¿Sabías que Carlos II de España tenía un árbol genealógico tan enredado que sus padres eran tío y sobrina?
Esta práctica, llamada endogamia, buscaba mantener el poder en la familia, pero el resultado fue un rasgo físico tan marcado que pasó a la historia: el prognatismo mandibular.
Carlos II (el de la imagen) tenía la mandíbula tan salida que sus dientes no encajaban, lo que le impedía masticar la comida correctamente.
En lugar de tener los 32 tatarabuelos que tenemos todos, él solo tenía 10 debido a que sus antepasados se repetían una y otra vez.
Fue el último de su dinastía, pues la genética le pasó una factura que no pudo pagar.
De la red.
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