pero su oración lo hizo eterno (1 Crónicas 4:9–10).
Su nombre significaba dolor.
Nació marcado por el sufrimiento,
por una historia que parecía limitar su futuro.
Pero Jabes entendió algo clave:
tu origen no define tu destino.
En lugar de resignarse,
Jabes hizo una oración audaz:
Pidió bendición.
Pidió ensanchar su territorio.
Pidió la mano de Dios sobre su vida.
Pidió ser guardado del mal.
No pidió venganza.
No pidió comodidad.
Pidió propósito.
Y la Escritura dice algo poderoso:
“Y Dios le concedió lo que pidió.”
Jabes nos enseña que
Dios no se ofende cuando le pedimos más,
se alegra cuando alguien cree que puede vivir más allá de su pasado.
No eres lo que te llamaron.
No eres lo que te hicieron.
Eres lo que Dios dijo de ti.
Atrévete a orar como Jabes.
Porque cuando cambias tu manera de pedir,
Dios puede cambiar tu manera de vivir.
De la red.
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