Esta historia, conmemorada en la escultura, ocurrió durante el Asedio de Weinsberg en Alemania en 1140. Tras la rendición de la ciudad al Rey Conrad III, este, con un gesto de relativa clemencia, ofreció un acuerdo inusual.
Se permitiría a las mujeres de la ciudad abandonar la fortaleza, llevando consigo "todo lo que pudieran cargar a sus espaldas".
El resto de los bienes y los hombres serían del rey.
La expectativa del rey era que las mujeres cargarían objetos de valor, joyas o alimentos. Sin embargo, en un acto de amor y lealtad que pasó a la historia, las mujeres salieron del castillo cargando a sus maridos a cuestas.
La Reacción del Rey: Conrad III, conmovido y sorprendido por la astucia y la dedicación de las mujeres, se vio obligado a honrar su palabra. Perdonó a todos los hombres y permitió que la ciudad se fuera libre.
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