A ver, seamos serios. En la Segunda Guerra Mundial se hundieron barcos por torpedos, minas, bombardeos épicos y tormentas de película. Pero lo del U-1206 es de otro nivel. Es la demostración empírica de que, por mucha ingeniería aria y mucho acero Krupp que le pongas al asunto, si no sabes tirar de la cadena, acabas durmiendo con los peces.
Aquí no hubo gloria, solo un manual de instrucciones demasiado gordo y un capitán con una urgencia fisiológica inoportuna.
Los alemanes, siempre tan listos, diseñaron un sistema de retretes de "alta presión". ¿El objetivo? Poder ir al baño mientras el submarino estaba a gran profundidad sin que la presión del mar te devolviera el "regalito". Era una obra maestra de la complicación innecesaria: un laberinto de válvulas y grifos que requería casi un máster en ingeniería hidráulica solo para evacuar un bratwurst. De hecho, la cosa era tan compleja que el submarino llevaba a bordo a un "especialista en retretes" (no es broma, era un tripulante cuya función era supervisar la maniobra).
La leyenda dice que el Capitán Karl-Adolf Schlitt la lio parda al abril la válvula equivocada. Al manipular mal el sistema, el agua del mar entró a raudales. El problema no fue solo mojarse los pies; el drama es que, en un alarde de diseño brillante, las baterías del submarino estaban situadas justo debajo del baño.
1. El agua salada inundó las baterías.
2. Al entrar en contacto con el ácido de las mismas, se produjo una reacción química de manual de primero de carrera.
3. Resultado: Empezó a emanar gas cloro. Sí, ese gas amarillento y venenoso que se cargó a miles en las trincheras de la Gran Guerra.
Básicamente, el U-1206 se convirtió en una cámara de gas autoinfligida por culpa de un muelle flojo y un esfínter con prisa.
Schlitt no tuvo otra opción: o salía a la superficie o morían todos asfixiados entre vapores tóxicos y agua de mar. Al emerger, la aviación británica, que no estaba para bromas, los avistó y los mandó al fondo del mar definitivamente.
Nota para los amantes del drama: El capitán sobrevivió al hundimiento, sobrevivió a la guerra y murió tranquilamente en su cama en 2009. Eso sí, imagino que el resto de su vida se aseguró de leerse las instrucciones de cada váter que usó.
El hundimiento del U-1206 es el ejemplo perfecto de exceso de confianza en el poder de la tecnología: un error de ingeniería soberbio (poner las baterías bajo el baño es como guardar la pólvora junto a la chimenea) combinado con un error humano mundano. A veces, la historia no la escriben los héroes, la escriben los que se olvidan de cerrar la válvula B antes de abrir la A.
Tomado de: https://www.facebook.com/photo/?fbid=1371377621690226&set=a.585074123653917
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