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jueves, 2 de abril de 2026

Cuando el cansancio apaga la fe. - Elías (1 Reyes:19)

 

ELÍAS

 
A veces, las crisis más peligrosas no llegan cuando estás perdiendo…
sino justo después de haber ganado.
Elías venía de ver fuego caer del cielo.
Había derrotado a cientos de falsos profetas.
Había visto a Dios responder como pocos lo han visto.
Era el momento más alto de su fe.
Pero una sola amenaza…
y terminó huyendo.
El hombre que enfrentó multitudes…
ahora le teme a una voz.
Porque hay batallas que no se pelean afuera…
se pelean por dentro.
Caminó al desierto, se sentó bajo una retama
y dijo algo que muchos sienten, pero pocos confiesan:
“Basta ya, Señor…”
No era falta de fe.
Era agotamiento.
Y aquí está lo que muchos no entienden:
Dios no lo reprendió.
No le exigió más fe.
No le dijo: “levántate, eres profeta”.
Dios lo dejó dormir.
Le dio pan.
Le dio agua.
Y lo volvió a dejar descansar.
Antes de tratar su alma…
Dios restauró su cuerpo.
Porque hay temporadas donde lo más espiritual que puedes hacer…
es descansar.
Después, en la cueva…
Dios no vino en el viento,
ni en el terremoto,
ni en el fuego.
Vino en un susurro.
Porque cuando el alma está cansada,
Dios no grita…
Dios susurra.
Y tal vez hoy tú estás ahí…
Cansado.
Sin fuerzas.
Pensando que estás solo.
Pero Dios no se ha ido.
Está en el susurro.
Está en el silencio.
Está en el descanso que no te estás permitiendo.
No te rindas en el valle
por olvidar lo que Dios ya hizo en la montaña.
Tu historia…
todavía no termina.
 
De la red. 

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