Hay cosas que tú insistes en sostener…
relaciones, lugares, etapas…
que Dios nunca diseñó para tu vida.
Y aunque al principio parecen correctas…
con el tiempo empiezan a doler.
No fluyen…
no edifican…
no traen paz…
pero tú sigues ahí.
Y entonces el dolor aumenta…
no porque Dios quiera destruirte…
sino porque te está hablando.
“No os unáis en yugo desigual…” (2 Corintios 6:14)
Hay cargas que no son tuyas…
pero las hiciste tuyas por apego, costumbre o emoción.
Y lo que no es para ti… tarde o temprano te va a desgastar.
Porque lo que viene de Dios trae paz…
pero lo que no viene de Él… trae confusión, ansiedad y heridas.
“Porque Dios no es Dios de confusión, sino de paz…” (1 Corintios 14:33)
A veces no es el enemigo…
es tu terquedad de quedarte donde ya Dios se fue.
Y Él permite que duela…
hasta que entiendas…
hasta que sueltes…
hasta que decidas obedecer.
“Hay camino que al hombre le parece derecho, pero su fin es camino de muerte.” (Proverbios 14:12)
No todo lo que quieres… te conviene.
No todo lo que amas… te edifica.
No todo lo que deseas… viene de Dios.
Y lo que no es para ti… no se convierte en bendición, se convierte en carga.
Pero cuando sueltas…
cuando obedeces…
cuando alineas tu vida con Dios…
la paz regresa
la claridad aparece
y el propósito se activa
“Echando toda vuestra ansiedad sobre Él, porque Él tiene cuidado de vosotros.” (1 Pedro 5:7)
Hoy no es un día para insistir…
es un día para soltar. Recuerda que quien no era para ti, lo confirmará aún cuando ni esté cerca por el odio que te tendrá y el daño que querrá hacerte.
Porque lo que Dios tiene para ti…
no te destruye… te construye.
De la red.
No hay comentarios:
Publicar un comentario