En 1492, España expulsó a 200.000 judíos en cuatro meses... y perdió mucho más que población
El
mismo año en que Colón zarpaba hacia el Nuevo Mundo, otro
acontecimiento de enorme magnitud sacudía España: el 31 de marzo de
1492, los Reyes Católicos firmaron el Edicto de Granada, que ordenaba la
expulsión de todos los judíos de los reinos de Castilla y Aragón en un
plazo de cuatro meses.
La cifra
exacta se debate entre los historiadores, pero se estima que entre
100.000 y 200.000 personas se vieron obligadas a abandonar sus hogares,
sus negocios y sus bienes. Quienes se convirtieran al cristianismo
podían quedarse. Los que no, debían marcharse antes del 2 de agosto.
La expulsión privó a España de una parte significativa de su clase intelectual y económica.
Los
judíos españoles — los sefardíes — llevaban siglos integrados en la
sociedad peninsular. Eran médicos de corte, traductores, prestamistas,
comerciantes internacionales, astrónomos, eruditos. Sus redes de
contactos se extendían por todo el Mediterráneo. Cuando se fueron, se
llevaron ese capital humano y social consigo.
Los países que los acogieron — el Imperio Otomano, Portugal, los Países Bajos — se beneficiaron directamente de ese capital.
Lo que muchos ignoran es que los sefardíes expulsados conservaron
durante siglos su lengua original: el ladino, una forma del español
medieval que seguía hablándose en comunidades judías de Turquía, Grecia y
los Balcanes hasta bien entrado el siglo XX. Hoy es una lengua en
peligro de extinción — el último eco de la España medieval que se fue en
1492.
De la red.
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