
Pocos saben que la Inquisición española ejecutó diez veces menos personas que la francesa o la alemana.
La
Inquisición española es uno de los episodios más tergiversados de la
historia europea. Durante siglos, la imagen que el mundo ha tenido de
ella es la de una institución extraordinariamente cruel, obsesionada con
la tortura y las hogueras. Esa imagen tiene un nombre: la Leyenda
Negra. Y tiene un origen: la propaganda anticatólica de los siglos XVI y
XVII, difundida principalmente por Inglaterra y los Países Bajos,
rivales de España.
Los datos
históricos cuentan una historia diferente. En trescientos cincuenta años
de actividad, la Inquisición española ejecutó entre tres mil y cinco
mil personas —una cifra que los historiadores modernos obtuvieron tras
revisar los archivos reales. En el mismo período, las persecuciones
religiosas en Francia superaron las veinte mil muertes. En Alemania, las
cazas de brujas se llevaron más de veinticinco mil vidas.
La
Inquisición española perseguía herejías, apostasías, brujería y falsas
conversiones —especialmente entre judíos y musulmanes forzados a
convertirse. Sus procedimientos, aunque crueles para los estándares
actuales, incluían garantías procesales que muchos tribunales civiles de
la época no ofrecían.
Lo que pocos saben: en un solo día del Terror de la Revolución Francesa
—el 17 de julio de 1794— fueron guillotinadas más de dieciséis mil
personas. La Inquisición española tardó tres siglos en alcanzar esa
cifra. La historia, a veces, no se cuenta como ocurrió sino como
conviene.
De la red.
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