La lógica humana (y la religión moderna) diría que Aarón quedó descalificado en Éxodo 32. Moldeó un ídolo con sus propias manos, guio al pueblo a la apostasía y falló como líder mientras Moisés estaba en el monte.
Según nuestros estándares de "excelencia", Aarón merecía la muerte, no el Efod.
Sin embargo, capítulos después, Dios ordena que sea consagrado para entrar al Lugar Santísimo.
Aquí hay 3 verdades incómodas sobre la Gracia que este hecho nos grita a la cara:
1. La Elección no es un premio al buen comportamiento. Dios no eligió a Aarón porque fuera moralmente superior. Lo eligió por Su soberana voluntad. Si el sacerdocio dependiera de la pureza de Aarón, Israel se habría quedado sin mediador el primer día. Dios no busca "campeones"; Él redime pecadores.
2. La Vestidura cubre la Vergüenza. Para ministrar, Aarón tenía que usar vestiduras sagradas diseñadas por Dios. Sin ellas, moría. Esto es una imagen de la Justicia Imputada: Dios cubrió al idólatra con una santidad que no era suya para que pudiera servir en Su presencia.
3. Tu pasado no anula el llamado de Dios. Muchos cristianos viven paralizados por errores de hace 10 años. Miran sus manos y ven "becerros de oro". Dios mira a Sus elegidos y ve la sangre del Pacto.
La diferencia entre un apóstata y un siervo de Dios no es la ausencia de pecado, es la presencia de un Mediador.
Aarón fue un sacerdote imperfecto que necesitó ser cubierto por sangre. Cristo es el Sacerdote Perfecto cuya sangre nos cubre a nosotros.
Deja de intentar "merecer" tu lugar en el Reino. No puedes. Y esa es la mejor noticia que recibirás hoy.
De la red...
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