DIOS RESTITUYE
"Y os restituiré los años que comió la oruga, el saltón, el revoltón y la langosta."
Joel 2:25
Hay cosas que fueron tomadas de ti sin que pudieras hacer nada para evitarlo.
No hablo solo de objetos o de dinero.
Hablo de cosas que no tienen precio en ningún mercado.
Años de infancia que deberían haber sido seguros y no lo fueron.
Confianza que fue rota por alguien que debería haberla protegido.
Oportunidades que desaparecieron por circunstancias que no elegiste.
Una versión de tu historia que nunca llegó a ser porque algo o alguien la interrumpió antes de tiempo.
Tiempo.
El recurso más imposible de recuperar.
El que no se puede comprar ni negociar ni recuperar por ningún esfuerzo humano.
Tiempo que fue consumido por el dolor.
Por el proceso de sobrevivir algo que no debías haber tenido que sobrevivir.
Por la reconstrucción lenta de cosas que no debías haber tenido que reconstruir.
Y hay una injusticia en eso que es real y que merece ser nombrada honestamente.
No minimizada.
No espiritualizada demasiado rápido.
Nombrada.
Algo fue tomado.
Sin permiso.
Sin justicia visible.
Sin que nadie pagara el precio real de lo que costó.
Y Dios lo sabe.
No solo en términos generales.
Lo sabe con la precisión de quien estuvo presente en cada momento de cada pérdida.
Que no miró para otro lado.
Que no estuvo ocupado con algo más importante.
Que vio todo.
Y lo que dice a través del profeta Joel no es consolación barata.
Es una promesa con dientes.
Os restituiré los años.
No algunos.
Los años.
El tiempo que fue consumido.
La oruga y la langosta son imágenes de todo aquello que devora lo que fue sembrado.
Y Dios dice que lo que fue devorado será restituido.
No de la manera que tú imaginas necesariamente.
No en la forma exacta de lo que se perdió.
Sino en algo que en el balance final de tu historia haga que lo que fue tomado quede completamente cubierto.
Más que cubierto.
Con intereses.
Porque así es como Dios restituye.
No al nivel exacto de lo que había antes.
Por encima de él.
De una manera que solo es posible porque Dios ve el tiempo de principio a fin y puede obrar en dimensiones que el tiempo lineal no permite.
Lo que te quitaron sin permiso no quedó sin registro en el cielo.
Y Dios no deja cuentas abiertas.
Joel 2:25 — Isaías 61:7 — Job 42:10
De la red.
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