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martes, 10 de marzo de 2026

¿POR QUÉ EL DIABLO DISPUTÓ EL CUERPO DE MOISÉS?

 

La Biblia menciona un hecho que a muchos les llama la atención y que no se explica con muchos detalles, pero sí con un mensaje profundo. En la carta de Judas se dice que el arcángel Miguel contendía con el diablo por el cuerpo de Moisés, pero que no se atrevió a lanzar juicio, sino que dijo: “El Señor te reprenda” (Judas 1:9). Para entender esto, no basta con leer la frase; hay que mirar toda la historia de Moisés y lo que Dios estaba enseñando.
Moisés fue un hombre escogido por Dios. No fue perfecto, pero fue usado para liberar a Israel, para recibir la ley y para guiar al pueblo durante años. La Biblia dice que Moisés murió y que Dios mismo se encargó de sepultarlo en un lugar que nadie conoció (Deuteronomio 34:5–6). Nadie vio su tumba. Nadie pudo rendirle culto. Eso no fue casualidad.
Aquí entra la pregunta: ¿por qué el diablo quiso su cuerpo?
El enemigo siempre ha buscado desviar la adoración que solo le corresponde a Dios. Si el cuerpo de Moisés hubiera quedado al alcance del pueblo, conociendo la tendencia humana, fácilmente se habría convertido en objeto de veneración. Israel ya había caído antes en idolatría por cosas mucho menores. Un líder tan importante como Moisés podía terminar siendo adorado en lugar de Dios. El diablo no quería el cuerpo por respeto, lo quería para usarlo como tropiezo.
También hay algo más profundo. Moisés representaba la ley. A través de él Dios entregó los mandamientos. Satanás es acusador y busca apoyarse en la ley para condenar. Si podía usar el cuerpo de Moisés para confusión, culpa o desviación, lo haría. Pero Dios no lo permitió.
Por eso Dios mismo tomó control de la sepultura. No dejó ese asunto en manos humanas. El cuerpo de Moisés no quedó expuesto, no quedó como reliquia, no quedó como símbolo. Dios cerró la puerta a la idolatría antes de que comenzara.
Cuando Judas menciona la disputa, deja algo muy claro. Miguel no discutió con el diablo usando fuerza ni insultos. No habló desde orgullo. Dijo: “El Señor te reprenda”. Eso enseña que la autoridad no está en el ángel, sino en Dios. Aun en un asunto tan delicado, el cielo actuó bajo orden y respeto a la autoridad divina.
Aquí Dios nos muestra varias verdades sencillas.
Primero, que el enemigo siempre intenta usar lo que Dios ha hecho para confundir a la gente. Incluso cosas buenas pueden volverse dañinas cuando ocupan el lugar de Dios.
Segundo, que Dios cuida la gloria que solo a Él le pertenece. No comparte su honra. Cuando algo puede desviar el corazón del hombre, Él mismo pone límites.
Tercero, que la autoridad verdadera no se ejerce con gritos ni amenazas, sino con obediencia a Dios. Miguel no peleó por cuenta propia. Dependió del Señor.
El cuerpo de Moisés no era el centro del plan de Dios. El mensaje, la obediencia y la promesa eran lo importante. Moisés murió, pero la obra de Dios continuó. El liderazgo pasó a Josué. El pueblo siguió adelante. Dios mostró que ningún hombre, por grande que haya sido, está por encima de Él.
El mensaje queda claro y fácil de entender: Dios no permite que nada, ni nadie, ocupe el lugar que solo le corresponde. El enemigo siempre buscará distraer, pero Dios siempre protege su propósito. Y cuando Dios guarda algo, no es para ocultar verdad, sino para cuidar el corazón de su pueblo.
Por eso el cuerpo de Moisés fue disputado, pero no fue entregado. Porque la historia no se trataba de un cuerpo, sino de a quién pertenece la gloria.
 
De la red. 

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