En Cuba, el castillo fue trazado por el ingeniero Bautista Antonelli hacia 1585 y su construcción se extendió sobre todo entre 1589 y el primer tercio del siglo XVII (según las fuentes, suele citarse hasta 1630–1640), como respuesta a incursiones de corsarios y potencias rivales contra La Habana.
En Puerto Rico, El Morro comenzó como una primera obra defensiva en 1539 y fue creciendo por más de 250 años, hasta quedar esencialmente completado hacia finales del siglo XVIII (c. 1790), acompañando la expansión del sistema defensivo de San Juan.
En tamaño y diseño, los dos son “máquinas” de artillería adaptadas al terreno, pero se sienten distintos. El Morro de San Juan es una ciudadela de seis niveles frente al Atlántico y se describe con un tamaño de 28 hectáreas (70 acres), incluyendo la explanada, con muros que alcanzan aprox. 5.5 a 6.1 metros de grosor en partes, dominando un promontorio de unos 140 pies de altura sobre el mar. El Morro habanero, en cambio, se caracteriza por una planta poligonal irregular “amarrada” al risco, con foso y muros gruesos (por ejemplo, se citan ~3 metros en descripciones turísticas), pensado para cruzar fuegos con otras fortificaciones que cierran la bahía.
Los propósitos también se parecen, pero cada puerto exigía un “truco” particular. En La Habana, además de los cañones, se usó una defensa famosa: una cadena (boom defense) tendida entre El Morro y el castillo de La Punta para bloquear la entrada de barcos en momentos de amenaza. En San Juan, El Morro fue por siglos la primera línea contra ataques por mar y parte de un sistema mayor (murallas, San Cristóbal, El Cañuelo) que defendía bahía y ciudad; hoy ese conjunto está reconocido como Patrimonio Mundial de la UNESCO (“La Fortaleza and San Juan National Historic Site…”, inscrito en 1983).
En curiosidades, ambos mezclan guerra con símbolos culturales.
En La Habana, el castillo quedó muy marcado por la conquista inglesa de 1762. Tras la toma de La Habana en agosto de 1762, durante la Guerra de los Siete Años, las fuerzas británicas ocuparon la ciudad y su puerto hasta julio de 1763, cuando fue devuelta a España como parte del Tratado de París (1763). A cambio, España cedió La Florida al Reino Unido.
En San Juan, los ingleses intentaron la misma conquista en 1797 pero fracasaron, la defensa de los puertorriqueños con sus fortificaciones fue siempre impecable. El icono popular de El Morro son las garitas (las casetas de vigilancia), y una en particular alimenta leyendas: la “Garita del Diablo”, citada incluso por el NPS dentro del relato de la expansión defensiva del área. Y arriba del Morro boricua está otro “hito”: el faro, considerado el primero en Puerto Rico (inaugurado en el siglo XIX y reconstruido en 1908), que corona visualmente la fortaleza.
Más allá de la piedra, los cañones y las murallas, El Morro de La Habana y El Morro de San Juan representan una misma herencia histórica militar caribeña: la del Imperio español defendiendo rutas marítimas, puertos estratégicos y territorios insulares que eran claves para el comercio global de su época. Ambos fuertes fueron escuelas de ingeniería militar, disciplina, organización defensiva y adaptación al terreno, símbolos de cómo el Caribe no fue periferia, sino centro geopolítico del mundo atlántico durante siglos. Sus murallas no solo protegían ciudades, también protegían culturas, poblaciones mestizas, criollas, africanas y europeas que se fusionaban en un mismo espacio histórico.
El gran parecido entre ambas fortalezas no es casualidad: es el reflejo de una misma matriz histórica, cultural y humana. Puerto Rico y Cuba no solo comparten arquitectura militar, estrategias defensivas y diseño imperial; comparten sangre, migraciones, tradiciones, lengua, fe, música y memoria.
Los dos Morros miran al mar como guardianes de una misma historia, recordándonos que estas islas no crecieron aisladas, sino entrelazadas como pueblos hermanos, unidos por la misma herencia hispánica, africana y caribeña. En sus piedras vive un mensaje silencioso pero poderoso: Puerto Rico y Cuba son hermanos en la historia y en la raza, en la lucha y en la cultura, en la memoria y en el destino caribeño compartido.
Tomado de: https://www.facebook.com/photo?fbid=1189958889954426&set=a.495603592723296
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