Mucho antes de que existiera la Unión Europea hubo un camino que borró las fronteras.
El Camino de Santiago fue el verdadero internet de la Edad Media.
Lo
que empezó con el descubrimiento de una tumba bajo la luz de las
estrellas en Galicia se convirtió en la mayor arteria cultural de
Occidente.
Por
esas sendas de tierra no solo caminaban peregrinos rezando. Caminaban
las ideas, la música, los secretos de los constructores de catedrales y
el dinero.
Reyes,
mendigos, albañiles y soldados de Escandinavia o Italia compartían el
mismo techo y la misma sopa en los albergues del camino.
El
poeta Goethe llegó a decir que Europa se formó peregrinando a
Compostela. Fue la primera vez que gente de naciones distintas se sintió
parte de algo más grande y común.
Hoy
sigue siendo uno de los pocos lugares del mundo donde un ejecutivo de
una gran empresa y un estudiante caminan juntos al mismo paso buscando
respuestas.
De la red.
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