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¡Bienvenidos, amigos del blog! Es un placer abrirles las puertas de este espacio que he cultivado desde 2009, un rincón donde convergen mis pasiones por diversas disciplinas humanísticas: las artes, la historiografía, la música, la literatura y la espiritualidad. Con el fin de atesorar, conservar y compartir, recopilo trabajos, obras, escritos y cantos de otros que valoro, y los combino con aportaciones originales que nacen de mi contemplación, estudio, reflexión, arte y creatividad. Para accesar las publicaciones originales debes escribir mi nombre (Chadys) o iniciales (CP) en la barra de búsqueda del blog. Espero puedan disfrutar de este espacio, al igual que disfruto yo al compartirlo con ustedes. También pueden explorar mi música en Spotify y YouTube. Quienes deseen adquirir mis obras literarias y musicales pueden hacerlo a través de su librería preferida, en Amazon, eBay, o contactándome directamente. Gracias por acompañarme en esta saga, un abrazo solidario.

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jueves, 11 de diciembre de 2025

Thomas Midgley Jr. - "El organismo más destructivo de la historia de la Tierra".

 

El hombre que intentó salvar al mundo dos veces, pero terminó convirtiéndose en el "organismo más destructivo de la historia de la Tierra".
Thomas Midgley Jr. nunca quiso ser un villano; de hecho, dedicó su vida a hacer el mundo más eficiente. Ingeniero brillante, amante de la poesía y con más de 170 patentes, solo quería resolver problemas cotidianos. Sin embargo, terminó causando más daño a la atmósfera terrestre que cualquier guerra, volcán o industria combinada.
Su primera "solución" llegó en 1921. Los motores de los autos de la época sufrían de un golpeteo molesto y Midgley descubrió que añadir tetraetilo de plomo a la gasolina eliminaba el ruido y aumentaba la potencia. Aunque él mismo sufrió envenenamiento por plomo durante sus experimentos, la industria automotriz adoptó su invento como un milagro.
Durante décadas, toneladas de partículas de plomo fueron expulsadas al aire, envenenando el desarrollo cerebral de millones de niños en todo el planeta.
​No contento con eso, en 1928 quiso mejorar la refrigeración.
Los refrigeradores usaban gases tóxicos que a veces mataban a las familias mientras dormían, así que Midgley inventó una alternativa segura y no inflamable: los clorofluorocarbonos, o CFCs (Freón). Parecía perfecto, hasta que años después descubrimos que estos gases flotaban hacia la estratosfera y devoraban la capa de ozono, dejándonos expuestos a la radiación solar mortal.
La ironía final de su vida parece escrita por un guionista cruel. A los 51 años, Midgley contrajo polio y quedó paralizado. Usando su ingenio, diseñó un complejo sistema de cuerdas y poleas para poder levantarse de la cama sin ayuda. El 2 de noviembre de 1944, fue hallado muerto, estrangulado por las cuerdas de su propia invención.
El hombre que asfixió al planeta murió asfixiado por su propia máquina, dejándonos una lección eterna: tener buenas intenciones no es lo mismo que tener razón.
Este post fue realizado a partir de McNeill, J. R. - "Something New Under the Sun: An Environmental History of the Twentieth-Century World". Este contenido es informativo y educativo. Elaborado por Universo Sorprendente.

martes, 9 de diciembre de 2025

Piratas, corsarios, bucaneros y filibusteros.

 


Un error que se acostumbra a cometer al hablar de la piratería de los siglos XVI, XVII y XVIII, es poner en el mismo saco a, por ejemplo, Sir Francis Drake y Edward Teach Barbanegra. ¿Qué hubiera pensado el primero, un noble marino leal siervo de la reina Isabel I de Inglaterra, al saber que lo comparaban con el segundo, un sanguinario delincuente del mar? Seguramente, no le hubiera gustado para nada. Esta equivocación tan común proviene de la confusión de términos para designar actos delictivos en el mar, ya que, habitualmente, los términos pirata, corsario, bucanero y filibustero, se utilizan casi como sinónimos. Primero de todo, debemos tener en cuenta que estas cuatro palabras solo se pueden contextualizar a la vez en la historia marítima de América, sobre todo, del Caribe, ya que la piratería del Mediterráneo o del Mar de la China se regía por otros actores. Si bien existían piratas y corsarios, los bucaneros y los filibusteros eran exclusivos de la América Central. A pesar de que estos hombres y muchos de sus contemporáneos, así como los actos que cometieron, se agrupan bajo el gran paraguas que es el término piratería —por ser todos ellos actos de bandolerismo y pillaje a bordo de un navío—, existen diferencias suficientemente significativas entre ellos como para poder distinguirlos.
 
PIRATAS.
Los piratas —cuyo vocablo procede la palabra griega peirates, que no es otra cosa que un aventurero del mar—, son tan antiguos como la navegación. Sin embargo, durante los siglos XVII y XVIII vivieron su época dorada, atacando libremente navíos e instalaciones de las coronas portuguesa y española. Estos ataques, a pesar de que se centraban en las posesiones de estas dos potencias europeas, no tenían detrás un significado nacional, ya que los piratas, procedieran de dónde procedieran, atacaban indiferentemente a cualquier navío que les pudiera dar beneficios en forma de riquezas de todo tipo. Los ejemplos más claros de piratas fueron Edward Teach Barbanegra, Calico Jack Rackham y Bartholomew Roberts Black Bart.
 
CORSARIOS.
Por otro lado, ya desde mucho antes de su aparición en el caribe, existieron los corsarios, para unos delincuentes y para otros héroes nacionales. Los hombres y navíos que eran denominados corsarios, viajaban bajo la protección de una patente de corso —palabra procedente del latín cursus, carrera—, un documento en el que un rey les daba autorización a atacar barcos y enclaves de las potencias enemigas. En este sentido, fue muy habitual, en una América Colonial dominada por castellanos y portugueses, que las coronas de Francia, Inglaterra y Holanda autorizasen a diversos barcos y capitanes atacar las posesiones de las potencias peninsulares. Además de reportar beneficios, se entorpecían las actividades comerciales de los enemigos. Fueron corsarios hombres como Sir Francis Drake, Walter Raleigh o Henry Morgan.
 
FILIBUSTEROS
El origen de esta palabra es muy confusa, hay autores que defienden que proviene de la palabra holandesa vrij buiter —el que captura el botín libremente—, traducida al inglés como free booter y al francés como flibustier. Para otros, en cambio, procede del vocablo holandés vrie boot, que se traduce al inglés como fly boat o embarcación ligera, describiendo el tipo de naves utilizados para cometer sus ataques. Estos hombres, que al principio actuaron por libre atacando naves pequeñas sin alejarse demasiado de la costa, fueron los primeros en convertir la piratería en algo más que un delito, llegando a crear una sociedad filibustera en las costas de Santo Domingo y la Tortuga, llamada la Hermandad de la Costa. Sin embargo, con el paso del tiempo, los gobiernos europeos vieron una utilidad en los filibusteros, y acogieron a muchos para que centrasen sus ataques sobre los territorios enemigos de sus patrocinadores, convirtiéndose en un punto medio entre el pirata y el corsario, pudiendo hablar de piratas domesticados. Seguramente, uno de los filibusteros más conocidos fue Jean David Nau, más conocido como François l’Olonnais, que se convirtió en el terror del Caribe durante casi veinte años.
 
BUCANEROS
Estos hombres, cuyo origen es exclusivamente caribeño, en un principio eran cazadores de reses y cerdos salvajes de las islas. Su nombre viene del procedimiento, de origen indígena, que utilizaban para asar y ahumar la carne, llamado boucan. Esta carne era vendida en la costa a los navíos que ahí recalaban. Al ser perseguidos por las autoridades coloniales en Santo Domingo, principal enclave bucanero, muchos de ellos abandonaron su oficio para convertirse en piratas, como dijo Gosse «de matarifes de reses, se convirtieron en carniceros de hombres«. Tanto por el tipo de ataques, cercanos a la costa, como por su proximidad cronológica y geográfica, muchos bucaneros se fusionaron con los filibusteros, formando las primeras tripulaciones cuyo único fin eran los actos de piratería, llegando a formar parte, también de la Hermandad de la Costa.
 
Eso sí, no eran "gremios" fijos o excluyentes. De hecho, muchos cambiaban según convenía: un bucanero que se convierte en filibustero, un pirata que firma con un rey y pasa a corsario, un filibustero que se sacude el corsé y vuelve al pillaje libre… En la práctica, había una alta tasa de permeabilidad entre los diferentes grupos de bandoleros marinos. Con todo, lo cierto es que los piratas fueron los que sobrevivieron —literaria y culturalmente— a la posteridad. Estos personajes, a pesar de ser delincuentes, rufianes y peligrosos, pasaron de ser diablos a convertirse en héroes románticos, que si bien podían robar y matar, lo hacían para defender su vida en libertad, lejos de los dominios de los grandes monarcas europeos.
 
De la red... 

domingo, 7 de diciembre de 2025

Isabella Bird

El dolor de espalda de Isabella Bird era tan agudo que los médicos victorianos la sentenciaron a una vida confinada en cama. Durante sus primeros 40 años, parecía que tenían razón. En su casa de Inglaterra, su columna "se negaba" a sostenerla. Era una inválida atrapada en la sofocante comodidad de la clase media.
Pero Isabella no estaba enferma del cuerpo; estaba enferma de encierro. Su mente era grande, pero su jaula era pequeña.
Como último recurso, un médico le recetó algo inusual en 1854, una solución simple, pero grandiosa y fue viajar. No como cura, sino como distracción. Y ahí ocurrió el milagro médico que nadie pudo explicar.
En el momento en que Isabella subía a un barco o montaba un caballo, sus síntomas desaparecían. La mujer que no podía estar de pie en su sala, de repente era capaz de cabalgar 800 millas por las Montañas Rocosas de Colorado, escalar volcanes en Hawái y atravesar desiertos en Persia.
A los 40 años, cuando la sociedad esperaba que fuera una "solterona invisible", Isabella se volvió imparable. En las Montañas Rocosas, conoció a forajidos, durmió bajo la nieve y se fabricó su propio traje para montar a caballo como un hombre, desafiando todas las normas de la época.
Su "medicina" era la libertad.
En 1892, se convirtió en la primera mujer aceptada en la prestigiosa Royal Geographical Society de Londres. Los hombres poderosos de la época, como Lord Curzon, la llamaron "un horror", temerosos de una mujer que no necesitaba protección.
Isabella Bird demostró que la supuesta "fragilidad femenina" de la época no era biológica, sino social. Murió en 1904, después de una vida de aventuras, demostrando que a veces, lo único que necesitamos para sanar es que nos dejen ser libres.
Para hacer esta historia, me base en la fuente de Royal Geographical Society de Londres. El contenido es educativo e histórico.

De la red...