

Terré comprendió que tenía delante otra fotografía extraordinaria, pero decidió no tomarla. Años después explicó que no lo hizo por pudor.

Solo realizó un pequeño retrato de su rostro para conservar el recuerdo de cómo había quedado.

Nunca volvió a verla.

La primera imagen de Isabel se convirtió en una de las obras más reconocidas de Ricard Terré. Pero su verdadero valor no quedó limitado a una exposición o a la historia de la fotografía española.

Una cámara encontró a una niña entre la multitud.

Una exposición permitió que un médico la viera.

Y una fotografía que algunos consideraban demasiado incómoda terminó abriendo el camino para que Isabel recibiera la atención que necesitaba.

De la red.  

domingo, 14 de junio de 2026

NO TODO SE RESUELVE CON BONDAD

 


Existe una mentira peligrosa que muchos han confundido con virtud: creer que ser bueno significa soportarlo todo.
Callar siempre.
Perdonar sin límites.
Sonreír mientras te hieren.
Seguir extendiendo la mano a quien solo la usa para lastimarte.
Pero no todo se resuelve con bondad.
Hay personas que no entienden el amor; entienden los límites.
No respetan tu paciencia; respetan tu firmeza.
No valoran tu nobleza; la interpretan como debilidad.
Y cuando la maldad se acostumbra a verte tolerarlo todo, termina creyendo que tiene derecho a hacerlo.
Por eso, incluso en las Escrituras, los ángeles aparecen muchas veces con espadas y no con flores. Porque hay momentos en los que la verdad debe ser defendida, la justicia debe ser establecida y los límites deben ser marcados.
 
La Biblia declara:
“Todo tiene su tiempo, y todo lo que se quiere debajo del cielo tiene su hora.” (Eclesiastés 3:1)
Hay tiempo para abrazar y tiempo para apartarse de abrazar. Tiempo para hablar y tiempo para callar. Tiempo para sanar y tiempo para arrancar lo que está destruyendo.
Hay temporadas donde la luz también tiene que resistir a la oscuridad.
La paz necesita carácter.
La misericordia necesita discernimiento.
Y la bondad necesita límites.
Jesús mismo, que es la máxima expresión del amor, también hizo un látigo y expulsó a quienes habían convertido la casa de Dios en mercado (Juan 2:15). Su amor era perfecto, pero nunca fue permisivo con el abuso, la corrupción o la hipocresía.
No se trata de volverte cruel.
Se trata de dejar de ser ingenuo.
No se trata de vivir atacando a todos.
Se trata de no permitir que cualquiera te destruya.
No se trata de endurecer el corazón.
Se trata de protegerlo de quienes han demostrado que no saben cuidarlo.
La gente buena también tiene derecho a defenderse.
Tiene derecho a cerrar puertas.
Tiene derecho a terminar ciclos.
Tiene derecho a cortar vínculos que solo producen dolor, manipulación y desgaste.
Tiene derecho a marcharse sin tener que justificar mil veces lo que ya fue evidente.
Porque perdonar no significa permitir.
Amar no significa tolerar el abuso.
Ser pacífico no significa ser pasivo.
Tener buen corazón no significa vivir indefenso frente a la maldad.
 
La Escritura dice:
“Sobre toda cosa guardada, guarda tu corazón; porque de él mana la vida.” (Proverbios 4:23)
Dios nunca nos mandó a entregar nuestro corazón a quienes constantemente lo destruyen. Nos mandó a guardarlo.
Hay personas que confunden la compasión con permiso.
Confunden la paciencia con debilidad.
Confunden el silencio con miedo.
Y cuando eso ocurre, los límites dejan de ser una opción y se convierten en una necesidad.
A veces la vida te enseña que una flor no detiene a quien viene cargando veneno.
A veces necesitas una espada.
No para vengarte.
No para destruir.
No para convertirte en aquello que te hizo daño.
Sino para marcar claramente el lugar donde termina tu bondad y comienza tu dignidad.
Porque también está escrito:
“Sed, pues, prudentes como serpientes, y sencillos como palomas.” (Mateo 10:16)
Dios no nos llamó a ser maliciosos, pero tampoco nos llamó a ser ingenuos.
Que tu corazón siga siendo noble.
Que tu espíritu siga siendo limpio.
Que tu amor siga siendo genuino.
Pero que tu carácter sea imposible de manipular.
Porque la verdadera bondad no es debilidad.
Y la verdadera luz no solo ilumina.
También sabe defenderse de la oscuridad.
 
“Esforzaos todos vosotros los que esperáis en Jehová, y tome aliento vuestro corazón.” (Salmo 31:24) 
 
Dr. Ángel Báez
“La bondad sin discernimiento se convierte en una invitación para el abuso; la bondad guiada por la sabiduría se convierte en una fuerza imposible de doblegar.”
 
De la red.