En los suburbios de Chicago, dentro de un garaje helado, Sabrina Gonzalez Pasterski con tan solo 12 años, compró un kit de un avión Cessna, extendió los planos en el suelo y comenzó a construirlo pieza por pieza. No era un juego ni un proyecto escolar, era ingeniería real. Dos años después, a sus 14 años, ya había terminado de ensamblar el motor y el fuselaje, y una vez terminado, se subió a la cabina, encendió la hélice y lo voló sola sobre el lago Michigan.
Ese mismo año se presentó en las oficinas del Instituto Tecnológico de Massachusetts (MIT). Solo buscaba que alguien certificara que su avión era seguro, pero llevaba un video bajo el brazo que cambiaría el rumbo de su destino.
Al principio la secretaria de admisiones, Peggy Udden, no sabía qué hacer con una niña tan pequeña. Sin embargo, cuando los profesores de aeronáutica vieron la grabación de Sabrina soldando metal y pilotando su propia nave, el asombro fue total.
Fue entonces cuando entendieron de inmediato que no estaban ante una estudiante común. Sabrina no solo memorizaba fórmulas, se le facilitaba la física.
Con ese potencial, fue aceptada y años más tarde se graduó con un promedio perfecto de 5.0, la nota más alta posible en la historia de la universidad.
Su capacidad intelectual llamó la atención de las figuras más grandes de la industria como Jeff Bezos, fundador de Amazon y de la aeroespacial Blue Origin, quien le hizo una oferta abierta para trabajar con él cuando quisiera.
La NASA también la buscó para hacerla parte de sus proyectos más ambiciosos. Sabrina tenía delante de ella la oportunidad de asegurar un futuro millonario y una carrera cómoda en el sector privado.
Pero rechazó todas las ofertas comerciales.
Su motivo nunca fue el dinero ni la estabilidad corporativa, dijo que la física era lo suficientemente emocionante por sí misma, que no le interesaba acumular dinero ni trabajar en una oficina de 9 a 5. Y que prefería dedicar su vida a la investigación pura intentando responder las preguntas sobre la gravedad y el universo que ni siquiera Einstein pudo resolver.
Hoy sigue trabajando en sus investigaciones sobre gravedad cuántica y agujeros negros, un campo que Stephen Hawking llegó a citar reconociendo el valor de su trabajo antes de fallecer.
Sabrina demuestra que la verdadera pasión no necesita recompensas externas. Su historia es la de una mente que decidió que entender cómo funciona el universo era mucho más valioso que cualquier sueldo que le pudieran ofrecer.
Fuentes: Forbes, Harvard University y MIT News. Artículo biográfico sobre la trayectoria académica de Sabrina Gonzalez Pasterski. Artículo informativo e histórico escrito por Universo Sorprendente.
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