En el año 1000, la ciudad más grande, más iluminada y más culta de Europa Occidental no era París ni Roma. Era Córdoba. Para estudiar medicina, filosofía y matemáticas, el mejor destino era el mundo islámico, específicamente la ciudad de Córdoba, capital de un califato islámico (califato Omeya) en suelo hispano, con cientos de baños públicos, 70 bibliotecas y una universidad a la que viajaban estudiantes de todo el continente. Córdoba era un gran centro cultural y científico, o ciudades como Bagdad o El Cairo. Los estudios se realizaban en madrazas (escuelas) o bibliotecas, donde se cultivaba el saber clásico grecolatino y avances científicos propios, alejándose del estancamiento educativo en gran parte de Europa occidental.
Córdoba, el epicentro: tenía 400,000 habitantes cuando París era un pantano. Era la ciudad más avanzada de Europa, con bibliotecas impresionantes y eruditos que dominaban la medicina (siguiendo a Galeno y autores árabes), la filosofía (traducciones de Aristóteles) y las matemáticas (álgebra y geometría).
Bagdad y El Cairo: Los centros de aprendizaje en el califato abasí y fatimí atraían a estudiantes de todo el mundo conocido.
Estudios: No existían "universidades" como tal, sino maestros a quienes los alumnos se acercaban para aprender.
La educación se centraba en la interpretación de textos y la observación, destacando figuras que integraban diversas ciencias. El hombre que se convertiría en Papa Silvestre II cruzó Europa para estudiar allí. Menos de 30 años después, una guerra civil lo destruyó todo. Lo que Europa aprendió en Córdoba fue la base silenciosa del Renacimiento. La historia oficial simplemente decidió no contarlo así.
Referencia y Video: https://www.facebook.com/reel/1545045093226883
en combinación con OpenAI / Google, editado por este servidor.
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