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¡Bienvenidos, amigos del blog! Es un placer abrirles las puertas de este espacio que he cultivado desde 2009, un rincón donde convergen mis pasiones por diversas disciplinas humanísticas: las artes, la historiografía, la música, la literatura y la espiritualidad. Con el fin de atesorar, conservar y compartir, recopilo trabajos, obras, escritos y cantos de otros que valoro, y los combino con aportaciones originales que nacen de mi contemplación, estudio, reflexión, arte y creatividad. Para accesar las publicaciones originales debes escribir mi nombre (Chadys) o iniciales (CP) en la barra de búsqueda del blog. Espero puedan disfrutar de este espacio, al igual que disfruto yo al compartirlo con ustedes. También pueden explorar mi música en Spotify y YouTube. Quienes deseen adquirir mis obras literarias y musicales pueden hacerlo a través de su librería preferida, en Amazon, eBay, o contactándome directamente. Gracias por acompañarme en esta saga, un abrazo solidario.

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jueves, 2 de abril de 2026

Cuando el alma deja e buscar y comienza a ser.


Durante gran parte de la vida, el individuo busca. Busca respuestas, sentido, amor, identidad, propósito, transformación. La búsqueda es necesaria. Es el motor que impulsa el proceso de individuación. Sin ella, el alma permanecería dormida.
Pero llega un momento —silencioso, casi imperceptible— en que algo cambia.
El buscador comienza a agotarse.
No por frustración, sino por maduración. Porque ha comprendido, a través de la experiencia, que aquello que buscaba no estaba en un lugar lejano, ni en una versión futura de sí mismo, ni en una revelación extraordinaria.
Siempre estuvo presente.
El buscador, en su intento de encontrar, generaba distancia. Imaginaba que la plenitud estaba “más adelante”, “más profundo”, “más alto”. Pero el Self no habita en el futuro. Habita en lo que es.
Cuando esta comprensión se asienta, la búsqueda cesa naturalmente.
No hay euforia.
No hay proclamación.
Sólo hay una quietud distinta.
El individuo sigue viviendo, actuando, sintiendo, creando… pero ya no desde la carencia, sino desde una forma de plenitud silenciosa. Ya no necesita “llegar” a sí mismo. Se habita.
Esto no significa que desaparezcan los desafíos o los movimientos del alma. La vida continúa. Pero ya no hay esa tensión constante de querer ser otro, de querer alcanzar algo externo para completarse.
El yo deja de correr.
Y el ser simplemente es.
En términos psicológicos, esto no es la anulación del ego, sino su reposicionamiento definitivo. El ego ya no busca dominar el proceso, ni apropiarse de la totalidad. Se ha vuelto transparente frente al Self.
Y en esa transparencia, la vida fluye con una naturalidad que antes parecía inalcanzable.
El camino no desaparece.
Pero deja de ser una carga.
El misterio no se resuelve.
Pero deja de inquietar.
Porque el alma ha comprendido algo esencial:
no hay nada que alcanzar fuera de lo que ya está siendo vivido con conciencia.
Y en ese reconocimiento, la búsqueda se transforma en presencia continua.
No hay llegada final.
Pero tampoco hay extravío.
Sólo hay ser.
 
De la red. 
 

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