La película que convirtió a la mafia siciliana en cultura pop. Don Corleone. La cabeza del caballo. Un mundo de códigos de honor, traiciones y violencia calculada donde la familia lo era todo.
Pero vamos, que la mafia siciliana no inventó nada.
Porque 2.000 años antes, en Roma, ya existía una organización con pactos de sangre y asesinatos por encargo.
Se llamaba Senado romano.
Que por cierto, también es el aniversario del asesinato más famoso de la historia. 15 de marzo del 44 a.C. ¡Cuídate de los Idus de Marzo! Sesenta senadores le esperan. Con puñales bajo la toga.
Como buenos mafiosos romanos, le rodearon fingiendo saludarle.
Aunque de esas 23 puñaladas, la inmensa mayoría fueron superficiales. Algunas ni pasaron del músculo. Varias fallaron órganos vitales por centímetros.
Se apuñalaron entre ellos en el caos. Y solo una puñalada sirvió para algo.
La que penetró entre las costillas del costado izquierdo y alcanzó el pericardio. Esa herida provocó un taponamiento cardíaco.
La sangre se acumuló en el saco que rodea el corazón, lo comprimió, y dejó de latir.
La primera autopsia documentada de la historia la hizo el médico Antistio. Y su conclusión fue: sesenta tipos armados con puñales, y solo uno acertó.
Don Corleone habría mandado a gente más competente.
Aunque pensándolo bien, la aristocracia romana y la mafia tienen algo más en común: ambas creían que matar al líder resolvería sus problemas. No lo hizo.
Y esto me recuerda al libro de Fernando Díaz Villanueva Sic Semper Tyrannis.
La humanidad lleva siglos cometiendo el mismo error.
Matar al que manda nunca cambia el sistema. Solo cambia el nombre del que manda.
De la red.
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