«Entonces
el hombre de Dios preguntó: “¿Dónde cayó?”. Cuando le mostró el lugar,
cortó una rama y la arrojó allí, e hizo que el hierro flotara». – 2
Reyes 6:6
Los hijos de los
profetas trabajaban juntos construyendo una nueva vivienda cerca del río
Jordán. Mientras uno de ellos cortaba un árbol, ocurrió una desgracia:
la cabeza del hacha de hierro, que había pedido prestada, se resbaló del
mango y cayó al río. El hombre se sintió muy abatido. Perder una
herramienta prestada era un gran problema, y no sabía qué hacer.
Desesperado,
clamó al profeta Eliseo, pidiéndole ayuda. Eliseo, un hombre de Dios,
le preguntó con calma dónde había caído la cabeza del hacha. El hombre
señaló el lugar en el agua, y con fe y obediencia, Eliseo tomó una rama y
la arrojó al río. Por el poder milagroso de Dios, la cabeza del hacha
de hierro flotó hasta la superficie. El hombre metió la mano y la
recuperó, asombrado por el milagro que lo había salvado de la pérdida y
la desesperación.
Esta historia
nos recuerda que Dios se da cuenta incluso de las pequeñas dificultades
de nuestra vida. Lo que nos parece perdido o imposible nunca está fuera
de su alcance. Con fe y confianza en Él, los milagros ocurren: nos
restauran, nos proveen y nos dan esperanza incluso en nuestras
necesidades más sencillas.
De la red.
No hay comentarios:
Publicar un comentario