¿Sabías que a finales del siglo XIX, caminar sin hacer ruido era considerado una actividad altamente sospechosa? Si no hacías "clac-clac" al andar, probablemente eras un ladrón, un adúltero o un espía de la peor calaña.
Esta es la historia de Humphrey O’Sullivan, un tipo que solo quería que no le dolieran los pies y acabó liándola parda en la historia de la moda y la ley.
Corre el año 1899 en Massachusetts (EE.UU). O’Sullivan, un trabajador harto de machacarse los talones contra el suelo de madera de su imprenta, tiene una idea: recortar un trozo de alfombra de goma y pegarlo a sus zapatos. 
¿El resultado? Una maravilla para sus articulaciones.
¿La reacción social? Un desastre absoluto.
En aquella época, el estatus se medía por el ruido. Un zapato de cuero rígido anunciaba tu llegada con autoridad. Los zapateros de la vieja escuela pusieron el grito en el cielo: decían que la goma era un material "sucio" y "poco elegante".
Pero lo peor no era la estética, era la paranoia. La gente empezó a sospechar de cualquiera que usara los tacones de O’Sullivan. Se les llamaba despectivamente los "Pussyfooters" (los que caminan como gatitos). La lógica era aplastante: *"Si no quieres que te oigan, es que vas a robarle las joyas a tu vecina o a visitar a la mujer del prójimo".
Entra en escena William E. Johnson, un agente federal encargado de aplicar la prohibición de alcohol en los territorios indígenas a principios del 1900. Johnson era un fanático de la templanza, pero también un tipo extremadamente astuto. Para pillar a los traficantes de alcohol (los bootleggers), Johnson adoptó los tacones de goma de O’Sullivan y perfeccionó el arte de deslizarse por los callejones y saltar por las ventanas de los salones sin hacer el más mínimo ruido. Los delincuentes, frustrados porque el agente aparecía como un fantasma a sus espaldas, empezaron a llamarle "Pussyfoot" (paso de gatito).
Lo que empezó como un mote despectivo para un policía "rastrero" que usaba calzado de goma, acabó definiendo a todo el movimiento prohibicionista:
- Para los "mojados" (los que querían beber), un Pussyfoot era un puritano entrometido, un tipo que se movía en las sombras para prohibirte la cerveza.
- Para los "secos" (los prohibicionistas), el término se convirtió en un galón de honor: eran los vigilantes silenciosos de la moral pública.
Lo más divertido de esta historia es el choque de intenciones:
- O’Sullivan inventó los tacones para que no le dolieran los pies mientras trabajaba.
- La sociedad los rechazó por ser calzado de "criminales".
- El Estado los adoptó para que sus agentes pudieran cazar criminales de forma más eficiente.
Al final, el tacón de goma pasó de ser una sospecha criminal a una herramienta de la ley, para acabar siendo el nombre de los tipos más odiados durante la Ley Seca: los que te quitaban el whisky.
NOTA. No confundir: El Pussyfooting hoy se usa en inglés para decir que alguien "se anda con rodeos" o no va al grano; pero en 1920, llamar a alguien Pussyfoot era una invitación directa a una pelea de bar... si es que encontrabas un bar abierto.
De la red.
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