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miércoles, 17 de diciembre de 2025

La prueba Trinity y Barbara Kent.

 


El 16 de julio de 1945, mientras el mundo aún no sabía que la era nuclear estaba a punto de comenzar, un grupo de niñas de trece años acampaba y nadaba tranquilamente en un río cerca de Ruidoso, Nuevo México.
Entre ellas estaba Barbara Kent.
A esa misma hora, a poco más de 300 kilómetros de distancia, el Proyecto Manhattan detonaba la Prueba Trinity, la primera explosión nuclear de la historia. El desierto se iluminó como si fuera de día. La humanidad había cruzado un umbral sin retorno.
Las niñas no lo supieron.
Nadie se lo dijo.
En los días posteriores, jugaron bajo una lluvia fina que caía del cielo. No era lluvia común. Era lluvia radiactiva.
Años después, Barbara comenzó a escuchar noticias inquietantes. Una a una, las chicas con las que había compartido aquel verano enfermaban. Tumores. Cánceres. Muertes prematuras.
Cuando Barbara cumplió treinta años, comprendió algo devastador:
era la única que seguía con vida.
Décadas más tarde, recordaría aquel verano con una frase que hiela la sangre:
“Fui la única superviviente”.
Ella misma desarrolló múltiples enfermedades graves a lo largo de su vida, incluyendo cáncer de endometrio y diversos tipos de cáncer de piel. Vivió más que sus compañeras, pero nunca sin consecuencias.
Lo ocurrido no fue un caso aislado.
Entre 1951 y 1992, Estados Unidos realizó 928 pruebas nucleares en el Sitio de Pruebas de Nevada. Cien de ellas fueron detonaciones atmosféricas. La radiación se desplazó con el viento, alcanzando comunidades enteras que jamás fueron advertidas.
Familias enteras vivieron, trabajaron, filmaron películas y observaron explosiones desde la distancia, sin saber que estaban respirando partículas invisibles que permanecerían en sus cuerpos durante décadas.
Barbara Kent no fue una científica.
No fue una soldado.
No fue parte de ningún experimento.
Era solo una niña nadando en un río.
Y su historia es el recordatorio silencioso de que los grandes avances tecnológicos siempre tienen un costo humano… incluso cuando quienes lo pagan nunca dieron su consentimiento.
La era nuclear comenzó con una explosión.
Pero sus consecuencias siguieron cayendo, lentamente, sobre quienes jamás estuvieron en la sala de control.
 
De la red... 

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