
En
1991, lo que durante más de 70 años fue casi sagrado en media Europa
terminó en la basura: retratos de Marx, Engels y Lenin tirados como
objetos sin valor en Berlín. Fue una ruptura con una ideología que
dominó a más de 400 millones de personas bajo la órbita soviética.
Todo ocurre tras la caída del Muro de Berlín en 1989 y la reunificación
alemana en 1990. En menos de 2 años, el sistema socialista de Alemania
Oriental colapsó por completo: se cerraron instituciones, se eliminaron
símbolos y se desmontó toda una estructura política que había durado
décadas.
Marx, Engels y Lenin eran el núcleo del pensamiento comunista, presente
en escuelas, oficinas y propaganda estatal. Ver sus retratos en
contenedores reflejaba el rechazo a un sistema asociado con censura,
vigilancia (como la Stasi) y una economía controlada que limitaba
libertades.
En ese mismo 1991, la Unión Soviética, el mayor estado comunista del
mundo, desapareció oficialmente. Fue el fin de un bloque que había
competido con Estados Unidos durante toda la Guerra Fría.
Las ideas que parecen intocables pueden derrumbarse en cuestión de
meses. Lo que antes era propaganda obligatoria pasó a ser desecho.
De la red.
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