Los agentes norvietnamitas queboo interrogaron le pusieron el apodo de "El increíble hombre sin cerebro". Por ende, le dieron libertad para que paseara por la prisión con una escoba, convencidos de que su mente era demasiado simple para representar una amenaza.
Pero fue el error de inteligencia más grave que cometieron en toda la guerra.
Douglas Hegdahl no era un comando de élite, era un granjero de Dakota del Sur de 20 años que había caído por la borda de su barco, el USS Canberra, tras la explosión de sus propios cañones.
Cuando fue capturado y llevado al infame "Hanoi Hilton", se dio cuenta de que no tenía rango ni fuerza para resistir la tortura física a la que eran sometidos, así que decidió usar la única arma que nadie que pasarían quizás por alto, y fue su propia subestimación.
Diseñó el papel de su vida, así que fingió un acento y dialecto poco comprensible, miraba al vacío con la boca abierta y logró convencer a los guardias de que era analfabeto.
Cuando intentaron "reeducarlo" con propaganda, él fingía no poder memorizar ni la letra "A". Los soldados frustrados bajaron la guardia y dejaron de vigilarlo.
Mientras barría el patio, el "tonto" del pueblo se convirtió memorizaba todo a su alrededor.
Hegdahl comenzó a analizar los datos de cada soldado estadounidense desaparecido.
Para que su cerebro pudiera retener toda la información, usó la mnemotecnia, es decir, asoció los nombres, rangos y números de seguro social al ritmo de la canción infantil "El viejo MacDonald tenía una granja".
Un nombre, un rango, E-I-E-I-O... Repitió la canción en silencio miles de veces mientras barría bajo las narices del enemigo. Llegó a memorizar a 256 hombres que todos daban por perdidos.
En 1969, los captores decidieron liberarlo como un gesto de propaganda, pensando que era un "hombre inofensivo" que no podría contar nada útil.
Hegdahl se negó a irse (el código de honor prohibía salir antes que los capturados más antiguos), pero su superior le dio una orden directa:
-"Tú eres nuestra memoria. Tienes que sacar esos nombres".
Cuando aterrizó en libertad, Hegdahl no habló, sino cantó todo lo que sabía.
Recitó la lista completa de los 256 prisioneros. Gracias a su actuación de hombre sin cerebro, cientos de familias supieron que sus hijos estaban vivos y el gobierno de EE. UU. obtuvo la palanca que necesitaba para negociar en las Conferencias de Paz de París, donde Hegdahl confrontó a los norvietnamitas cara a cara.
El hombre que barrió en sus narices, resultó ser el arma más valiosa del campamento.
De la red.
Fuentes en Naval History and Heritage Command. The Incredible Story of Douglas Hegdahl y Defense POW/MIA Accounting Agency. Vietnam War POW/MIA List & Narratives. Contenido con fines educativos e históricos.
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