Antes de morir, Kennedy dejó frases que hoy suenan demasiado incómodas para el poder.
Una de las más citadas —atribuida a su pensamiento político— decía, en esencia:
> “Es siniestro que un puñado de multimillonarios concentre la riqueza de este país. Lucharé contra eso cuando pueda.”
Y nunca pudo.
Un disparo.
Un culpable oficial: Lee Harvey Oswald.
Un caso cerrado… demasiado rápido.
Kennedy habló de limitar a bancos y élites económicas. Tocó intereses que no perdonan.
Se enfrentó a agencias de inteligencia, rechazó guerras y quiso retirar tropas. Demasiado peligroso en plena Guerra Fría.
Firmó órdenes que cuestionaban el control privado del dinero. Una línea que pocos cruzan… y sobreviven.
Testigos, balas imposibles, documentos clasificados durante décadas.
La versión oficial no convence.
Murió —según muchos— por amenazar el equilibrio real del poder.
Porque en este mundo hay algo claro:
puedes ser presidente…
pero nunca más poderoso que quienes controlan el dinero.
De la red...
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