Y entonces aparece el menos esperado… el que no tenía por qué ayudar. Se detuvo, se ensució, gastó su tiempo, su aceite, su dinero. No preguntó si lo merecía, no evaluó si era “de los suyos”. Simplemente hizo lo que muchos predican, pero pocos practican.
Hoy no faltan palabras, faltan acciones. Ves necesidad y miras a otro lado. Sabes lo que es sufrir, pero eliges la indiferencia. Eso no es fe, es comodidad espiritual.
La verdadera pregunta no es si conoces esta historia… es si eres el samaritano o el que pasa de largo.
Porque algún día tú serás el que esté en el suelo. Y entonces entenderás que no necesitabas religión cerca… necesitabas misericordia.
Ama como quieres ser amado. Ayuda como quisieras ser ayudado. Incluso si el que está caído no es “de los tuyos”.
Ahí es donde tu fe deja de ser teoría… y se vuelve real.
De la red.
No hay comentarios:
Publicar un comentario