En 1565, un fraile agustino de casi sesenta años resolvió uno de los grandes problemas de navegación de la época: cómo volver desde Asia a América cruzando el océano Pacífico.
Su nombre era Andrés de Urdaneta. Y su solución cambió el comercio mundial durante más de dos siglos.
El problema era el siguiente: desde 1521, los españoles sabían cómo llegar desde América hasta las Filipinas navegando hacia el oeste. Pero nadie había conseguido regresar. Los vientos ecuatoriales empujaban los barcos siempre en el mismo sentido. Varios intentos de tornaviaje —el viaje de regreso— habían fracasado.
Urdaneta propuso una solución que parecía contraintuitiva: en lugar de intentar cruzar el Pacífico directamente hacia el este, subir primero hacia el norte, hasta las latitudes donde los vientos soplan en sentido contrario, y luego dejarse llevar hacia California.
El 21 de enero de 1565, Urdaneta partió de Cebú, en Filipinas, rumbo a México. Navegó hacia el norte hasta las corrientes favorables, luego viró hacia el este siguiendo los vientos del Pacífico norte.
Lo que muchos ignoran es que el 8 de octubre de 1565, tras cuatro meses y más de 10.600 kilómetros de navegación, Urdaneta llegó a Acapulco. Había descubierto el "tornaviaje" — la ruta de regreso desde Asia a América. Una ruta que fue utilizada por los galeones españoles de Manila durante los 250 años siguientes.
Urdaneta no era un joven aventurero. Era un fraile anciano que aplicó décadas de experiencia y observación científica para resolver un problema que había derrotado a navegantes más jóvenes.
El hombre que abrió el Pacífico.
De la red.
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