«No soy enemiga de España —declaró una vez Lola—, sino de los españoles insensatos que quieren regirnos con mano de hierro. Esos, ni nos quieren ni quieren a España, porque en su nombre y en el de Dios, vienen aquí a cometer actos de tiranía. De esos sí que soy enemiga, porque yo me opongo a todo régimen tiránico». Las persecuciones posteriores hicieron la vida difícil para quienes, como Lola y su esposo, defendían los ideales de libertad.
Lola se casó a sus veinte años con el publicista y poeta borinqueño Bonocio Tió Segarra. En el hogar del matrimonio se celebraban tertulias que reunían a los intelectuales de la época, compenetrados con la idea revolucionaria que culminó en Lares en septiembre de 1868.
Fue en una de sus tertulias, hacia 1868, donde Lola recitó por primera vez las estrofas revolucionarias de «La Borinqueña» que hallaron eco inmediato en los corazones de los patriotas presentes:
¡Despierta, Borinqueño
Que han dado la señal!
¡Despierta de ese sueño
que es hora de luchar!
A ese llamar patriótico
¿No arde tu corazón?
¡Ven! Nos será simpático
el ruido del cañón.
Nosotros queremos la libertad
¡Nuestros machetes nos la darán!
Vámonos, Borinqueños,
vámonos ya…
Que nos espera ansiosa,
ansiosa la libertad.
La libertad, la libertad…
La libertad, ¡LA LIBERTAD!
—Lola Rodríguez de Tió
La Borinqueña, 1868 (fragmento)
Lola Rodríguez de Tió (1843-1924) nació el 14 de septiembre en San Germán, Puerto Rico. Poeta puertorriqueña, mujer ilustre comprometida con la lucha por la independencia de Puerto Rico y la liberación de las Antillas.
«Quiero quedarme en La Habana, quiero quedarme en Cuba.», respondió en una ocasión a un periodista. Esto demuestra el amor profundo que Lola sintió por su tierra de adopción, a la que siempre llamó su “su otro alero”, su “alero cubano”. Su última voluntad fue que sus restos permanecieran junto a los de su familia en un pequeño panteón en la capital cubana.
De la red.
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