A veces, la inspiración llega por los canales más absurdos. Norman Greenbaum era un músico judío practicante que tocaba rock psicodélico y música folk. Un día de 1969, estaba viendo la televisión cuando apareció el cantante de country Porter Wagoner interpretando una canción gospel sobre la redención.
Greenbaum lo miró y pensó: "Yo también puedo escribir algo así". Tomó su guitarra, se sentó y en exactamente 15 minutos compuso "Spirit in the Sky". No sabía absolutamente nada del Nuevo Testamento ni de la teología cristiana, simplemente juntó frases que sonaban bien sobre tener "un amigo en Jesús" y el más allá.
Para darle peso, le añadió un riff de guitarra saturado de "fuzz" (distorsión) denso y pesado. La ironía fue monumental: un judío devoto que escribió por puro aburrimiento el que hoy es considerado el himno de "rock cristiano" más grande y vendido de todos los tiempos.
De la red.
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