Él estaba seguro de que la evidencia lo llevaba a la "no existencia" de Dios. Hasta que la biología moderna avanzó.
A los 81 años, este gigante del intelecto hizo algo impensable: se retractó. No fue por una visión mística, ni por miedo a la muerte, ni por emoción. Fue por pura ciencia.
Al estudiar el ADN y la complejidad de la célula, Flew se dio cuenta de algo: "Es imposible que una sopa química cree este código por azar. La diferencia entre lo vivo y lo no vivo es abismal. Tiene que haber una Inteligencia detrás."
Sus colegas ateos (como Dawkins) se enfurecieron. Lo llamaron "senil", dijeron que lo habían manipulado. No podían aceptar que su mayor campeón se había pasado al otro bando usando sus propias armas: la razón y la lógica.
Flew murió firmando un libro titulado "Dios Existe", dejándonos una lección de humildad brutal: A veces, lo más inteligente que puedes hacer es admitir que estabas equivocado.
De la red.
No hay comentarios:
Publicar un comentario