Chadys (Combo) 2 Libros y CD

Agradezco su aportación


Las donaciones son bienvenidas, y de forma segura a través de PayPal.



Translate

Saludos cordiales:

Saludos amigos del blog!!!! Quiero darles la bienvenida a mi humilde aposento cibernético con el cual comparto desde el año 2009 lo que me apasiona en el mundo de las artes, la historiografía, la música, la literatura y la espiritualidad. Y también escritos originales... Pueden accesar a mi música en Spotify, YouTube y a los interesados en mis publicaciones literarias, las pueden adquirir en su librería preferida en Puerto Rico, Amazon, eBay, o escribiéndome. Muchas bendiciones!

Visitas al blog

viernes, 2 de enero de 2026

El amor no pide permiso. Construye su propio hogar.

«Su padre le dijo: “Si lo eliges a él, no vuelvas nunca”.
Así que ella construyó una vida tan plena… que nunca tuvo que hacerlo».
Cuando Mary le dijo a su padre que pensaba casarse con Jake, él estampó la taza de té sobre la mesa con tanta fuerza que hasta el perro salió corriendo.
«Si te casas con ese hombre», gritó,
«¡no volverás a cruzar esta puerta!»
Mary no lloró.
No discutió.
Sonrió y respondió,
«Entonces supongo que tendré que comprar mis propias zapatillas».
Aquellos primeros años en Birmingham fueron más duros de lo que a cualquiera le gusta recordar.
Los caseros les cerraban la puerta.
Algunos vecinos se comportaban como si el amor entre razas fuera contagioso.
¿Pero Mary y Jake?
Eran tercos: de ese tipo de amor que convierte la dureza en humor.
Mary se hizo maestra.
«A los niños nunca les importó con quién me casé», decía, sonriendo.
Jake trabajaba en una fábrica, tan incansable que hasta las máquinas parecían agotadas al atardecer.
Poco a poco, la ciudad se fue ablandando.
Una sonrisa a la vez.
Una taza de té compartida a la vez.
Una conversación honesta a la vez.
Antes de invitar a gente nueva a casa, Mary siempre dejaba un aviso suave:
«Antes de venir a cenar, debería decirte… mi marido es negro».
Algunos nunca volvían a llamar.
Otros venían, se devoraban el famoso pollo asado de Jake, y se quedaban tan tarde que Mary tenía que acompañarlos a la puerta pasada la medianoche.
Ahora, setenta años después, se sientan lado a lado en el porche —cabello plateado, manos marcadas, mecedoras a juego— riendo como dos enamorados jóvenes.
Jake la empuja con el codo.
«¿Crees que tu padre te dejaría entrar en su casa ahora?»
Mary sonríe y le aprieta la mano.
«Cariño…
sería afortunado si yo lo dejara entrar en la mía».
El amor no pide permiso. Construye su propio hogar.
Fuente: Tribunal Supremo de los Estados Unidos ("Loving v. Virginia, 388 U.S. 1", 12 de junio de 1967)
De la red... 
 

No hay comentarios:

Publicar un comentario