
Documento: https://www.academia.edu/7482746/Ruido_con_el_Santo_Oficio_Sor_Juana_y_la_censura_inquisitorial
El
hombre que apagó la voz más brillante de América en el siglo XVII era
un misógino que mandaba a limpiar el piso por donde habían caminado
monjas antes de que él pisara. Se llamaba Francisco de Aguiar y Seijas,
arzobispo de México desde 1681, y cuando murió en 1698 encontraron su
cuerpo cubierto de hematomas, llagas purulentas y heridas de cilicio
porque se flagelaba a diario, con un alambre de púas incrustado en la
cintura que los médicos tuvieron que cortar con tenazas y uñas que se le
habían enterrado en las propias carnes de tanto crecer sin que nadie
las cortara. Era ese tipo de hombre.
Sor Juana llevaba más de veinte
años escribiendo en el convento de San Jerónimo cuando en 1690 publicó
la Carta Atenagórica, una crítica filosófica a un sermón del jesuita
portugués Antonio de Vieyra, uno de los teólogos más celebrados de
Europa. Era brillante, demoledora y correctísima. El problema era que la
había escrito una mujer. Aguiar y Seijas usó eso como el pretexto que
necesitaba. En 1693, Sor Juana dejó de escribir. Entregó su biblioteca
de cuatro mil volúmenes, sus instrumentos musicales y sus aparatos
científicos. El dinero de la venta fue a manos del arzobispo. Hay quien
dice que fue represión directa.
Hay quien dice que fue una decisión
espiritual voluntaria. El arzobispo distribuyó copias del texto de
abjuración de Sor Juana en todos los conventos de Nueva España, España y
Portugal como modelo de virtud femenina, lo que para el historiador
Elías Trabulse demuestra exactamente que esos documentos eran su
propaganda y no la voz libre de Sor Juana. En 1694, Sor Juana firmó dos
veces con su propia sangre en el Libro de Profesiones del convento:
primero ratificando sus votos religiosos con la frase "hasta derramar la
sangre", y luego con un texto que decía que abandonaba los estudios
humanos para proseguir "desembarazada de este afecto, en el camino de la
perfección." La última línea que escribió en ese libro, el 1 de abril
de 1695, fue la anotación de la muerte de una hermana de convento.
Después enfermó. Tres días de fiebre. A las tres de la madrugada del 17 de abril de 1695 murió. Tenía 46 años. Había pasado dos de sus últimos años en silencio absoluto. Aguiar y Seijas vivió tres años más, flagelándose. Murió en 1698 con el cuerpo destrozado por sus propias manos y fue venerado como un posible santo. Sor Juana lleva trescientos treinta años en la portada de los billetes de doscientos pesos. El arzobispo no aparece en ningún billete pero está en cada uno.
De la red.
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