
Pocos saben que España gobernó Filipinas durante 333 años — y dejó una huella que dura hasta hoy.
Cuando
se habla del Imperio español, la atención recae casi siempre sobre
América. Pero España también gobernó durante más de tres siglos un
archipiélago en el otro extremo del mundo — en pleno océano Pacífico, a
miles de kilómetros de Manila a Madrid — con una presencia que
transformó radicalmente la cultura, la religión y la identidad del
pueblo filipino.
La presencia
española en Filipinas comenzó en 1565 con la expedición de Miguel López
de Legazpi, que fundó la primera colonia española permanente en el
archipiélago. Y no terminó hasta 1898, cuando España cedió Filipinas a
Estados Unidos tras la guerra hispano-estadounidense, por la suma de 20
millones de dólares.
Trescientos treinta y tres años de presencia dejaron una huella profunda y duradera en tres áreas fundamentales.

La
religión: hoy, más del 90% de los filipinos son cristianos — la mayor
proporción en Asia. Miles de iglesias barrocas construidas durante la
época colonial siguen siendo el corazón de las comunidades locales.
Algunas de estas iglesias son Patrimonio de la Humanidad de la UNESCO.
Los
apellidos: la mayoría de los filipinos llevan apellidos españoles —
García, Reyes, Santos, López, Cruz. Un decreto colonial de 1849 obligó a
la población filipina a adoptar apellidos del catálogo español. El
resultado es una nación asiática cuyos nombres suenan a Andalucía o
Castilla.
Lo que muchos ignoran: el español fue durante siglos la lengua de la
élite y la cultura en Filipinas. Hoy sobrevive en el chabacano, un
criollo de base española que se habla en algunas regiones del sur del
archipiélago. Y el barrio de Intramuros en Manila — la ciudad amurallada
colonial — sigue siendo uno de los conjuntos de arquitectura española
mejor conservados de Asia.
De la red.
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