Debido
al gran número de indígenas que murieron por la guerra, las cacerías
humanas, la explotación laboral y la hambruna, España decidió traficar
personas esclavizadas de África. Pero también había otros motivos. De la
labor forzada indígena, en España solo se lucraban de lo que producían,
mientras que, del tráfico de esclavos africanos, se lucraban también de
las ventas y las tarifas de importación.
En 1518, Carlos I de Castilla le otorgó a Lorenzo de Gorrevod una licencia para “…llevar a las Indias, islas y tierra-firme del mar océano descubiertas o por descubrir cuatro mil esclavos y esclavas negros…”. Gorrevod era el gobernador de Bresa, mayordomo mayor de Carlos I, y el favorito de sus consejeros.
Gorrevod obtuvo la licencia gratis, pero él se la vendió a distintos comerciantes por 25,000 ducados. El acuerdo estaba vigente hasta 1527. Se decidió que a PR traerían 500 personas esclavizadas de África, pero de 1519 a 1521, trajeron 573. El precio por cada ser humano vendido podía variar entre 38 y 80 pesos de oro. La mayoría costaba entre 55 y 65. Muchos se endeudaban haciendo estas compras.
En 1524 la Corona otorgó 10 licencias adicionales a la de Gorrevod. Aunque el contrato inicial con Gorrevod corría hasta 1527, en 1530 continuaban trayendo esclavos y habían superado el doble de la cuota establecida.
Uno de los traficantes de esclavos fue López de Recalde, Contador Mayor de la Casa de la Contratación en Sevilla. “En aquel mundo de la monarquía absolutista no había conflicto de interés en ocupar un puesto institucional y lucrarse personalmente en el proceso” (Moscoso).
Los hermanos Centurión fueron los mayores traficantes de esclavos en este periodo. Ellos, para cobrar precios más altos, crearon una escacez artificial, importando grupos pequeños de esclavos a la vez.
Juan Fernández de Castro estaba a cargo del tráfico esclavista a PR. Tenía licencia para transportar 2,000 esclavos. Luego se le acusó de no haber cumplido con los pagos.
Algunos traficantes de esclavos luego ocuparían puestos públicos en las Antillas.
En 1518, Carlos I de Castilla le otorgó a Lorenzo de Gorrevod una licencia para “…llevar a las Indias, islas y tierra-firme del mar océano descubiertas o por descubrir cuatro mil esclavos y esclavas negros…”. Gorrevod era el gobernador de Bresa, mayordomo mayor de Carlos I, y el favorito de sus consejeros.
Gorrevod obtuvo la licencia gratis, pero él se la vendió a distintos comerciantes por 25,000 ducados. El acuerdo estaba vigente hasta 1527. Se decidió que a PR traerían 500 personas esclavizadas de África, pero de 1519 a 1521, trajeron 573. El precio por cada ser humano vendido podía variar entre 38 y 80 pesos de oro. La mayoría costaba entre 55 y 65. Muchos se endeudaban haciendo estas compras.
En 1524 la Corona otorgó 10 licencias adicionales a la de Gorrevod. Aunque el contrato inicial con Gorrevod corría hasta 1527, en 1530 continuaban trayendo esclavos y habían superado el doble de la cuota establecida.
Uno de los traficantes de esclavos fue López de Recalde, Contador Mayor de la Casa de la Contratación en Sevilla. “En aquel mundo de la monarquía absolutista no había conflicto de interés en ocupar un puesto institucional y lucrarse personalmente en el proceso” (Moscoso).
Los hermanos Centurión fueron los mayores traficantes de esclavos en este periodo. Ellos, para cobrar precios más altos, crearon una escacez artificial, importando grupos pequeños de esclavos a la vez.
Juan Fernández de Castro estaba a cargo del tráfico esclavista a PR. Tenía licencia para transportar 2,000 esclavos. Luego se le acusó de no haber cumplido con los pagos.
Algunos traficantes de esclavos luego ocuparían puestos públicos en las Antillas.
De la red.
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