Lea vivió bajo la sombra de su hermana y la indiferencia de Jacob. Lo fascinante está en los registros de Génesis 29:31-35, donde los nombres de sus primeros tres hijos son literalmente lamentos públicos buscando validación: Rubén ("mira mi aflicción"), Simeón ("el Señor oyó que soy menospreciada") y Leví ("ahora mi marido se unirá a mí"). Históricamente, vemos a una persona tratando de ganar afecto mediante su desempeño y "producción", algo que nos resulta muy familiar hoy en día.
El dato más potente es la ironía divina: no fue la amada Raquel, sino la "no amada" Lea, quien se convirtió en la tatarabuela del Rey David y, finalmente, del Mesías. Dios suele usar lo que el mundo descarta para establecer su plan de redención, demostrando que su gracia no depende de nuestro atractivo o popularidad, sino de su voluntad perfecta.
De la red.
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