Una de las anécdotas más reveladoras y verídicas sobre Aristóteles no tiene que ver con un gran descubrimiento científico, sino con su honestidad intelectual y su capacidad para separar el afecto personal de la búsqueda de la verdad.
Se trata de su relación con su maestro, Platón, y el nacimiento de su famosa frase (o al menos el sentimiento detrás de ella): "Amicus Plato, sed magis amica veritas" (Platón es mi amigo, pero más amiga es la verdad).
El conflicto de las Ideas
Aristóteles pasó 20 años en la Academia de Platón. Era su alumno estrella, pero a medida que maduraba, empezó a cuestionar la teoría central de su maestro: la Teoría de las Ideas.
Platón creía que el mundo real era solo una sombra de un mundo espiritual perfecto.
Aristóteles, con una mente más científica y terrenal, creía que la realidad estaba aquí mismo, en lo que podíamos tocar y observar.
El "Dilema del Potrillo"
Se cuenta que Platón, al ver que su discípulo más brillante comenzaba a rebatir sus enseñanzas con argumentos lógicos implacables, comentó con una mezcla de orgullo y tristeza:
"Aristóteles me da coces como los potrillos a sus madres nada más nacer".
¿Por qué es importante?
A diferencia de otros filósofos que formaban sectas donde cuestionar al líder era traición, Aristóteles demostró que el respeto por un mentor no debe estar por encima de la evidencia. Cuando Platón murió y no nombró a Aristóteles como su sucesor en la Academia (posiblemente por estas diferencias ideológicas), Aristóteles no se amargó; simplemente se fue y, años más tarde, fundó su propia escuela: el Liceo.
Esta anécdota define el nacimiento del método empírico: observar el mundo tal como es, incluso si eso significa contradecir a las personas que más admiramos.
De la red.
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