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jueves, 2 de abril de 2026

Existen líderes que han dejado de verse como siervos y han comenzado a actuar como dueños de la obra de Dios.

 

Existen líderes que han dejado de verse como siervos y han comenzado a actuar como dueños de la obra de Dios.

La pregunta que Sacerdotes, ancianos y Escribas le hacen a Jesús en Marcos. 11:28 “¿Con qué autoridad haces estas cosas?” no surge del deseo de honrar a Dios, sino del orgullo de quienes sienten que alguien está tocando lo que consideran suyo. En el contexto de la pregunta, Jesús no solo limpió el templo, también expuso corazones que habían convertido la obra de Dios en un territorio personal.

Los sacerdotes, escribas y ancianos no solo administraban el templo, habían llegado a sentirse propietarios de la obra. Pero la Escritura es clara: “De Jehová es la tierra y su plenitud” (Salmo 24:1), y nosotros somos solo administradores (1 Corintios 4:1).

Cuando el liderazgo olvida esto, deja de ser instrumento de Dios y se convierte en un estorbo.
Jesús no se somete a una autoridad corrompida, porque su autoridad viene del Padre. Ahí está la diferencia: la autoridad verdadera no se impone, fluye desde la dependencia de Dios.

Hoy el peligro sigue vigente. Cuando alguien se incomoda por lo que Dios hace fuera de su control, evidencia que ha quitado a Dios del centro. Y donde el hombre gobierna más que la presencia de Dios, la esencia de la iglesia se pierde.

Examina tu corazón: liderar no es poseer, es servir; no es controlar, es rendirse. Porque Dios no respalda el orgullo, pero sí se mueve con poder en la humildad.

De la red.
 

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