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sábado, 18 de abril de 2026

Sor Juana Inés de la Cruz y la censura del arzobispo de México.

 Puede ser una imagen de texto que dice "ॐ 2,lap la peor. La hicieron firmar su silencio con su propia propiasangre. sangre."
Documento: https://www.academia.edu/7482746/Ruido_con_el_Santo_Oficio_Sor_Juana_y_la_censura_inquisitorial

El hombre que apagó la voz más brillante de América en el siglo XVII era un misógino que mandaba a limpiar el piso por donde habían caminado monjas antes de que él pisara. Se llamaba Francisco de Aguiar y Seijas, arzobispo de México desde 1681, y cuando murió en 1698 encontraron su cuerpo cubierto de hematomas, llagas purulentas y heridas de cilicio porque se flagelaba a diario, con un alambre de púas incrustado en la cintura que los médicos tuvieron que cortar con tenazas y uñas que se le habían enterrado en las propias carnes de tanto crecer sin que nadie las cortara. Era ese tipo de hombre. 

Sor Juana llevaba más de veinte años escribiendo en el convento de San Jerónimo cuando en 1690 publicó la Carta Atenagórica, una crítica filosófica a un sermón del jesuita portugués Antonio de Vieyra, uno de los teólogos más celebrados de Europa. Era brillante, demoledora y correctísima. El problema era que la había escrito una mujer. Aguiar y Seijas usó eso como el pretexto que necesitaba. En 1693, Sor Juana dejó de escribir. Entregó su biblioteca de cuatro mil volúmenes, sus instrumentos musicales y sus aparatos científicos. El dinero de la venta fue a manos del arzobispo. Hay quien dice que fue represión directa. 

Hay quien dice que fue una decisión espiritual voluntaria. El arzobispo distribuyó copias del texto de abjuración de Sor Juana en todos los conventos de Nueva España, España y Portugal como modelo de virtud femenina, lo que para el historiador Elías Trabulse demuestra exactamente que esos documentos eran su propaganda y no la voz libre de Sor Juana. En 1694, Sor Juana firmó dos veces con su propia sangre en el Libro de Profesiones del convento: primero ratificando sus votos religiosos con la frase "hasta derramar la sangre", y luego con un texto que decía que abandonaba los estudios humanos para proseguir "desembarazada de este afecto, en el camino de la perfección." La última línea que escribió en ese libro, el 1 de abril de 1695, fue la anotación de la muerte de una hermana de convento. 

Después enfermó. Tres días de fiebre. A las tres de la madrugada del 17 de abril de 1695 murió. Tenía 46 años. Había pasado dos de sus últimos años en silencio absoluto. Aguiar y Seijas vivió tres años más, flagelándose. Murió en 1698 con el cuerpo destrozado por sus propias manos y fue venerado como un posible santo. Sor Juana lleva trescientos treinta años en la portada de los billetes de doscientos pesos. El arzobispo no aparece en ningún billete pero está en cada uno.

De la red. 

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