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sábado, 18 de abril de 2026

Gordiano Guzmán Cano

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Un hombre que empuñó hondas, palos, piedras, cuchillos y fusiles. Un campesino que se levantó contra los hacendados españoles porque vio en la Independencia la oportunidad de liberar a sus hermanos de sangre. Un guerrillero que controló el sur de Jalisco y Colima, que se alió con Morelos, con Guerrero, con Álvarez. Un cacique regional que desafió a los centralistas, a los santanistas, a los poderosos. Gordiano Guzmán no fue un general de academia. Fue un líder de la tierra caliente. Nació en una ranchería, en una hacienda azucarera. Murió fusilado, peleando contra Santa Anna, el 11 de abril de 1854. Su nombre está en ciudades. Su legado, en la memoria. Esta es su historia.

El 11 de abril es el aniversario luctuoso de Gordiano Guzmán Cano. Nació el 3 de octubre de 1789 en San Francisco, una pequeña ranchería perteneciente a la hacienda azucarera de Contla, ubicada al noroeste de Tamazula. No era hijo de hacendados. No era hijo de criollos ricos. Era hijo de la tierra. De la tierra que los españoles le habían robado a sus antepasados.

Gordiano Guzmán mantuvo controlado el sur de Jalisco. Junto con Juan Álvarez se confabularon para fortalecerse, y por tanto el sur de Jalisco estuvo ligado militar e ideológicamente a los dominios de Álvarez, es decir, al actual estado de Guerrero. No eran dos caudillos separados. Eran dos brazos de un mismo cuerpo. El sur de Jalisco y el sur de Guerrero, unidos por la sangre y por la lucha.

Al recibir la noticia de la sublevación de Hidalgo, se lanzó a las armas. No tenía fusiles. No tenía cañones. Tenía hondas, palos, piedras, cuchillos. Pero también tenía rabia. Rabia acumulada durante siglos. Vio la oportunidad de volcarse contra el hacendado, el explotador de sus hermanos de sangre. Se dedicó, en un principio, a saquear los bienes de los hacendados españoles. El gobierno colonial lo consideró insurgente o guerrillero y se dedicó a perseguirlo como si se tratara de un cabecilla con objetivos bien precisos. Tenían razón. Era un cabecilla. Y sus objetivos eran claros: libertad y tierra.

Al poco tiempo de haber iniciado su carrera militar, buscó la manera de ampliar su radio de operaciones sobre el ámbito sureño de Michoacán. Este desplazamiento le permitió ponerse en contacto y establecer una estrecha amistad con los caudillos José María Morelos, Vicente Guerrero y Juan Álvarez. No eran desconocidos. Eran sus aliados. Eran sus hermanos. Morelos, el sacerdote guerrillero. Guerrero, el consumador de la Independencia. Álvarez, el Tigre del Sur. Gordiano, el cacique de Tamazula.

La unificación de las gavillas no significaba un aumento considerable de guerrilleros. Generalmente, una gavilla estaba integrada por unidades más pequeñas, las que a su vez controlaba un hombre con influencia en determinadas familias indígenas. Hubo quienes consideraron a Gordiano Guzmán como jefe principal del sur de Jalisco y Colima entre 1813 y 1816, año en que se alejó del suelo sureño para trasladarse a Michoacán. Posteriormente se incorporó a los principales líderes de la insurgencia como coronel de caballería. Después de la muerte de Morelos, ejerció un dominio más claro en su jurisdicción como cacique regional. Los cacicazgos fueron uno de los rasgos más característicos de la guerra de Independencia, junto con la costumbre de los grupos marginados de seguir a sus antiguos jefes convertidos ya en poderosos caciques o caudillos. Su área de influencia fue el sur de Jalisco y Michoacán.

Después de la supresión del federalismo en 1835, no pudo regresar al sur de Jalisco hasta después de tres años. La presencia de los centralistas y santanistas José Antonio Romero y Antonio Escobedo en el timón del gobierno de Jalisco lo obligó a no aproximarse a Tamazula y buscar un acercamiento con Juan Álvarez para tener mejor protección. Durante esta ausencia, desarrolló una intensa campaña en Michoacán para favorecer el restablecimiento del federalismo. No era un hombre de un solo lugar. Era un hombre de una sola idea: México debía ser libre. Y libre significaba federal.

Desde el momento en que Santa Anna asumió nuevamente el poder, el 20 de abril de 1853, y que en Jalisco el gobernador José María Ortega también se mostró muy activo y complaciente con los santanistas, Gordiano se adhirió al Plan de Ayutla en contra de Santa Anna. Fue uno de los primeros caídos en esta sublevación, el 11 de abril de 1854, siendo fusilado en Cutzamala, Michoacán. No murió en una batalla. Murió frente a un pelotón. Murió como había vivido: peleando.

La tumba del héroe independentista fue localizada muy cerca de Cutzamala, en plena "tierra caliente". No es una tumba lujosa. No es un monumento nacional. Es una tumba humilde, como fue su vida. Pero los campesinos de la región la visitan. Le llevan flores. Le rezan. Le piden que los proteja.

Tamazula, hoy se llama precisamente "Tamazula de Gordiano". También Ciudad Guzmán se llama así en su honor, desde 1856. No es un homenaje menor. Es un recordatorio de que los héroes no nacen en los palacios. Nacen en las rancherías. En las haciendas. En la tierra caliente. Gordiano Guzmán fue uno de ellos. Por eso, cuando pases por Tamazula o por Ciudad Guzmán, recuerda su nombre. No era un general famoso. No era un presidente. Era un guerrillero. Y los guerrilleros, a veces, son los más valientes.

© Edición protegida por Asombroso | Basado en material de: Archivos de la Independencia (1810-1821); biografías de Gordiano Guzmán; crónicas del Plan de Ayutla (1854); testimonios de la época; investigaciones de José M. Murià; documentos del sur de Jalisco y Michoacán | Asombroso - Facebook.

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